La utilización política de las lenguas

Sin la política lingüística de la Generalitat que margina a los catalanes que se expresan en castellano, y el pancatalanismo político que reivindica la unidad política dels “Paisos Catalans” las posturas anticatalanistas continuarían existiendo pero carecerían de la fuerza actual.

Francesc Moreno en El Debat> 13/5/2013 

La aprobación por el Parlamento de Aragón de una ley sobre “La Lengua Aragonesa Propia del Área Oriental” vuelve a servir de munición para pancatalanistas y anticatalanistas. Ya he expresado en numerosas ocasiones mi oposición a utilizar las lenguas como arma política, como instrumento para ganar adhesiones y provocar enfrentamientos innecesarios e inexistentes en la sociedad civil sino fuera porqué son azuzados por los políticos en su propio beneficio. Tratan de cambiar la realidad para hacerla más permeable a determinadas opciones políticas.

No tengo ninguna duda que la lengua que hablan muchos ciudadanos que viven en Baleares, la Comunidad Valenciana o Aragón es el catalán. Mis vínculos familiares con Fraga, mi madre y Mallorca, mi mujer, me hacen ser especialmente contundente en esta afirmación. Por tanto me parece fuera de lugar “inventarse” una nueva lengua por razones exclusivamente políticas.

Pero desde Catalunya deberíamos preguntarnos cual es la coartada que explica determinadas reacciones. Digo coartada porqué en ningún caso justifico la nueva ley y lo que significa. Sin la política lingüística de la Generalitat que margina a los catalanes que se expresan en castellano, y el pancatalanismo político que reivindica la unidad política dels “Paisos Catalans” las posturas anticatalanistas continuarían existiendo pero carecerían de la fuerza actual.

Pancatalanismo y anticatalanismo se retroalimentan mutuamente. El nacionalismo de unos se alimenta del nacionalismo de otros. Unos y otros están encantados de encontrar cada día razones que justifiquen su postura. Las víctimas propiciatorias somos todos aquellos que, en Catalunya o fuera de ella, estamos por la convivencia y el respeto mútuo. Los que pensamos que las lenguas no son excluyentes. Los que creemos en el respeto de la diversidad en el marco de una España federal y una Europa federal. Los que pensamos que la historia nos enseña que los cambios de fronteras o la vuelta atrás en la construcción europea, lo que no significa ser crítico con algunas de sus políticas, sólo puede causar perjuicios y desgracias.

Lo tenemos difícil. Especialmente en tiempos de crisis es magnífico y rentable a corto plazo buscar enemigos exteriores e interiores y proponer soluciones mágicas y lejanas a nuestros problemas. Pelearnos por lo accesorio para no afrontar los problemas reales y la incapacidad para solventarlos. Ya que no servimos para solucionar los problemas, creemos problemas nuevos, es la consigna de los políticos incapaces que no quieren soltar el poder. Pero debemos seguir intentándolo, aún a costa de ser vilipendiados por quienes, aquí o allá, viven de y para la confrontación. Contra tirios y troyanos debemos mantener nuestra voz por mucho que cueste hacerse oír en medio del griterío. Siempre me ha parecido más ética y estética la postura de los personajes a los que no les gusta odiar en plural. Los que no clasifican a los seres humanos entre buenos y malos, entre amigos y enemigos.

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