Pepe Castellano (*) en El Debat: Compañeros… ¿estáis locos? (y II)

 

 BLOGPEPE                      … ni pacto territorial porque no hay nadie dispuesto a suscribirlo, ni la España de todos porque la derecha sólo desea la España que siempre ha considerado suya mientras que los nacionalistas no desean ninguna España, de manera que no es posible otra estructura federal que la del actual estado de las autonomías que por supuesto debemos mejorar, ampliándola en algunos aspectos y corrigiendo los numerosos problemas en los que el sistema ha degenerado.

Me refería en el anterior artículo a los documentos “Un nuevo pacto territorial, la España de todos” y “Hacia una estructura federal del Estado”, a los que ni siquiera citaba por la literalidad de sus títulos, tan pomposos como ilusorios y tan ajenos a la realidad y a la necesidad como, por suerte, imposibles de llevar a la práctica ahora ni en un período mínimamente cercano. Para empezar, ni pacto territorial porque no hay nadie dispuesto a suscribirlo, ni la España de todos porque la derecha sólo desea la España que siempre ha considerado suya mientras que los nacionalistas no desean ninguna España, de manera que no es posible otra estructura federal que la del actual estado de las autonomías que por supuesto debemos mejorar, ampliándola en algunos aspectos y corrigiendo los numerosos problemas en los que el sistema ha degenerado.

La aprobación de los citados documentos por el Consejo Territorial del PSOE el pasado 6 de julio me plantea serias dudas sobre acuerdos que en la práctica suponen un brindis al sol porque los interlocutores necesarios no están dispuestos a admitirlos, así que lo único que conseguimos es incrementar el arsenal de sus argumentos para que tanto el PP como CiU y otros adversarios nos sigan combatiendo y descalificando. Además, tratándose de materias realmente muy importantes, no sé a santo de qué tenemos que discutirlas no solo entre nosotros sino condicionados a un partido como el PSC que presume de su escisión y nos recuerda permanentemente su independencia incluso exhibiendo grandes diferencias en su modelo de estado.

En otro orden de cosas, entiendo cuando menos dudoso que asuntos de tan extraordinario relieve no correspondan a la decisiones propias de un Congreso o, cuando menos, del Comité Federal, máximo órgano entre congresos, en lugar de ser aprobados por el Consejo Territorial, órgano sin duda estatutario pero cuyas funciones creo son una prueba más de la verticalidad con que operan los dirigentes y órganos ejecutivos de todos los niveles territoriales del PSOE, un método de aprobación poco adecuado, para un texto que puede condicionar e hipotecar nuestras políticas durante muchos años, lo que supone un verdadero lastre de origen añadido a los de sus propios contenidos.

A continuación, entraremos a analizar algunos precedentes que explican la dureza de mis argumentos y, sobre todo, nos permiten predecir lo que podemos esperar por la naturaleza de los acuerdos y por la escasa fiabilidad de un PSC que en cuestión de horas ya se ha puesto a lanzar las campanas al vuelo para vender la moto a sus compadres soberanistas (Lucena dice que la reforma federal del PSOE daría a Catalunya “casi tanto autogobierno como la independencia”).

El precedente inmediatamente anterior a esos documentos procede también del Consejo Territorial que, el 30 de agosto de 2003 (¿otra calentura veraniega?), aprobaba en Santillana del Mar el texto “La España Plural: La España Constitucional, La España Unida” que en su introducción citaba “La España Plural es la España Unida” para finalizar desarrollando el punto 7 titulado “Sentimiento constitucional: por la lealtad y el patriotismo de las libertades y de la ciudadanía”, comienzo y final de tan escasísima fiabilidad como la del resto de sus contenidos.

Aquellos buenos propósitos y aquellas concesiones a los nacionalistas titulares y a los sobrevenidos que se proclamaban y siguen proclamando como nuestros, ¿Sirvieron para algo?… Sirvieron para radicalizar a los nacionalistas que, mientras exigían y se aprovechaban de la España plural para atacar precisamente su unidad, negaban rotundamente la pluralidad en sus respectivos territorios a la mayoría de sus conciudadanos no nacionalistas y, por si fuera poco, alentaban y difundían sus peores sentimientos contra la Constitución, practicaban permanente e impunemente la deslealtad y pisoteaban el patriotismo de las libertades y de la ciudadanía porque no admiten más patria que la de sus innobles intereses de casta, porque no protegen otras libertades que las propias y porque no quieren ciudadanos iguales, sino súbditos.

