Carta abierta a una mente cerrada

  • ANTONIO ROBLES en una nueva muestra de su rechazo al fascismo nazionalista.
  • Miércoles, 3.08.2016¿Qué impulsa a una persona a despreciar a su vecino, valiéndose de los peores instrumentos del clasismo? Seguramente infinitos rencores y carencias. O quizás la más pura y dura ignorancia.

    Me refiero a la carta que ha dirigido la indepe catalana, Carmen Rodríguez contra la dirigente de Ciudadanos Inés Arrimadas, bajo un título chabacano: “Carta oberta a Inés Arrambada”.

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    Podríamos pasarla por alto como tantos otros desprecios transparentes y líquidos que hemos soportado del catalanismo político a lo largo de estos últimos 36 años. Pero sería imprudente ignorarlos cuando comienzan a coger masa, a solidificarse y mostrar toda su dureza públicamente y sin reparo alguno. En esta carta infame, están recogidos todos los topicazos sobre una España vaga, pobre, zafia y rancia que tanto necesitan para justificar la exclusión, el desprecio y la reducción de la sociedad catalana a su catecismo nacionalista.

    No hay párrafo que no sea ofensivo, que no deforme la realidad, pero a la vez, que no desnude a la intransigente. Mostraré cada párrafo de la carta para dar cumplida réplica, respetando incluso sus propios subrayados, aunque recomiendo que antes de esta lectura, la hagan de la carta entera linkada en el segundo párrafo:

    Ya apunta modales desde el titular; aprovecha la cacofonía sugerente de su apellido Arrimadas, con el de Arrambada aprovechando su relación amorosa con un català com cal, para denigrarla con soez machismo. Y los concreta en el propio saludo con un cínico: “Bienvenida, o no”.

    El tópico es ridículo. No puede separar a un andaluz de un jornalero quebrado por la miseria del olivar

    Continua: “Sé que la vida t’ha donat molt. D´un pare policia i una mare amorosa va sortir una nena consentida que, en lloc de batollar oliveres al seu Jaén natal, va anar a parar al Parlament d’un país que no era el seu i a lluitar contra la voluntat democràtica de la majoria d’aquell poble”.

    Enseguida expone las credenciales de su padre segura de que en su atmósfera catalanista se descifrarán como despreciables: es hija de policía. Importa poco que también sea abogado, y menos aún, que con el andar del tiempo abra despacho y ejerza como tal, lo que importa es mostrar el perfil que la parroquia catalanista desprecia. A la madre, sin embargo, no le otorga más valor que el atributo de “amorosa”. La mujer reducida a un único atributo, el más clásico y machista. Detalle que deja al descubierto el valor que da a la mujer. Y con tales premisas hace el primer juicio de valor absolutamente infundado: es una “niña consentida”. ¿Por qué? Porque en lugar de varear aceituna en su Jaén natal, tuvo el capricho de venir a ocupar un escaño que no le correspondía, en un país que no era el suyo, en contra de la voluntad democrática de un pueblo al que no pertenecía.

    El tópico es ridículo. No puede separar a un andaluz de un jornalero quebrado por la miseria del olivar. No puede concebir otro andaluz, distinto al desgraciado que emigra a Cataluña para espantar el hambre que arrastra de siglos. Llueve sobre mojado, ese relato lo había impuesto muchos años antes Jordi Pujol en el libro La inmigración, problema y esperanza de Cataluña (1958 y 1976):  “El hombre andaluz es un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años pasa hambre y vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual”.

    El desprecio se transmite por empatía, también se enseña y se construye. El objetivo es colonizar conciencias y fomentar supremacismos. Aunque Carmen Rodríguez no lo sepa, solo respira el aire contaminado que los sumos sacerdotes del catalanismo han ido vareando como lluvia fina desde las escuelas, campamentos de verano, actividades lúdicas y religiosas, identificaciones deportivas con clubs criptonacionalistas como el Barça, disciplinas como el rugby, collas de castellets, casalls, asociaciones de padres, de vecinos… y medios afines subvencionados.

