“Tomo nota”, por Isidro Carpio (*) en El Debat de 27/8/2013

 

  ISIDRO                            La situación en la que nos encontramos, motivada por la ambición de unos cuantos y las políticas neoliberales de otros, la tendremos que recordar para cuando los de siempre pretendan renovar sus actas de diputados y senadores o quieran ganar unas elecciones para seguir medrando desde un gobierno mantenido desde la mentira.  

Creo que los ciudadanos deberíamos tomar nota o, lo que es lo mismo, tener la memoria fresca cuando ante nosotros se presente la oportunidad de tomar decisiones importantes que a la postre afectarán a nuestras vidas. Nuestra decisión debería ser objeto de reflexión, sobre las vivencias y el conocimiento que tenemos sobre lo que se va a decidir. El no hacerlo así supondría que nuestra decisión es fruto de la amnesia y no de la reflexión.

Dicho esto, las elecciones generales llegarán, y esta amnesia podría ser interpretada como el perdón a todos los atropellos cometidos por el Partido Popular, sacando este conclusiones de que su legitimidad esta renovada. Y eso no es así, ni en política, ni en otros menesteres de la vida; hay que tener memoria, no en el sentido de venganza, sino para que no confundamos al zafio con el intelectual y al corrupto con el honesto.

La situación en la que nos encontramos, motivada por la ambición de unos cuantos y las políticas neoliberales de otros, la tendremos que recordar para cuando los de siempre pretendan renovar sus actas de diputados y senadores o quieran ganar unas elecciones para seguir medrando desde un gobierno mantenido desde la mentira.

Claro que sí, los ciudadanos tenemos nuestras responsabilidades, por eso es importante que nuestra memoria no nos juegue una mala pasada, y si no somos capaces de ordenar nuestros pensamientos en el tiempo deberemos hacer caso al personaje creado por Jaime de Armiñan llamado Juncal, al que daba vida un magnífico Francisco Rabal, que cuando alguien le hacia un recuerdo, un reproche o una sugerencia de mal gusto, automáticamente le decía “tomo nota”, lo que automáticamente se convertía en un “me doy por informado”, “no me olvidaré”, dado que en aquel momento no estaba en condiciones de contestar.

Hoy posiblemente los ciudadanos no estemos en condiciones de contestar a nuestro Gobierno, pero sí somos conscientes de que hemos sido engañados. La falta de leyes que permitan la participación en el control de la gestión de un Gobierno déspota, autoritario y sin escrúpulos, que ha hecho de este país un país de hambruna, liquidando el estado del bienestar, nos lo impide.

La no aplicación de las disposiciones legales sobre transparencia sencillamente por el hecho de tener una mayoría absoluta da al traste sistemáticamente con cualquier iniciativa parlamentaria de la oposición. Últimamente hemos visto el hecho deplorable de que el presidente del Gobierno tenga que ser llevado a rastras, ante su negativa de acudir a la sede de la soberanía nacional, para dar explicaciones de la situación de corrupción que afecta directamente al Partido Popular, que le sustenta como presidente, pero su soberbia le lleve a hablar de lo que le dé la gana y no de aquello para lo que fue convocado.

La oposición de esta manera se topa una y otra vez con la pared de esa mayoría absoluta, quedando sus iniciativas como una mera situación testimonial. Esto no es excusa para no realizar otras iniciativas que aglutinen el malestar de la ciudadanía, movilizándola como repulsa a las políticas del gobierno. Somos conocedores de las dificultades que esto entraña por la criminalización que efectúa el Gobierno del derecho a manifestarse, envalentonándose este y con ello la falta de cambio de políticas de regeneración de la vida pública.

 “Tomemos nota”, nuestro tiempo llegará. En ese momento, en que debamos ejercer nuestro derecho de voto, entonces sí, ya que no podemos ahora, los debemos echar del poder sin ningún tipo de contemplaciones o eximentes. Hemos de recuperar para el progreso los avances usurpados, derogando leyes como la de la reforma laboral, la de enseñanza, la de la amnistía fiscal, el restablecimiento de la sanidad pública u otras como las leyes de dependencia.

Una vez recuperado el poder a través de la urnas, será preciso modificar la constitución, no solo el art. 135, que nos hace esclavos pagadores de todas aquellas deudas contraídas por políticos negligentes y empresarios sin escrúpulos, sino en el sentido de garantizar el estado del bienestar en la propia Constitución, para que nadie en el futuro tenga la tentación de comerciar con la soberanía de nuestro pueblo ni con el estado del bienestar.

Si en mi anterior artículo “La puesta en escena cambiará en los próximos días” vaticinaba un cambio de discurso por parte del Gobierno, este como el fiel pasar de las horas, ha acudido rápido y veloz, ya tenemos al primer pregonero el señor de Guindos que nos anuncia una leve mejoría de las previsiones económicas, “las previsiones enviadas a Europa sobre el paro que fueron del 27,1 por ciento se verán aminoradas en una decima porcentual”, “España ha recuperado cinco mil millones de euros por los efectos positivos derivados de la aplicación de la reforma laboral y la bajada de la prima de riesgo”.

A este tipo de tergiversación de la realidad me refería en el artículo antes mencionado, de vender los efectos perversos de sus políticas de empleo como un logro. Pero si ya lo nefasto es que hayamos alcanzado un 27% de desempleo, lo que supone más de seis millones de personas sin empleo y sin posibilidad de ser empleadas, esta cuota es superior a la Portugal o Grecia.

Esta leve mejoría, por otro lado es tradicional y estacional, como siempre ha pasado en verano, pero así se pretende trasmitir la bondad de sus políticas, para que cale en los sentimientos de los ciudadanos y comiencen a pensar que este gobierno no lo hace tan mal. Este cinismo o si lo prefieren maquinismo, es la base del nuevo discurso de este gobierno, teoría Marhuenda, de este tipo de argumentación es ferviente defensor el fascismo ilustrado.

No solo los ciudadanos tenemos que “tomar nota”, como hacía el personaje de Jaime de Armiñan, sino que también tenemos que hacer propio aquello que decía Juncal a su amigo “Búfalo”: “La situación no es que sea tensa, es que está insondable”.

Así que “tomen notan” nuestros gobernantes, pero esta vez desde la acepción del término de seguir el ejemplo, de aquellos que tuvieron la dignidad de dimitir aunque en los casos que voy a referir no estuvieran imputados en causa alguna, de entre ellos nos referiremos a Antoni Asunción Hernández, Mariano Fernández Bermejo, que lo hicieron por asumir responsabilidades políticas.

Como todo el mundo sabe Antoni Asunción dimitió por la fuga del preso Luis Roldan, dada la significancia del hecho, asumió sus responsabilidades políticas como ministro de Interior del Gobierno de Felipe González y dimitió. No fue por ordenar cargas policiales contra manifestantes indefensos que ejercían su derecho de manifestación. Mariano Fernández Bermejo, ministro de Justicia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, asumió sus responsabilidades políticas por participar en una cacería en compañía del juez Baltasar Garzón sin tener la preceptiva licencia de la Comunidad Autónoma donde se desarrollaba la misma. Por aquel entonces se iniciaban los prolegómenos del caso Gürtel que afectaba a miembros del PP. No dimitió porque un hijo suyo perteneciente a un despacho de abogados obtuviera un indulto para uno de sus defendidos.

(*) Isidro Carpio es Vicepresidente de Ágora Socialista