El desembarco del PSOE en Cataluña, única alternativa al PSC.

 No se comprende, bajo la luz del farol socialista, o simplemente  de sentido común tanta condescendencia, cuando no paciencia con los que quieren que el PSC sea una copia de CDC. Pero sí se entiende si se mira bajo el prisma nacionalista de la derecha. Y es ahí donde queda Navarro inmovilizado, tratando de contentar a aqueos y troyanos. El resultado es que la formación que encabeza sigue paralizada, entendiendo como tal, para los intereses populares, no para la burguesía, que se frota las manos.

Ubaldo Plaza en el Blog La Chispa   

   Navarro, al que en principio no hay por qué negarle la voluntad de solucionar el problema, sigue prisionero de sus propios demonios nacionalistas, que lo atormentan, por más que quiera disimularlo. Y no ha sido capaz, por esos mismos tormentos psicológicos, de tomar cartas en el asunto y despejar la pesadilla que provoca tener que convivir con los contrincantes nacionalistas de su partido, que lo asfixia, y si persisten lo liquidarán, para mayor gloria de la derecha convergente, hoy más ultra que nunca.

  No se comprende, bajo la luz del farol socialista, o simplemente  de sentido común tanta condescendencia, cuando no paciencia con los que quieren que el PSC sea una copia de CDC. Pero sí se entiende si se mira bajo el prisma nacionalista de la derecha. Y es ahí donde queda Navarro inmovilizado, tratando de contentar a aqueos y troyanos. El resultado es que la formación que encabeza sigue paralizada, entendiendo como tal, para los intereses populares, no para la burguesía, que se frota las manos.   

   Y Cuando Navarro se entrevista con Rubalcaba, se tiene la impresión de que en lugar de ser él, el que encabeza el sector mayoritario, es decir, el socialista, para entendernos, lo hace en nombre de sus adversarios nacionalistas del partido, poniendo encima de la mesa de negociaciones cuestiones que sabe no pueden ser aceptadas por un partido socialista, por descafeinado que éste esté, por disparatado, aceptando postulados de la derecha nacionalista, que  ha llevado al PSC al lugar en que se encuentra.

  Y Rubalcaba, carente de autoridad para tomar decisiones –y posiblemente por falta de voluntad política por desconocimiento de la verdadera faz reaccionaria del nacionalismo–, porque los socialistas de toda España parecen estar escarmentados del “victimismo” de sus, al menos por ahora, compañeros del PSC. “Victimismo” que tantos réditos ha reportado a la derecha catalana –no a los ciudadanos catalanes–, por la falta de decisión de todos los gobiernos de España, ante todo tipo de chantaje. Y esos “compañeros socialistas”, parece que han llegado a la lógica conclusión, que intentar calmar a la fiera nacionalista, por muy “compañeros” que se digan, dándole carnaza, al final acaba tragándose o escupiéndoles a la cara. Y han decidido plantarse. Y siguen embarrancados.

   Porque la solución, como ya hemos apuntado aquí en alguna ocasión, no pasa por negociar nada con nadie al respecto, para que PSOE sea el partido socialista en toda España. Y “la solución federalista” así, sin más, improvisada, carece de sentido, y no es creíble. Y lo que deben hacer,  pensamos, es que el PSOE debe decirle por cortesía a Navarro que se van a instalar en Cataluña como partido. Y que invitan a los socialistas catalanes, tanto a los del PSC como a los que no lo son –que a estas alturas son mayoría, sobre todo votantes que los abandonaron, precisamente por su persistencia en copiar a la derecha convergente– para que se integren en el partido, si lo desean. Nada más.

   Estamos seguros que esto tendría una rápida respuesta de esa masa de socialistas que andan desorientados, desperdigados y  con deseo de “desmontillarse”, en asociaciones, plataformas y todo tipo de intentos de “crear algo útil en favor del socialismo”, que los libere de las pesadas cargas de los nacionalistas que  ha inmovilizado hasta ahora al PSC.

   Esto tendría la inmediata clarificación de la posturas, toda vez que los actuales dirigentes del PSC tendrían que pronunciarse, tomar partido, o arriesgarse a desaparecer con mayor celeridad que ahora.

  Y sería beneficioso por varias razones: Los socialistas o socialdemócratas, tendrían un punto de referencia, alejado de ese batiburrillo de la indefinición, en que, dependiendo con quién se hable, “es más nacionalista que socialista”. O simplemente nacionalista. Pero que unos y otros tiran para su bando. Y los que son socialistas se ven  en la necesidad, a su pesar, de defender lo que no creen, es decir, lo mismo que la derecha convergente, al fin y al cabo, aunque lo nieguen en público.

   El aterrizaje orgánico del PSOE tendría la virtud de revulsivo entre los votantes que desde hace tiempo han abandonado al PSC (no olvidemos que el PSOE ha ganado siempre las elecciones generales, salvo la última vez por el caos del zapaterato; y que cuando ha ocultado al PSOE las ha perdido todas), además de que Ciutadans crecería, pero, no a costa del voto socialista, entre otros, como sucede ahora, por el abandono del PSC.

   Además, muchos votantes que no siendo entusiastas de los socialista por sus políticas, ante la desaparición de hecho de la izquierda catalana, apuntada al desvarío patriotero de la derecha, se verían inclinados a votarles como mal menor, visto que los iniciativos se han convertido en la cuarta pata de la mesa nacionalista, ayudando a Artur Mas a ocultar su desastrosa gestión, y afán privatizadora, además de la corrupción que rodea a su partido, CDC, en lugar de preocuparles EXCLUSIVAMENTE, como formación que se dice de izquierdas, de la lucha políticas en defensa de las capas populares, hoy ya excluidas de la sociedad, y va a peor, organizándolas para combatir las privatizaciones. En lugar de empujar el carro de la peor derecha posible, en Cataluña.

  De inmediato, los nacionalistas del PSC volverían a la que moralmente es su casa –de hecho algunos ya volvieron a la mínima oferta de cargo–, sin que se pudiera descartar la permanencia de alguno “dormido”, a la espera de tiempos mejores para su causa. Pero eso sucede en todas partes.  Y volverían a la “casa gran” del nacionalismo con un triunfo y una derrota: El triunfo es el de haber logrado que el PSC durante más de 30 años no consiguiera levantar cabeza, favoreciendo que la derecha con un escaso 25 % de los votos catalanes como máximo, gobernara Cataluña (hoy incluso con menos). Lo que sin duda se les serán  reconocidos los servicios prestados por por los prebostes de esa casa gran. Y la derrota porque a partir de la clarificación ideológica, ya despojados de la rémora que los encorsetaba,  los socialistas catalanes, sin el desvarío patriotero reaccionaro de la derecha, podrían al cabo de un tiempo ser de verdad la alternativa a CiU y sus acólitos, y no mera sustitución.

  Si Rubalcaba –o sus sustituto– estudiara la situación con un análisis frío del pasado; y lo hiciera con vistas al futuro, aparte de reconsiderar las políticas del PSOE hasta el presente, tanto de González, como de Zapatero, claramente favorables al neoliberalismo, debería considerar un fracaso las relaciones atípicas con un PSC dirigido por los adversarios, y recomponer los errores. Y sólo se pueden recomponer atacando el mal, si es preciso con el bisturí. No con aspirinas para calmar el momentáneo dolor de cabeza, jaqueca que saben los socialistas, también Navarro, volverá una y otra vez.

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