LA RAZÓN DE LA SINRAZÓN. UN ENSAYO SOBRE LA TONTERÍA

Cada vez encuentro menos argumentos que me animan a poder razonar sobre el comportamiento de esta sociedad, la catalana en su conjunto y, por ende, de su clase dirigente. El “problema catalán” no se ha resuelto y, sin duda, ya podemos certificar que la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución, tal como se planteó, ha sido un fracaso al no conseguir calmar las ansias independentistas. Sin embargo, visto lo vivido, conviene reflexionar que, aunque el pasado no nos va a decir que es lo que vamos a hacer, por el contrario, si nos ha demostrado que es lo que debemos evitar.

Algunos intuimos que la amenaza de ruptura del Estado va aumentando, no por la fortaleza de los separatistas, sino por la debilidad y desunión de los Partidos constitucionalistas que recordemos, tienen como máxima responsabilidad la defensa de su integridad política y territorial. En definitiva, la conspiración para la consecución de un golpe de Estado sigue latente a los ojos de los perplejos ciudadanos que observamos cómo se manipulan instituciones y medios de comunicación en pro de un objetivo, la ruptura con el régimen democrático establecido.

Vemos con resignación que buena parte de la clase política dirigente catalana está fracasando tanto en sus objetivos como en sus métodos, generando una frustración creciente en la ciudadanía de imprevisibles consecuencias. Todo ello alentado por un discurso xenófobo e incendiario del nuevo títere de Puigdemont apoyado por los “progres cuperos”. Este personaje, sencillamente se muestra resuelto a imponer sus opiniones, no quiere dar razones ni quiere tener razón, es lo que alguien denominó La razón de la sin razón. Decía el pensador francés Anatole France que: “Un necio es mucho más funesto que un malvado; porque el malvado descansa algunas veces, el necio jamás”. Todo un ensayo sobre la tontería.

Pienso que estaremos todos y todas de acuerdo que en política no todo vale; por tanto, no se puede ser condescendiente ni darle el mínimo privilegio a alguien que desacredita al menos a una parte de la sociedad y a una institución que tanto ha costado a todos construir. Estamos hoy en día sino lo remediamos como sociedad más cerca de perder la Generalitat que de ganar la independencia.

Los esfuerzos por el dialogo del nuevo ejecutivo socialista deben pues continuar en el sentido integrador y no excluyente. Hoy en día no hay otro camino razonable que seguir porque, compañeros, no debemos olvidar que España se construyó mediante un vasto sistema de incorporación y, en esta, la fuerza tiene un carácter secundario, no esencial. La pregunta entonces que debemos hacernos es ¿Qué puede interesar a esa parte de la sociedad catalana que ha decidido romper lazos con el resto?… La respuesta no es fácil, al menos en este Consell no he encontrado propuestas que alienten una solución a corto plazo. Sin embargo, escuchad lo que dicen al respecto personas que se encontraron en la misma tesitura que nosotros. El poder que verdaderamente impulsa y nutre nuestra nación se basa en un proyecto sugestivo de vida en común, por tanto, debemos rechazar toda interpretación estática de la convivencia nacional y entenderla dinámicamente. Recordemos que no viven juntas las personas porque sí; esa cohesión a priori solo existe en la familia. Los ciudadanos catalanes, españoles, que integramos un Estado, una nación, no convivimos por estar juntos sino para hacer algo juntos; por tanto, sigamos en esta línea.

En Cataluña formamos parte de dos sociedades cada día más separadas, como ha manifestado recientemente el ex presidente Montilla, en que cada una de ellas deja de sentirse a sí misma como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos “oprimidos” por el resto de España, cuando la situación privilegiada de la que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja llega a lo grotesco. Desafortunadamente, cuando parte de una sociedad degenera hasta el punto de caer en un estado de espíritu como el descrito, son inútiles razonamientos y predicación. Su enfermedad consiste precisamente en que no quiere dejarse influir, en que no está dispuesta a la humilde actitud de escuchar. Cuánto más se la quiera adoctrinar, más herméticamente cerrará sus oídos y con mayor violencia pisoteará a los predicadores. Nuestra generación debe hacer frente a los retos que cíclicamente nos envuelve en la confrontación y el desánimo y nos exige de nuevo defender los intereses de esta sociedad que algunos quieren fragmentar. Es necesario por lo tanto que superemos con optimismo la “conllevancia” llevada hasta ahora entre las dos formas de pensar y sin ninguna solución final. Debemos recuperar la llamada “opinión pública”, pues es la fuerza radical que en nuestra sociedad produce el fenómeno de mandar, en definitiva, gobernar. Ese es el camino que debemos seguir y no aquel que describió perfectamente Tayllerand cuando indicó a Napoleón: “Con las bayonetas, sire, se puede hacer todo menos una cosa: sentarse sobre ellas”. Gobernar no es gesto de arrebatar el poder, sino tranquilo ejercicio de él.

