Isidro Carpio en El Debat: Política o tribunales

ISIDRO

 

                           Los que en otro tiempo “ajusticiaron públicamente” porque defendían las tesis de la dimisión previa a la resolución de la justicia, por responsabilidad política, hoy, con un cinismo vergonzante, manifiestan “¿a ver si va a pasar como lo que ocurrió con Demetrio Madrid?” O lo que es peor, a sabiendas de que son delincuentes, se escudan para no dimitir en que los delitos cometidos están prescritos.

A lo largo de de estos treinta y cinco años de una España Constitucional tan solo una vez ha prevalecido el criterio político por encima de las futuras resoluciones judiciales, y para colmo en esa ocasión lo fue basado en intrigas, a las que no fueron ajenos los propios socialistas, y en una mentira constantemente repetida, cuyas consecuencias fueron irreparables para el acusado. Me estoy refiriendo al proceso político realizado por la entonces Alianza Popular, que posteriormente se transformaría en el Partido Popular, contra Demetrio Madrid, primer Presidente de Castilla León.

La campaña difamatoria hizo dimitir al presidente Madrid, como seguramente recordaran. El entonces líder de los populares en esa comunidad, Sr. Aznar, hostigó a los socialistas bajo el pretexto de que el Sr. Madrid estaba incurso en un proceso judicial laboral, que no penal, por falta de recursos económicos para tirar hacia adelante su empresa textil ubicada en la provincia de Zamora. Bajo el eslogan “si no es capaz de dirigir su propia empresa, no puede ser Presidente de la Junta de Castilla León”. Por cierto, posteriormente el Tribunal Superior de Justicia, dicto sentencia absolutoria.

Este proceso sirvió para que en las siguientes Elecciones a Cortes, el Sr. AZNAR, con el apoyo del entonces CDS, se hiciera con la Presidencia de la Junta de Castilla León.

Si este procedimiento se siguiera en la actualidad, tendríamos que más de ochocientos cargos públicos que están procesados por corrupción dimitidos, amén de todos aquellos que están en ciernes de ser imputados y que causan daños irreparables a la política y al sistema democrático.

Los que en otro tiempo “ajusticiaron públicamente” porque defendían las tesis de la dimisión previa a la resolución de la justicia, por responsabilidad política, hoy, con un cinismo vergonzante, manifiestan “¿a ver si va a pasar como lo que ocurrió con Demetrio Madrid?” O lo que es peor, a sabiendas de que son delincuentes, se escudan para no dimitir en que los delitos cometidos están prescritos.

Está claro que todos aquellos que han llegado a la política para servirse de ella cualquier excusa les es buena para seguir en el cargo, sobre todo cuando están respaldados por una mayoría absoluta.

No han entendido nada. Cuando la mayoría absoluta sirve para dar acogida a delincuentes, ésta se convierte en un dictadura, pues su fin no es ese, es gobernar con tranquilidad para llevar hacia adelante un proyecto político respaldado mayoritariamente por los ciudadanos, no para proteger a delincuentes. A no ser que el Partido que ostenta la mayoría absoluta sea a su vez una organización para delinquir, entonces lo entenderíamos todo, es decir estaríamos ante una organización mafiosa.

El llamado caso Bárcenas, antiguo tesorero y senador del PP, ha puesto al descubierto una trama criminal en la que se debe de salvar muy poca gente de pertenecer a ella, ya sea por participación directa o por encubrimiento de las actividades delictivas.

Hoy ya es sabido que la Intervención General del Estado ha confirmado la existencia de una contabilidad B, en el Partido Popular, y todo el mundo sabe que cuando se tiene una contabilidad B es para ocultar a la Hacienda Pública las verdaderas cuentas, bien porque se obtienen ingresos de dinero obtenidos de forma ilegal, porque se financian actividades no previstas en la Ley, o sencillamente se quiere un enriquecimiento rápido a espaldas de los controles de la Administración.