De nada sirvieron aquellas concesiones hechas en Santillana al PSC que entonces encabezaba el mismo Pasqual Maragall que pronto traicionó los acuerdos con el lamentable proceso del innecesario y anticonstitucional nuevo Estatuto o con la firma del llamado “Pacto para un gobierno catalanista y progresista”, una sinrazón de gobierno manejado por la entonces minoritaria Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), esos compadres de Maragall a los que descaradamente acabó apoyando hasta que abandonó definitivamente las filas del PSC.

Ocho cuartos de lo mismo cabría decir del acuerdo suscrito por el PSC del renegado “capitán” José Montilla, el llamado ‘Govern d’Entesa’ (‘Gobierno de Entendimiento’ o ‘Gobierno de Pacto’), después de las elecciones catalanas de 2006 que diera lugar a un nuevo gobierno en el que no solo no predominaron las políticas de la mayoría socialista sino otra vez las de los soberanistas de ERC, un verdadero despropósito sobre el que se cimentó la casi mayoría de CiU en 2010 y se disparó el hundimiento electoral del PSC que, de momento, ha tocado fondo con los actuales veinte diputados autonómicos obtenidos en 2012.

Total que después de esas experiencias demostrativas de que las continuas concesiones al PSC y a los partidos nacionalistas propiamente dichos no solamente son tiempo perdido para que podamos integrarlos de verdad y lealmente a un proyecto común con los demás españoles sino que, por el contrario, siempre se han aprovechado de la buena fe –por no decir la irresponsabilidad- de los socialistas y para que insistan en sus interminables reclamaciones de poder, con la probada intención de seguir exprimiendo hasta destruir al estado.

Por cierto que estos días ya podemos leer en los medios el rechazo del PP, de CiU y de ERC a los acuerdos, casi sin apenas leerlos mientras que el PSC presume de lo que debería avergonzarse (“Navarro: Cuando lo considere oportuno el PSC votará contra el PSOE, “ya lo hicimos una vez””) sin que ningún dirigente federal les llame al orden o, lo que aún es peor, que ya empiezan a traicionar los acuerdos a los que han llegado no con sus hermanos socialistas sino “con los primos del PSOE (“Navarro admite que “puede haber diferencias de interpretación” entre PSC y PSOE sobre la Declaración de Granada“) porque el papel de “primos” es el que nos tienen reservado desde hace tiempo y, desgraciadamente, los tiempos de Rubalcaba se parecen cada vez más a los tiempos de Zapatero.

Después de todo lo anterior, unas preguntas a los confiados y biempensantes compañeros y dirigentes a los que he dirigido estos escritos para que me digan si creen que, en adelante, los nacionalistas se unirán a nosotros con entusiasmo para defender ante el PP esa propuesta federal y, entre tanto, si CiU, ERC, Iniciativa y el mismísimo PSC mostrarán unas mínimas lealtades. Por ejemplo:

La lealtad de empezar a llamar a España por su nombre en vez utilizar el eufemismo “estado” (“llueve en el resto del estado” y otras degeneraciones del lenguaje), también nos falta saber si dejarán de maltratar a la lengua castellana casi tanto como el franquismo hacía contra el catalán, si acabarán con las guerras de banderas tratando a la de todos los españoles con el mismo respeto que exigen para la bandera catalana, o si los responsables institucionales del nacionalismo acabarán con sus incumplimiento de leyes y sentencias de los tribunales dejando de actuar como más que presuntos delincuentes.

Lamentablemente, no nos van a ofrecer ni esos ni otros muchos ejemplos de lealtades que echamos de menos sino que persistirán en su desafío al estado y a la democracia, organizando provocadores fastos y grandes demostraciones de estética tan parecida a las del nacionalsocialismo y a las del franquismo, o creando registros nominales de adhesión, de donde no hay demasiado trecho a marcar su estrella independentista en las viviendas de los desafectos al régimen porque si hasta hace poco había un nacionalismo que mataba, en Cataluña aún padecemos un nacionalismo que no deja vivir plenamente una ciudadanía digna de tal nombre y mientras eso suceda nadie podrá decir que rechazamos gratuitamente acuerdos y concesiones en la vía de un estado federal porque sabemos que solo va a servir para que nos descalifiquen y ataquen los nacionalistas del PP y los del régimen catalanista, incluidos algunos del PSC.

(*) Pepe Castellano, cofundador del PSC, militante del PSOE y Presidente de Ágora Socialista

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