Toni Bolaño en Crónica Global, 20/10/2013: Cataluña Libre

“Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Este era el inicio de una iconográfica canción del fallecido Labordeta. El nacionalismo la ha copiado para explicar las bondades de una Cataluña independiente en la que todo serán maravillas pero que, sobre todo, en el lenguaje grandilocuente y fatuo del nacionalismo, será libre. El problema es lo que se entiende por libertad.  En este nuevo mundo que se presenta en bandeja de plata las desgracias del presente pasarán a la historia de la pérfida España y dejarán Cataluña por siempre jamás. El paro desaparecerá por arte de magia. Podremos pagar las pensiones porque tendremos dinero a espuertas. De hecho, los catalanes tendremos una mayor esperanza de vida y el cáncer se explicará en las escuelas como una enfermedad del pasado porque quien enferme sanará. Haremos conciertos retro por la libertad en el estadio del Barça, que será siendo el equipo mundial de referencia porque las ligas del mundo querrán contar con él en su plantel. Europa se plegará a nuestras exigencias con luz y taquígrafos y las empresas estadounidenses nos pondrán como ejemplo.

En la nueva Cataluña libre no tendremos censura. Todas las expresiones culturales tendrán cabida previa consulta con las autoridades. Nos ahorraremos los sofocos actuales de no dar permisos. El control previo evitará veleidades de artistas que pretendan publicitar su acto con imágenes de un hombre con un parche en el ojo. Las películas se podrán rodar por doquier una vez superados los controles que velan por la salud de las piedras.

En las mesitas de noche de nuestras casas, un libro siempre estará presente: 2014, el año de la libertad. Lo confundirán con 1984 de Orwell pero nada más lejos de la realidad

Todo el mundo será libre para elogiar la figura del líder. Hasta los maestros del transfuguismo tendrán su espacio. No importa que hayan sido de ERC para abandonar el partido manteniendo las actas de diputado y concejal. No importa que luego hayan hecho arrumacos con el maragallismo si al final han visto la luz. Incluso podrán dirigirse al presidente como Artur, si lo hacen con admiración. Seguirán teniendo sus tribunas en diarios catalanes que velarán por los intrusismos del adversario, que como todo el mundo sabe es un predemócrata, cuando no fascista.

Las subvenciones serán un derecho para todo aquel que ayude a construir la patria. Tendrán sus espacios en las televisiones para criticar a todo aquel que ose poner en cuestión el culto a la personalidad del líder. Podrán decir lo que se les antoje porque seremos libres y poner sobre la mesa aquello de “usted no sabe con quién está hablando” cuando un agente le recrimine que su coche está mal aparcado. Seremos libres para criticar, sin piedad si puede ser, a todo el que dude de una decisión. Y lo más de lo más, se asistirá a los actos no para escuchar los discursos, sino para aclamarlos en un exponente más de la libertad. Eso sí, el presidente de la Cataluña libre podrá clausurar todos los actos, como un ejemplo de dignidad.

Los críos de la Cataluña libre podrán ir a la Festa dels Súpers de la televisión pública. La Assemblea Nacional Catalana organizará juegos y fiestas entre esteladas, la bandera de la libertad, y hablar en TV3 sobre lo bien que viven, porque son libres. Antes de ir a la fiesta, se acercarán al Museo de Historia y comprarán la camiseta del momento que lleva grabado el “vull viure lluire”, un eslogan que pone en evidencia la necesidad de pasar página a los duros años de la opresión de la democracia española. Del franquismo mejor no hablamos. Recordaremos a Martín de Riquer como un gran filósofo y escritor y pondremos sordina a que fue el autor del himno requeté. ¡Un catalán nunca haría esto!

En los hoteles, en las mesitas de noche de nuestras casas, un libro siempre estará presente: 2014, el año de la libertad. Algunos lo confundirán con 1984 de George Orwell pero nada más lejos de la realidad. El Hermano Mayor no es el Gobierno autonómico. Es sólo una casualidad. Las diferencias son insalvables. ¿O no? ¿Quién no puede creer en un futuro mejor con estos elementos? O está ciego, o simplemente piensa.

Anuncios