No hace mucho, como consecuencia del debate del Estado de la Nación, el Sr, Rajoy, al que ya no llamo Presidente, se permitió el lujo de dirigirse a la oposición socialista diciéndoles: “son Vds. los únicos que tienen condenados por corrupción”, haciendo una alusión al caso Filesa de hace más de 20 años. Por aquel entonces, en uno de mis artículos, critiqué la falta de agilidad mental del Jefe de la Oposición para contestar a Mariano, y yo para mis adentros me dije: “No te preocupes dentro de poco tendrá un ramillete”. Lo que no quise imaginarme, por gravedad del asunto, es que él pudiera formar parte de ese ramillete.

Estas cosas solo pasan en España. Tenemos un partido en el Gobierno del cual sabemos a ciencia cierta que practica contabilidades paralelas, que muy posiblemente haya pagado sobresueldos a sus ministros, que miente constantemente y no tiene ningún pudor en gobernar contra los más débiles. ¿Que nos pasa a los Españoles para no echar a este Gobierno? ¿Lo tiene que echar la Justicia? ¿O se resolverá por sí solo, según escuela de Mariano el Breve?

En cualquier país de nuestro entorno, este personaje hecho Presidente de España a base de falsas promesas no hubiera durado ni un solo segundo en la “poltrona”, y si no, busquen conmigo, tiremos de hemeroteca para refrescar nuestras memorias, y veremos cómo los políticos de nuestro entorno dimiten porque no han pagado una multa de tráfico, porque han plagiado una tesis cuando estudiaban o porque mienten sobre quien conducía el coche, ante una más que posible sanción de tráfico. Aquí, como nos descuidemos no dimiten hasta que sean huéspedes de un Hotel del Estado. Si no se anula esta reserva por medio del indulto.

La diferencia está en que los políticos de los países de nuestro entorno tienen una cultura de política democrática, que algunos en nuestro país no obtendrán nunca, pues no nacieron para eso, nacieron para ser señoritos, para humillar al pobre y para pavonearse con los coches oficiales en función de sus pomposos cargos públicos. Está claro, y debemos ser comprensivos, que dejar esa vida cuesta. ¿Sino por qué se creen que están en política,? Pues para servirse de ella, no se crean que van a la política para perder dinero como ellos dicen, –“si me dedicara a mi profesión ganaría mucho más dinero que en la política”– haciéndonos creer que lo suyo es altruismo puro dada su vocación de servicio. Mentira, para compensar eso ya tienen los sobresueldos, la reserva de puesto de consejero en esta o en aquella gran empresa, cuando no las comisiones, que no son precisamente rogatorias, éstas vienen después.

En algunos de mis artículos, he planteado la necesidad de una convocatoria de Elecciones Generales que nos llevara a un nuevo proceso constituyente, que nos permita a través de la nueva Carta Magna garantizar determinados servicios esenciales. Entonces mi opinión estaba fundamentada en los incumplimientos del programa electoral del Gobierno, la política de recortes, la pérdida de soberanía y un largo etc. Si entonces se hacía necesario esa convocatoria electoral, no digamos ahora, cuando tenemos la honorabilidad del mismísimo Presidente cuestionada, por el presunto delito de cobros ilegales desde su época de ministro con el Sr. Aznar, aquel que consiguió hacer dimitir a un presidente como Demetrio Madrid, por la imputación de hechos no probados que afectaban a su vida privada, a la postre absuelto por los tribunales, todo ello en aras de la honestidad y regeneración de la vida pública.

Sres. voceros de la moralidad del PP. ¿Ahora qué hacemos? ¿Aplicamos el criterio con el que Vds. actuaron con el pesidente Madrid? ¿O mantenemos aquello de “acataremos lo que digan los tribunales de Justicia”? ¿O esperamos nuevamente a que el tiempo borre de la memoria colectiva sus obscenidades? No quiero ni imaginar que se estén planteando que con la Ley de Trasparencia que están llevando Vds. solos en el Congreso, sea una ley de punto final, donde se amnistié a todo corrupto en curso.

Isidro Carpio García es Vicepresidente de Ágora Socialista