1714, Diario del año de la peste: Querido Nacionalismo…

… Hemos crecido juntos. En cierto sentido, tú y yo hemos estado juntos toda la vida. En un sentido más profundo, sin embargo, nunca hemos estado juntos. He intentado decepcionarte unas cien veces. Pero la sutileza no funciona para ti, Nacionalismo. No quiero hacerte daño. Pero Nacionalismo, tú me haces daño constantemente. La única manera de autoprotegerme, me temo, es decirte cómo me siento, alto y claro… Sé que nací dentro de tus fronteras nacionales. Pero no te quiero, Nacionalismo. Ni siquiera me gustas. No quiero “solidaridad patriótica” contigo. Quiero que me dejes en paz. Deja de actuar como si yo fuera tuyo. Deja de llamarme. No quiero estar contigo. El mero hecho de que no haya huido del país no convierte mi “No” en un “Sí”.
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