Llegados a este punto creo que, si la sociedad catalana en su conjunto quiere corregir su suerte y lanzarse de nuevo a una ascensión histórica, tiene que cortar en lo más hondo de sí misma esa radical perversión de los instintos sociales. Debemos superar el particularismo que genera aquel estado de espíritu en que creemos no tener por qué contar con los demás, unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, otras por excesivo menosprecio del prójimo. Es ahí donde perdemos la noción de nuestros propios límites y comenzamos a sentirnos como todos, independientes. Cataluña y España en su conjunto se formarán y vivirán de tener un programa para mañana: un objetivo común.         No es necesario, ni importante, que las partes de un todo social coincidan en sus deseos y sus ideas; lo necesario y sustancial es que tanto los catalanes que quieren romper, como los que queremos convivir conjuntamente, en cierto modo vivamos las inquietudes de unos y de otros. En 1992 tuvimos la experiencia de la que estoy hablando. Las Olimpiadas en Barcelona tuvieron éxito porque todos, ambas sociedades, teníamos un objetivo común y por eso tenía que salir bien. Por el contrario, la pérdida de la capitalidad de la Agencia Europea del Medicamento en Barcelona, así como el dudoso éxito de los recientes juegos del Mediterráneo celebrados en Tarragona nos ha demostrado lo inverso. Busquemos todos, la clase política los primeros, nuevos objetivos que interesen a todos en su conjunto y de nuevo seremos grandes como sociedad y como individuos. Esta es nuestra propuesta.

sábado, 14 de Julio del 2018

Eduardo Valencia Hernán, Doctor en Historia y miembro de Ágora Socialista.

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El día de mañana. Una solución al problema catalán

No piensen ustedes, queridos lectores, que lo que van a encontrar a continuación hace referencia a situaciones e ideas catastrofistas con referencias bíblicas que se ciernen sobre Cataluña. Simplemente trato de corroborar la constante involución política que sufrimos con una sociedad rota y cada vez más dividida entre buenos y malos, entre “indepes” o “españolistas”, según a quien se pregunte.

En Cataluña se gobierna con el amparo del Gobierno de la Nación desde octubre del 2017 bajo los auspicios del artículo 155 de la Constitución Española con el objetivo de preservar el statu quo legal y civil en España. En todo este tiempo, hemos visto de todo, hasta llegar a hacer el ridículo según palabras de un antiguo expresidente de la Generalitat. Incluso, hemos contemplado situaciones que rozan lo esperpéntico. Así pues, nos encontramos de nuevo, tras ocho agotadores meses, en la casilla de salida y en manos de un colectivo minoritario anarco nacionalista que ha decidido que la amargura, el desaliento y la “mala leche” deben continuar entre nosotros. Si señores, todo se ha resuelto en una reunión asamblearia de la CUP en un pueblo histórico de la provincia de Lleida, Cervera. Un municipio de la Cataluña profunda, que no solo es conocido como el lugar donde nació nuestro ídolo actual, Marc Márquez, sino como una de las ciudades que optaron con aliarse con el Rey Felipe V en la tan denostada Guerra de Sucesión Española. Casualidades de la historia.