    De haberse molestado en abrir Google sabría que nació en Jerez, Cádiz. No en Jaén

    Ni siquiera ha tenido la deferencia de abrir Google y mirar el perfil de su Wikipedia. De haberlo hecho sabría que nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, un 3 de junio de 1981. No en Jaén. Se saltó también la indepe, que la chica estudió Derecho, que trabajó en la empresa privada, y solo después, disponiendo libremente de los derechos que la ciudadanía española le otorga, se trasladó y se afincó en Cataluña por razones laborales. En uso de aquellos derechos se presentó a unas elecciones democráticas en las que 734. 910 ciudadanos catalanes tuvieron la deferencia de votarle. Obviando todo eso, la convierte en extranjera en su país, la tilda de okupa en un Parlamento de un Estado inexistente y la acusa de invadirlo contra la voluntad democrática de un pueblo que considera propio y exclusivo.

    En una palabra, se apropia, junto a los suyos, de Cataluña como si fueran los “amos de la masia”, y la potestad para exigir al grito de “Nosaltres sols”, la propiedad en exclusiva. El exabrupto “nosotros solos”, en estas tierras se camufla, se dulcifica, pierde su faceta excluyente tras conceptos políticos homologados como el catalanismo, el nacionalismo, y últimamente, el independentismo. En Europa lo defiende la ultraderecha sin ocultarse tras las zarandajas del derecho a decidir y todas esas enaguas superpuestas para ocultar el alma fascista que anida detrás.

    No contenta con las alambradas, le echa en cara el éxito cosechado y sus malas artes para arramblarse al hereu de familia bien: “I tha anat molt bé. Tens diners, surts a “les teles”, inclús thas fet amb un nuvi català “pel que pugui pasar” al teu país (que la misèria és molt fotuda)”.

    Clasismo y desprecio a partes iguales. La minyona se ha casado con el hereu de familia bien…, por si acaso. La mala pécoramuertadehambre no quiere volver a pasar miseria y se asegura la vida dando un braguetazo en casa bien. No es más carca porque aún no es independiente.

    Y sigue: “Les teves idees són respectables, encara que em costa d’entendre-les; però la teva actitud de paràsit, de cranc ermità, allò de “a tu casa vendrán y de ella te echarán”, estaràs amb mi que és molt patètica i molt antiga. L’època de les colònies i la esclavitud ja ha passat, filleta”.

    Menos mal que respeta sus ideas… Un vídeo de Youtube colgado por ella misma en su propio Facebook para afear las contradicciones de Pablo Iglesias, nos servirá ahora para remarcar las suyas.

    Le faltó recordar aquellas ratas radiofónicas tan apreciadas en los orígenes de las matanzas de Hutus y Tutsis

    Incapaz de percibir sus propias contradicciones, vomita veneno contra la diputada: parásito, cangrejo ermitaño… y la cantinela clasista preferida por el catalanismo más rancio: “A tu casa vendrán y de ella te echarán”. Le faltó recordar a las ratas, aquellas ratas radiofónicas tan apreciadas en los orígenes de las matanzas de Hutus y Tutsis.

    No contenta con la cantinela, tiene la desfachatez de recordarle, que Cataluña ya no es una colonia ni los catalanes esclavos. Es una lástima que ignore, que los únicos esclavos que han existido en Cataluña fueron obra de negreros catalanes del siglo XIX. Se lucraron con el tráfico de esclavos con destino a las Antillas, que a menudo varaban en barcos frente a las costas del Maresme, cerca de Barcelona, sin llegar a puerto para evitar el hedor que despedían sus lamentables condiciones de hacinamiento. O sea, los abuelos negreros de algunos de los más ilustres  amos de la masía que hoy nos llaman colonos.

    “A mi sempre m’han ensenyat (i jo ho he fet amb el meu fill) a ser agraïda amb qui t’acull, a ser respectuosa amb la llengua, creences i costums locals, a fer-me al lloc on vaig, no que el lloc es faci a mi. I això que quan he viatjat ho he fet com a turista que es deixa els quartos, no com a emigrant que cerca feina… Però de porc i de senyor se n’ha de venir de mena. Oi que m’entens?”

    Este párrafo, aparentemente respetuoso, es posiblemente el peor de todos, pues desvela la autoconvicción de que Cataluña son ellos, los auténticos catalanes, los veladores de una identidad, única, grande y libre, eternamente en peligro, cercada por enemigos enviados por la España franquista para acabar con ella. Fuera de ese pueblo elegido catalán, solo hay charnegos, colonos españoles y gentes muertas de hambre, que han venido a destruir Cataluña. Así de cutre es la imagen que tiene la señora y respiran hoy tantos catalanistas. No concibe al inmigrante pobre en busca de trabajo. A juzgar por su ejemplo, solo admite al turista que deja su dinero y se va. Como busque un poco en su pasado tendrá serios problemas para no expulsarse a sí misma. Sin darse cuenta, agrede a la única identidad que tiene Cataluña: la diversidad. Como España, como el resto del mundo.

