José García Domínguez en ABC> 5/4/2015: Obituario del PSC

El PSC, malabarismo táctico alumbrado a toda prisa cuando la Transición, fue un invento llamado a durar mientras en Cataluña rigiese el derecho a no decidir… Cuentan y a media voz los avisados que Susana Díaz, la Dama de Hierro de la Bética cuyo triunfal advenimiento todos esperan en Ferraz, tiene decidido ya un entierro de tercera para el PSC. De tercera, que otro al parecer no merece. Cuando la cosa sea, lo único seguro es que nadie llorará en el sepelio.

El PSC, malabarismo táctico alumbrado a toda prisa cuando la Transición, fue un invento llamado a durar mientras en Cataluña rigiese el derecho a no decidir. Y es que la ambigüedad identitaria siempre fue la genuina razón de ser de aquel matrimonio de conveniencia entre la izquierda española y la progresía catalanista, extraña pareja de circunstancias en la que nunca hubo amor. Por eso su imparable caída en barrena tras el inicio de la excursión a Ítaca patrocinada por Mas y la Esquerra. Nadie se extrañe, pues, que del todopoderoso PSC no quede más que una docena de alcaldes del Bajo Llobregat aterrados ante el destino apocalíptico que les augura el CIS. Una docena de alcaldes de pueblo haciendo las maletas. Pocos finales más tristes.

Con esa esquizofrenia crónica tan suya que ha terminado por llevarlo a la tumba, el PSC encarnó a la vez el gran éxito y el gran fracaso del catalanismo político tras la recuperación de la normalidad democrática. El gran éxito porque, a diferencia de lo que sucediera en el País Vasco, aquí la cultura del catalanismo logró monopolizar por entero el discurso público. Extramuros del mínimo común denominador catalanista no quedó otro espacio que el de la marginalidad testimonial. Y el gran fracaso porque la tarea encomendada al PSC tras el óbito del PSUC, esto es la readscripción nacional de los descendientes de la gran inmigración de los sesenta, nunca se logró. He ahí la razón de que la fractura civil larvada que hoy vive Cataluña haya tenido su traducción política primera en el desmoronamiento electoral de los socialistas. El último en salir de Nicaragua que apague la luz.

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