La propuesta es nombrar o no a un gobernante títere, según sus propias reflexiones. Un diputado del Parlament de Catalunya que hasta hoy la mayoría de nosotros no conocíamos ni su nombre, y que su único mérito, que no es poco, dado los tiempos que corren, es ofrecer su lealtad y vasallaje al príncipe destronado por un rey borbón. Eso sí, con la jubilación perpetua como prebenda ¿Verdad que suena a alucinante? De momento no hay solución, solo queda esperar. Por eso, mientras tanto, prefiero ser más productivo y positivo en la búsqueda de una solución que nos indique la salida a este bucle enfermizo que nos agota.

Sin duda, todos estamos de acuerdo en que el “problema catalán” sigue vigente y que el artículo 155 de la Constitución, tal como se planteó, no ha sido suficiente como era de esperar para calmar las ansias independentistas. Es más, la crispación se va transformando en grosería, vía tuits, etc., ante la indiferencia de las partes beligerantes en el Parlament que ya ni se hablan ni se entienden.

Por otro lado, el Gobierno de la Nación sigue encallado en no arriesgar en su acción política encubriéndose con una justificación judicial que ya no da más de sí y con la aquiescencia de una débil oposición preocupada más por sus problemas internos que no por ir todos juntos con un mensaje unitario de lealtad al Estado y a la ciudadanía que les refrenda. En conclusión, la intervención del Estado en la Generalitat ha sido un fracaso más bien por su “proporcionalidad” que no por su legalidad. Mientras tanto, el Gobierno, como si de un juego se tratara, está por la labor de renunciar a su máxima responsabilidad institucional accediendo a los caprichos y el chantaje de las minorías nacionalistas para conseguir la aprobación de los presupuestos del Estado.

Algunos intuimos que la amenaza de ruptura del Estado va aumentando, no por la fortaleza de los nacionalistas, sino por la debilidad de los Partidos Constitucionalistas que tienen como máxima responsabilidad la defensa de su integridad política y territorial. En definitiva, la conspiración para la consecución de un golpe de Estado sigue latente a los ojos de los perplejos ciudadanos que observamos cómo se manipulan instituciones y medios de comunicación en pro de un objetivo, la ruptura con el régimen democrático establecido.

Vemos con resignación que la clase política catalana ha fracasado tanto en sus objetivos como en sus métodos, generando una frustración en la ciudadanía de imprevisibles consecuencias. El discurso incendiario del nuevo títere de Puigdemont apoyado por los “cuperos” ha colmado el vaso de mí paciencia. Creo que en política no todo vale, por tanto, no se puede ser condescendiente ni darle el mínimo privilegio a alguien que desacredita al menos a una parte de la sociedad y a una institución que tanto ha costado a todos construir. Lo de Molt Honorable se gana, no se otorga. Ya lo dijo Felipe González. “Están más cerca de perder la Generalitat que de ganar la independencia”. No obstante, y a la espera del día de mañana, no debemos olvidar que España se construyó mediante un vasto sistema de incorporación y, en esta, la fuerza tiene un carácter secundario, no esencial. El poder que verdaderamente impulsa y nutre nuestra nación se basa en un proyecto sugestivo de vida en común, por tanto, debemos rechazar toda interpretación estática de la convivencia nacional y entenderla dinámicamente. Recordemos que no viven juntas las personas porque sí; esa cohesión a priori solo existe en la familia. Los ciudadanos que integran un Estado, una nación, no conviven por estar juntos sino para hacer algo juntos; por tanto, sigamos en esta línea.

El concepto de España como nación no se hizo desde dentro, sino desde fuera. Solo una acertada política internacional, política de magnas empresas, hizo posible una fecunda política interior. Así pues, la unidad española creada hace cinco siglos, fue el resultado de la unificación de las dos grandes políticas internacionales que a la sazón había en la península, la Corona de Castilla y la de Aragón. Por lo tanto, fue hecha para intentarla.

