En un país con muchos derechos, pero con pocos deberes

Todos hemos visto, algunos en directo y otros en diferido, lo que el ser humano es capaz de hacer cuando su modus operandi es actuar en grupo, sostenido por una serie de consignas que alientan a la lucha, en base a no sé qué emoción o sentimiento compartido. Todo en el nombre de una tierra, que ya no es tal, y de una cultura que se nos impone, a una parte de la población, a base de novelas de caballería o tergiversando la Historia. Vamos a dejarlo ahí.

Contemplamos, algunos con tristeza, los que vivimos aquí; y otros con perplejidad, los que viven en el resto de la España visigótica, que es como nos definía el honorable señor Pujol, el principio o quizás el final, Dios lo quiera, de un esperpento intelectual que dura ya más de un siglo.

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