    ¿O pretende que abandone por completo su lengua materna para considerarla integrada? Empecinada en ese error, ni siquiera repara en la disposición de Inés Arrimadas para aprender catalán, antes incluso de llegar a Cataluña. Empezó a estudiarlo en su Andalucía natal. Y, como cualquiera ha podido constatar, con provecho, pues a menudo utiliza la lengua catalana con soltura y naturalidad. ¿O pretende que abandone por completo su lengua materna para  considerarla integrada? La pregunta es retórica, ningún esfuerzo es suficiente si no te conviertes a la fe verdadera. ¿O acaso a Albert Boadella, Josep Plà o a Vidal Quadrasles ha servido de algo dominar la lengua y tener apellidos adecuados?

    La excluye, incluso, del derecho a ascender en la escala social por su origen con un refrán del más puro clasismo: “De porc i de senyor se n’ha de venir de mena” (El cochino y el señor, de casta han de ser los dos). Aún no se ha apercibido de que vivimos en un Estado social y democrático de derecho que consagra la educación pública y universal para que cualquier niño, independientemente de su origen, pueda estudiar y lograr cualquier meta. La cuna sigue siendo una ventaja –desgraciadamente- pero ya no es una referencia moral ni una costumbre respetada. El clasismo que rezuma es obsceno.

    “Sempre t’he vist somrient, com una presentadora de la tele-botiga de les matinades caspanyoles, encara que parlessis en tó emprenyat. I això era perquè estaves convençuda de què jugaves en l’equip guanyador, que tot era arribar i moldre”.

    Vaya, parece que a la señora Carmen Rodríguez no le acaba de gustar que la chica sonría. Lo ve como una impostura, propio de gente frívola seguidora de programas casposos de TVE para marujas. Su afán de ridiculizarla, de empequeñecerla huele a evitar la competencia en la venta de simpatías que se atribuye en exclusiva su revoluciò dels sonriures. Hasta fuerza una foto para cambiar su cara de ángel por el de una bruja enfurruñada.

    “Ai, Inesita, que poc coneixes la història i el caràcter català… Si haguessis estat una nena “aplicada” hauries estudiat més a fons allà on et ficaves, en lloc d’empassar-te les historietes franquistes de’n Pemán i cia que parlaven del Cid Campeador i els reis catòlics”.

    El apellido Rodriguez la podría emparentar con el Cid Campeador

    Como no podía ser de otra manera, la fundamentación de “su” nación conlleva la negación de cualquier otra. Los Reyes Católicos, el Cid Campeador, etc. son infundios para negar la nación catalana. Un clásico desde parvulario, que todo niño catalán ha de pasar como se pasa el sarampión. Tiene gracia que desconozca que el patronímico genitivo español, el sufijo ez (hijo de), de su apellido Rodríguez le podría emparentar con el Cid Campeador (Rodrigo Díaz de Vivar) ese mito que tanto desprecia. Ez (hijo de), en este caso, hijo de Rodrigo. Ni siquiera puede buscar excepciones en la lengua catalana, pues ninguna lengua latina, a excepción del castellano, posee este sufijo ez. Ella, que tanto valor da a la etnia, a la cuna, a la tribu, tampoco tiene limpieza de sangre. ¡Qué patético es todo cuando se lleva al esperpento!

    “I, és clar, ara te’n adones que el soufflé no baixa ni que el punxin, que cada cop som més i que els nostres representants van de veritat. Veus que se us n’ha anat de les mans, que el teu partit no guanya allà i que perd suports aquí. Que la bicoca se t’ha acabat i que aviat tindràs que tornar a batollar oliveres (o el que sigui) rodejada de toros i castanyoles, de “arte i de “rebujito”. I això et fot. T’entenc”.