Ahora, en pleno Siglo XXI parece que volvemos de nuevo a lo que Ortega y Gasset denominó como “particularismo” que es la manifestación más acusada del estado de descomposición social en que nos encontramos. Dos sociedades cada día más separadas, como ha manifestado recientemente el expresidente Montilla, en que cada una de ellas deja de sentirse a sí misma como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos “oprimidos” por el resto de España, cuando la situación privilegiada de la que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja llega a lo grotesco. No obstante, a quien le interese no tanto, juzgar a las gentes, como entenderlas, debería importarle más notar que ese sentimiento para ellos es sincero, por muy injustificado e irracional que sea. Se trata de algo puramente relativo, veamos. El hombre condenado a vivir con una mujer a quien no ama siente las caricias de esta como un irritante roce de cadenas. Así, aquel sentimiento de opresión, injustificado en cuanto pretende reflejar una situación objetiva, es síntoma verídico del estado subjetivo en que Cataluña y el País Vasco se hallan. Si esto lo hemos llegado a entender, entonces debemos llegar a la conclusión de que quien desee que España entre en un periodo de consolidación, deberá contar con los demás y aunar fuerzas. Desafortunadamente, cuando parte de una sociedad degenera hasta el punto de caer en un estado de espíritu como el descrito, son inútiles razonamientos y predicación. Su enfermedad consiste precisamente en que no quiere dejarse influir, en que no está dispuesta a la humilde actitud de escuchar. Cuánto más se la quiera adoctrinar, más herméticamente cerrará sus oídos y con mayor violencia pisoteará a los predicadores. Entramos en una etapa donde la ausencia de los mejores (políticos, economistas, filósofos) o, cuando menos, su escasez, actúa sobre toda nuestra historia e impide que seamos nunca una nación suficientemente normal, como lo han sido las demás nacidas de similares condiciones.

Nuestra generación debe hacer frente a los retos que cíclicamente nos envuelve en la confrontación y el desánimo y nos exige de nuevo defender los intereses de esta sociedad que algunos quieren fragmentar. Es necesario por lo tanto que superemos con optimismo la “conllevancia” llevada hasta ahora entre las dos formas de pensar y sin ninguna solución final.

Llegados a este punto creo que si la sociedad catalana en su conjunto quiere corregir su suerte y lanzarse de nuevo a una ascensión histórica, tiene que cortar en lo más hondo de sí misma esa radical perversión de los instintos sociales. Debemos superar el particularismo que genera aquel estado de espíritu en que creemos no tener por qué contar con los demás, unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, otras por excesivo menosprecio del prójimo. Es ahí donde perdemos la noción de nuestros propios límites y comenzamos a sentirnos como todos, independientes. Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana: un objetivo común. No es necesario, ni importante, que las partes de un todo social coincidan en sus deseos y sus ideas; lo necesario y sustancial es que tanto los catalanes que quieren romper, como los que queremos convivir conjuntamente, en cierto modo vivamos las inquietudes de unos y de otros. En 1992 tuvimos la experiencia de la que estoy hablando. Las Olimpiadas en Barcelona tuvieron éxito porque todos, ambas sociedades, teníamos un objetivo común y por eso tenía que salir bien. Por el contrario, la pérdida de la capitalidad de la Agencia Europea del Medicamento en Barcelona nos ha demostrado lo inverso. Busquemos entonces nuevos objetivos que interesen a todos en su conjunto y de nuevo seremos grandes como sociedad y como individuos.

Mayo del  2018

Eduardo Valencia. Doctor en Historia Contemporánea y miembro del Consell Nacional del PSC.

Diciembre 21. Del frío solsticio catalán a una apuesta por la esperanza

El ritmo es imparable, casi agotador. Tras un verano lleno de incertidumbres sobre el futuro de Cataluña; por fin, el miércoles 6 de septiembre, el gobierno catalán, títere de la ANC, se decide a dar el paso definitivo en su camino a ninguna parte aprobando las dos leyes de desconexión con el estado de derecho y con la Constitución española. En definitiva, un golpe de estado encubierto. A partir de entonces todos hemos padecido en algún modo el síndrome provocado por la incertidumbre y el descontrol social marcados por el simulacro de “referéndum” del 1 de octubre pasado y la DUI un mes más tarde. Un gélido cambio de ciclo en la política catalana y española. Seguir leyendo Diciembre 21. Del frío solsticio catalán a una apuesta por la esperanza

GOLPE DE ESTADO ” A LA CATALANA”

