Francesc Moreno en El Debat: Una consulta antidemocrática

Alfonso Guerra la semana pasada y Carlos Jimenez Villarejo ayer, han puesto sobre la mesa un aspecto de la “consulta soberanista” que hasta ahora había estado en segundo plano: el carácter antidemocrático de una consulta celebrada bajo la coacción del poder político convocante y sin la neutralidad mínima imprescindible en una consulta de esa trascendencia. La Generalitat actua como sí la consulta ya se hubiera celebrado desarrollando lo que se denominan “estructuras de estado”. Los medios públicos marginan las posiciones contrarias a la consulta y/o a la independencia. Los medios de comunicación privados catalanes están muy mayoritariamente al servicio del poder político. Desde el poder se quiere controlar toda Catalunya: desde el Barça, a las universidades pasando por la escuela, los sindicatos y las organizaciones empresariales. Mucho dinero público se gasta en mantener y agravar esta situación. Muchas personas tienen miedo a represalias, o a la marginación en sus ámbitos profesionales si expresan opiniones contrarias al soberanismo. Hasta Duran i Lleida ha denunciado amenazas por su posicionamiento político.

En estas condiciones una consulta carecería de legitimidad democrática, como ocurre en todas las autocracias que organizan referendos a mayor gloria del poder. Los partidarios del soberanismo argumentarán que estamos en una situación de confrontación entre España y Catalunya y que los contrarios al soberanismo son los españoles que ya tienen su estado para defenderlos. Mentira que, eso sí, algunos españoles no catalanes parecen haber interiorizado.

La consulta y el futuro de Catalunya afecta en primer lugar a los catalanes, y está por demostrar que una mayoría de catalanes quiera la independencia. Y no sólo aquellos catalanes que declaran sentirse catalanes y españoles en proporciones diversas – entorno a un 70% en todas las encuestas- sino de aquellos que no sentimos ninguna emoción especial ante banderas o patrias de uno u otro color, pero no queremos confrontaciones injustificadas- no vivimos en una dictadura, ni la lengua esta perseguida- ni un pais aislado de Europa, sectario y empobrecido.

Catalunya es el sujeto político de la consulta planteada por el soberanismo. Por eso la primera prueba de que quieren crear un estado democrático y no un régimen autoritario que no admita la disidencia, es actuar ahora como tal. No vale, por ejemplo, excluir la educación bilingüe ahora y prometer en el futuro la cooficialidad. Ni utilizar el dinero público para fomentar el clientelismo de forma descarada e impúdica. No discriminar, no coaccionar ni marginar a los disidentes es una condición sine quanon de la democracia. Cuando esto sea verdad y la Generalitat actue como un poder político democrático, entonces podremos hablar en igualdad de condiciones entre catalanes. Y en esas circunstancias cualquier planteamiento es legítimo con el debido respeto a las leyes. Leyes como la Constitución que no han sido impuestas por las armas, como algunos quieren hacer creer, sino aprobadas muy ampliamente por el pueblo de Catalunya.

El derecho a decidir se ha convertido en una falacia porque el Govern y sus aliados ya han decidido por los catalanes. Y ejecutan sus decisiones sin el menor disimulo. Ahora sólo pretenden una pseudo consulta que los legitime. En estas condiciones la única alternativa es no participar en la mascarada.

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