    En este párrafo se viene arriba con dos momentos estelares y el recurso al tópico como broche. Una vez más. De haberlos analizado Adler, sin duda hubiera colegido que esa impostura provocada por un manifiesto complejo de superioridad solo era la tapadera del complejo de inferioridad arrastrado históricamente por el catalanismo. Con esas ínfulas le recuerda a la pobrecita,  que el ejército de la ANC está a punto de alcanzar sus últimos objetivos: “Cautivo y desarmado el ejército de colones españoles, las tropas Nacionales han alcanzado todos sus objetivos étnicos. La ocupación charnega ha terminado”. Y le aclara las consecuencias que tendrá para ella y los suyos con sutiles indirectas: el vivir del cuento a costa de los catalanes se ha acabado. Y con los brazos en jarra y muy ufana, la manda de nuevo al olivar a varear miserias, rodeada de toros, rebujitos y sevillanas. El desprecio, la mofa, la supremacía a costumbres de quienes considera inferiores. ¿Qué se pensará esta buena señora que es Andalucía? Hasta un turista japonés tiene un sentido de la realidad de España menos folklórica. Si no fuera ridículo, su condescendía final, sería materia ineludible de psiquiatras. Hace muchos años, tuve una alumna que se enorgullecía de haber ido a Madrid con sus padres a su pesar, y logró no pisar suelo facha negándose a salir del coche.

    “Però, nena, controla’t, perquè aquesta escena d’avui  al Parlament de Catalunya et tancarà les portes de qualsevol “tele-botiga” que es preï. Has demostrat que l’únic que semblava que sabies fer bé, que era aguantar el somriure, tampoc ho saps fer bé perquè, quan se’t contradiu, agafes una rebequeria pròpia d’una nena de tres anys. Aprèn a aguantar les frustracions, creu-me, perquè  a aquest pas, cap tele caspanyola et contractarà, i en quatre dies se’t faran malbé les mans amb l’esforç de batollar oliveres, sense que hi puguis fer res…

     

    ¡Qué empeño tiene la señora con mandar a la pobre Inés a varear olivares! Debería saber que no hay árbol más generoso en el Mediterráneo que el olivo. Nos acompaña desde los primeros asentamientos griegos, la cuna de nuestra cultura. Desde entonces es uno de los frutos más saludables de nuestra dieta y el componente imprescindible para condimentar nuestro genuino pa amb tomàquet. Habría de saber que las cimas onduladas de Jaén son un hermoso paisaje de olivares interminables, sustento y vida de miles de familias y orgullo de una de los mejores aceites del mundo.

    También aquí, paisaje del mismo Mediterráneo, viven miles de payeses de su fruto. La aceituna arbequina es imprescindible en la cultura de la restauración. Así que, señora Rodríguez, “no muerda la mano que le da de comer”, como diría usted con ese deje xenófobo que no le abandona en toda la carta.

    Al fin la última bravuconada ofensiva: “Jo de tu, marxaria a Jerez (o a MadriZ) tan aviat com pugués per estalviar-te més disgustos. Perquè ara va de bo, Inesita. Ara va de bo!”

    O sea, la recomendación de todo matón mafioso que se precie: Yo que tú, marcharía a Jerez. La estrella de David cosida en la solapa de los judíos tenía la misma función social, recordarles que ellos no eran alemanes, recordarles su condición sospechosa, amedrentarles hasta aceptar su inferioridad.

    CONCLUSIÓN: No crean que esta “Carta infame a Inés Arrambada” es cosa genuina del fet diferencial català. En realidad, es un modelo universal de racismo. De racismo cultural con tintes clasistas, xenófobos, supremacistas, machistas, incluso con cierta envidia malsana ante la belleza ajena. Toda la basura que se vierte contra “la cucaracha de Cs”, no es privativa, ni exclusiva del catalanismo, sino profundamente universal, compartida por lo peor de la humanidad a lo largo y ancho de los tiempos. Otra cosa es que la indepe Carmen Rodríguez ignore la vulgaridad de su comportamiento y el alcance fétido de su hedor.

    De esa pocilga venimos, de ella nos libraron los valores, la solidaridad, la Ilustración, el Estado de derecho, los derechos humanos, y en general, el progreso ético de la humanidad. Nos libraron solo en parte, como vemos.

    Afortunadamente, la señora Carmen Rodríguez Roquet-Jalmar no es Cataluña. Ni ella, ni los suyos. Son solo una parte. Y aunque fueran la mayoría, jamás lograrían tener razón.  Afortunadamente también para usted, señora Rodríguez, su fracaso moral, es a la postre lo que le salvaría. Porque, aunque no haya reparado, su apellido la acabaría por delatar. Tarde o temprano.

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