Antonio Miguel Carmona: La España federal

… mientras más de seis millones de ciudadanos se desmoralizan en la cola del desempleo, una parte de la dirección socialista esté más preocupada de diseñar una España federal cuya definición, digo, está aún por publicar… más de seis millones de ciudadanos se desmoralizan en la cola del desempleo… uno de cada cuatro ancianos sufre desnutrición… más de dos millones de niños viven en España bajo el umbral de la pobreza

 Diario Progresista 16/8/2013 

  El día que sepa qué es la España federal prometo escribir sobre ello de forma tan profusa como apasionada. En un momento en la historia de España en el que el grado de descentralización de sus territorios sólo es superado por Canadá y por Australia, la indefinida España federal no es lo que más le preocupa a los españoles.

Me intranquiliza que, mientras más de seis millones de ciudadanos se desmoralizan en la cola del desempleo, una parte de la dirección socialista esté más preocupada de diseñar una España federal cuya definición, digo, está aún por publicar.

Me desvela que cuando uno de cada cuatro ancianos sufre desnutrición en España, una de nuestras máximas inquietudes sea la de encajar la relación entre los socialistas de España y los de Cataluña.

Me desasosiega leer más de un informe que revela que más de dos millones de niños viven en España bajo el umbral de la pobreza y derrochemos horas y argumentos para decidir si la presidencia del Senado debe ser rotatoria, giratoria o circulatoria.

Me aflige pensar que nuestro país tiene inmensas potencialidades, siempre que seamos capaces de devolver a sus ciudadanos su propia autonomía, y, sin embargo, estemos pensando más en Cataluña que en los catalanes, en cómo debe ser España que en cómo quieren ser los españoles.

Por eso me preocupa que, mientras suben los impuestos a los trabajadores y a las clases medias, y recortan los gastos destinados a los dependientes y a los menos favorecidos, nosotros estemos a por uvas debatiendo las características de los racimos o de las cepas.

Me duele entonces que, ni en el Gobierno, ni en la oposición, el orden de prioridades no sea el mismo que el que desvela todas las noches a los españoles. Porque el día que pensemos como el resto de los peatones y contribuyentes, el día que tengamos las mismas prioridades que ellos, entonces volveremos a ser nosotros mismos.

Me inquieta que ésta sea una época en la que los hombres y las mujeres públicos traten de ser importantes antes que útiles. Verdaderos expertos en colocar la diana por donde pasa la flecha, profesionales del debate y el disenso.

Prometo que algún día me interesará saber cómo España ha llegado a ser el país más descentralizado del mundo, tras Australia y Canadá, conocer el secreto último del papel del Senado en el mundo de los mortales.

Pero de momento me desasosiega creer que no estamos a la altura de los tiempos, en la medida de lo posible con la estatura adecuada para dar respuesta a los problemas que afligen a los españoles. Que nuestras prioridades no son las de los demás y, créanme, ni siquiera son las de nosotros mismos, con los españoles pensando en cómo salir adelante.

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