El miércoles 6 de septiembre del 2017, un día infame para la sociedad catalana, y por ende para la española, pudimos ver en primicia informativa la culminación de un ciclo conspirativo de un movimiento secesionista que se constituyó a finales de los años sesenta y culminó su primera fase en la década posterior. Me estoy refiriendo a la entonces llamada Assemblea de Catalunya, hoy denominada Asamblea Nacional de Catalunya. Por fin, la burguesía catalana predominante durante décadas, insertada también en los ambientes más progresistas de la izquierda catalanista, ante el peligro de su extinción hegemónica, ha dado el paso definitivo, según ellos, sin retorno. Por fin aquel movimiento de liberación socio-político en su lucha contra el franquismo que siempre será recordado por aquella frase tal célebre de: “Llibertat, Amnistía, Estatut de Autonomía” nos ha mostrado el verdadero objetivo de una buena parte de su dirección: romper con España y ser hegemónicos bajo una nueva bandera. Seguir leyendo GOLPE DE ESTADO ” A LA CATALANA”

Borrell: En Cataluña hay un golpe de estado de un régimen neodictatorial

Borrell, el socialista más lúcido: “En Cataluña hay un golpe de Estado de un régimen neodictatorial” / El artículo 155 de la Constitución (la suspensión de la autonomía) “tampoco es la bomba atómica”: de hecho, su aplicación lleva varios años de retraso en Cataluña por la cobardía política, siempre mirando los votos y no la defensa de la democracia y la ley común de los españoles / “Alemania, Francia o Estados Unidos prohíben en sus constituciones la autodeterminación. En España, al menos, se puede reformar la Constitución: en esos países se prohíbe tajantemente revisar la indivisibilidad de esos Estados. Pero el procés ha conseguido asimilar España con el franquismo y que la democracia española parezca menos sólida que otras, cuando el golpe de Estado lo da un Gobierno que introduce la ley del referéndum saltándose a la torera todas las normas, sin garantías” / “Los distintos Gobiernos españoles de los últimos años comparten una pésima estrategia de comunicación y una falta de sensibilidad enorme. El optimismo antropológico de uno [Zapatero] y el pasotismo del siguiente [Rajoy] han dejado al Gobierno en una situación complicada” / “La mitad de la población catalana tiene un relato, con una ética y una estética muy marcada, con los medios de comunicación públicos al servicio de un régimen neodictatorial y muchos medios privados seriamente influidos por la narrativa dominante. La otra mitad no tiene relato, y ha renunciado a expresarse. La sociedad catalana no ha estado a la altura” | España | EL PAÍS

 

Un millar de intelectuales y artistas firman un manifiesto contra el referéndum del 1-O

¡¡¡¡¡¡¡¡¡ESPECTACULAR LA CANTIDAD DE GENTE CONOCIDA QUE SE HA MOJADO!!!!!!!

Califican esa cita como una estafa democrática y llaman a la ciudadanía a no participar. Aseguran que carece de transparencia y se ha aprobado de manera unilateral. Entre los firmantes se encuentran escritores como Javier Marías o Juan Marsé y artistas como Miguel Ríos o Rosa Maria Sardá. El manifiesto aparece como publicidad en un diario nacional y ha sido pagado por quienes le secundan, la mayoría de ellos conocidos por sus posiciones de izquierda

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Ágora Socialista ante la encrucijada del nuevo PSC-PSOE “catalanista”

El 21 de Mayo del 2017 será recordado por muchos socialistas como el día en que resurgió el poder del militante de base. Los tres candidatos en disputa, Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, pusieron sus propuestas de futuro a valoración de los militantes del Partido. El resultado fue el esperado para algunos y sorprendente para otros. Pedro Sánchez ganó con más del 50% de los votos. Una victoria indiscutible.

Tras los primeros recuentos, surgen las primeras declaraciones a través de los medios de comunicación, “el militante se ha expresado en libertad, ahora toca unirnos todos bajo nuestro Secretario General”. También se realimentan los inevitables chistes y vejaciones sobre los candidatos perdedores, algo inevitable que impregna a la condición humana y que se acrecienta si el objetivo hace referencia a otro sexo; y eso que no paramos de insistir en nuestro carácter progresista y feminista. El día siguiente, los medios de comunicación, las tertulias, etc., inundan el éter de noticias provocadoras buscando carnaza y enfrentamiento donde no lo hay; eso sí, confirmando en su mayoría el fin de una era socialista, la que surgió en Suresnes en 1974, arrastrando con cierta crueldad no solo a los históricos ganadores de ese evento, sino a la historia que representaron.

