¿Ser monolingües? Vale, pero todos.

El Colectivo Koiné ha publicado un manifiesto* que propone la oficialidad única del catalán en la futura República Catalana. Lo firman tropecientos filólogos –muchos de ellos, compañeros míos de la época de trinchera, qué tiempos- y su lectura me ha dejado con un sabor de boca ácido-amargo, como de cosa del tiempo de Maricastaña, un tiempo épico y tierno. Cosas que me sugiere el texto:

1.- Está claro que la lengua en Cataluña es sobre todo política y modelo de sociedad. Los lingüistas cuando firman ese manifiesto no son lingüistas, son nacionalistas. La lengua en Cataluña es el síntoma, no es la herida. La lengua es la coartada para lo que llaman “la nació”, y que yo traduzco por la hegemonía social de una etnia sobre otra. No hay que leer este manifiesto en términos científicos, como “la voz de la filología”, sino políticos, como el delirio de unos cuantos hipernacionalistas.

2.- Su obsesión de base –y de ahí salen todas sus tesis alucinantes- es el “territori”. Para ellos el catalán es la lengua del territorio, no la de sus habitantes. En los años 70 se decía que, aunque en la Cataluña del futuro solo llegase a haber un 10% de catalanohablantes, la lengua de Cataluña, la verdadera, la única, continuaría siendo el catalán. El primero de los firmantes actuales, Joaquim Arenas, interpretaba el derecho a la lengua materna en el sentido no de la madre física, sino de “la Mare Terra”. Lo tiene escrito y publicado. Este señor, con esos mimbres tan sólidos, fue quien montó toda la inmersión lingüística en las escuelas. Según él la “lengua verdadera” de los niños era el catalán, aunque no lo supieran, aunque tuvieran que aprenderlo fuera de casa. No la lengua de su padre y su madre, sino la de la madre tierra: la Pachamama.

3.- El nombre del grupo ya es significativo: koiné es común, en griego. La tesis es que más allá de la lengua de origen de cada cual, lo relevante es la lengua común, y esa debe ser el catalán. Juraría que cuando otros académicos, esta vez de la RAE, hicieron el “manifiesto por la lengua común”, todos los firmantes de este otro saltaron escandalizados. Pero el castellano es “más común” en España que el catalán en Cataluña. De entrada, los castellanohablantes nativos son mayoría en España (un 80%), y en cambio los hablantes nativos de catalán en Cataluña son minoría: un 31%. Otra vez la paja del ojo ajeno y la viga del propio…

4.- En su intento de legitimar la supremacía del catalán sobre el castellano, se han sacado otro título: lengua endógena, o sea nacida dentro, que sale de las entrañas mismas de Cataluña. El castellano es exógena. Señores, todas las lenguas vienen de fuera, en un siglo u otro. Porque las lenguas están en los cerebros, en cada individuo. No en las montañas, ni en los ríos. Yo lo tengo claro: todas las lenguas de los catalanes son catalanas.  Y aún diría más: son igualmente catalanas.

5.- ¿Quieren proclamar el monolingüismo? Vale, pero de todos. Los castellanohablantes también monolingües. Con lo cual ¿qué consiguen? Que el catalán pierda de golpe 3,500.000 hablantes. Los monolingües catalanohablantes no llegan a dos millones. Reconózcanlo: el catalán se sostiene porque lo adoptamos los castellanohablantes. El bilingüismo le da vida. El sueño monolingüe de los “koinés” es contraproducente: sería la puntilla del catalán. Se suele decir en las escuelas que “el bilingüisme és la mort del català”. Quizá sí. Pero el monolingüismo es peor: es el suicidio.

 

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