Ahora es tiempo de calma, solo queda conocer el resultado de las propuestas renovadoras que servirán para dar el pistoletazo de salida y, finalizado el envite, vuelta a empezar con el reloj a cero. De momento seguimos donde estábamos hace un año con dos ligeras variaciones; el cambio del “no es no” por el de “si es si”, algo hemos ganado; y por otro lado, el nuevo enfoque a la llamada izquierda popular protagonizada por Podemos. Solo queda por demostrar que dirá el votante socialista ante esta nueva coyuntura y, si esta “Primavera Roja” impactará en la sociedad española,… pronto lo veremos. Sin embargo, desde Ágora Socialista vemos con optimismo la nueva actitud de los nuevos dirigentes uniendo esfuerzos mediante debates conjuntos de sus Ejecutivas, buscando nuevas oportunidades de encauzar el problema político y social en Cataluña. La Declaración de Barcelona es muestra de ello. A este respecto y como conclusión de este documento me permito repetir dos estrofas del escritor peruano afincado en Barcelona Santiago Roncangliolo que he encontrado en el libro del compañero Josep Borrell… ya saben… Los cuentos y las cuentas del independentismo.:

“Durante décadas, su bilingüismo perfecto ha sido la señal de una sociedad culta, orgullosa de si misma y dialogante a la vez. La protección del catalán en la educación fue un ejemplo para las lenguas autóctonas americanas, antes de convertirse en todo lo contrario: un esfuerzo por borrar al otro.

Basados en un elevado concepto de su propio cosmopolitismo, los nacionalistas están construyendo una sociedad más provinciana. Por enormes que sean sus banderas en plazas y estadios. Por fuerte que griten en catalán e inglés. Por muchas embajadas que quieran abrir. Su único proyecto cultural es precipitar a Cataluña orgullosamente hacia la irrelevancia.”

Eduardo Valencia, Presidente de Ágora Socialista, Julio del 2017.

Primavera roja. El final de la cuenta atrás

El 21 de Mayo del 2017 será recordado por muchos socialistas como el día en que resurgió el poder del militante de base. Los tres candidatos en disputa, Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, pusieron sus propuestas de futuro a valoración de los militantes del Partido. El resultado fue el esperado para algunos y sorprendente para otros. Pedro Sánchez ganó con más del 50% de los votos; Susana no pudo llegar al 40%; y Patxi, el candidato bisagra, como algunos le llamaban, se quedó con el 10% restante.

Tras los primeros recuentos, surgen las primeras declaraciones a través de los medios de comunicación, “el militante se ha expresado en libertad, ahora toca unirnos todos bajo nuestro Secretario General”. También se realimentan los inevitables chistes y vejaciones sobre los candidatos perdedores, algo inevitable que impregna a la condición humana y que se acrecienta si el objetivo hace referencia a otro sexo; y eso que no paramos de insistir en nuestro carácter progresista y feminista. El día siguiente, los medios de comunicación, las tertulias, etc., inundan el éter de noticias provocadoras buscando carnaza y enfrentamiento donde no lo hay; eso sí, confirmando en su mayoría el fin de una era socialista, la que surgió en Suresnes en 1974, arrastrando con cierta crueldad no solo a los históricos ganadores de ese evento, sino a la historia que representaron.

Ahora toca hacer balance, y por qué no, analizar el significado del voto en las urnas. Pronto los politólogos de turno decidirán qué decantó al votante por una opción u otra. Quizás fue el victimismo impregnado en parte de la militancia por la renuncia de Pedro Sánchez en Octubre pasado a la Secretaría General tras dos derrotas electorales, culpando al “aparato” por ello; o porque simplemente el Partido, su militancia, se ha radicalizado a la izquierda. Tengo dudas de todo tipo, incluso si existió la famosa llamada del diputado convergente Homs al portavoz del PNV confirmando un acuerdo de gobierno a espaldas del Comité Federal. El tiempo nos lo dirá.

Por otro lado, una de las cuestiones que me sorprende es el posicionamiento de unidad que se produce nada más acabar una votación y, de inmediato, la vuelta a la competición por conseguir la mayoría de delegados para participar en el Congreso de un bando o de otro. Ahora es tiempo de calma, solo queda conocer el resultado de las propuestas renovadoras que servirán para dar el pistoletazo de salida y, finalizado el envite, vuelta a empezar con el reloj a cero.

De momento seguimos donde estábamos hace un año con dos ligeras variaciones; el cambio del “no es no” por el de “si es si”, algo hemos ganado; y por otro lado, el nuevo enfoque a la llamada izquierda popular protagonizada por Podemos. Solo queda por demostrar que dirá el votante socialista ante la radicalización del Partido, si esta “Primavera Roja” impactará en la sociedad española, pronto lo veremos. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. Estas “Primarias” me ha permitido certificar que sigue habiendo esperanza en este Partido y que la herencia de Carmen Chacón en Cataluña sigue indemne con Susana Díaz, aunque sea desde Sevilla. Personalmente no me siento perdedor, por fortuna he podido experimentar con sus discursos y su talante personal ese “halo” de lenguaje socialista que casi creía extinguido y con el que me siento identificado. Para mí, el final de la cuenta atrás ha llegado, tengo esperanza de que el socialismo en España vuelva a ser hegemónico y, mientras tanto, tú a gobernar España y los “intocables” a aguantar lo que haga falta, salud.

Eduardo Valencia, Presidente de Ágora Socialista, Junio del 2017.

Susana Díaz obtiene 6.000 avales más que Pedro Sánchez

Los resultados definitivos se han ido publicando a partir de las 7 de la tarde después de un minucioso conteo. Los datos son aclaratorios:

Susana: 59.390 avales.

Pedro: 53.117 avales.

Patxi: 10.866 avales.

Si los números son correctos la victoria de Susana Díaz es indiscutible; sin embargo, depende de donde se recoja la información parece que el segundo candidato en votos haya sido el ganador. Parece que la experiencia de ir perdiendo elección tras elección en los últimos años, siguiendo la tónica del “no es no”, ha calado en el electorado socialista hasta el punto de convertir las derrotas en éxitos incontestables.

El titular de hoy en El Periódico de Catalunya esconde la victoria real de Susana bajo la frase” Pedro Sánchez arrolla a Susana en número de avales en Cataluña”. Los datos son ciertos, 6.058 avales contra los 974 de Susana, pero el mensaje es manipulador y favorable a los intereses soberanistas. Si nos fijamos un poco en el reparto de avales nos daremos cuenta que la candidatura de Sánchez gana con holgura en los territorios donde los socialistas hace tiempo, mucho tiempo, que no gobernamos. Desde Ágora Socialista seguimos apostando por la candidatura ganadora de Susana y nos rebelamos ante la apatía de solo aspirar a ser segundones o conseguir victorias pírricas. El 21 de mayo saldremos de dudas, no por quién ha ganado, sino por si ha merecido la pena tanto esfuerzo en flagelarnos ante la mirada de nuestros competidores ideológicos. Ágora Socialista.

http://politica.elpais.com/politica/2017/05/04/actualidad/1493879429_838798.html

 

PSC. Seguimos mirándonos el ombligo

Quedan prácticamente 3 días para que finalice el plazo de presentación de avales de las candidaturas a la Secretaria general del PSOE. Finalmente, la Comisión Gestora ha publicado el censo de militantes acreditados y con derecho a voto. Después del pacto firmado entre los dos Partidos hermanos, prácticamente seremos 14.000 votantes del PSC con participación; o sea, no llegamos al 8% del cómputo global si se confirma que somos más de 180.000 los votantes en todo el Estado. En Cataluña llevamos casi un mes de campaña y, si no cambia la cosa, empieza a apercibirse de nuevo aquella rivalidad que sufrimos en la anterior campaña Parlón-Iceta. Una sensación que no augura nada bueno. La diferencia esta vez es que hemos dejado de ser el centro de atención en la comunidad socialista. No llegamos al 10% del computo global y, sin embargo, actuamos como si fuéramos el ombligo del mundo. Pronto llegará el momento de tener que asumir si queremos ser o participar como la “cola del León nacional” o apostar por la “cabeza del ratón regional”.