El independentismo, a la defensiva

En las últimas semanas se aprecia un cambio significativo en el argumentario de los opinadores que defienden la independencia de Catalunya. Hasta hace poco, utilizando términos futbolísticos, jugaban al ataque. Afirmaban las muchas razones y ventajas de sus planteamientos. Seremos más ricos, más europeos, más libres, nos decían. Apenas se hacían referencias a los argumentos de los que no pensamos igual…

Francesc Moreno en El Debat, 3/5/2013  

… Estaban acostumbrados a no tener rival, a que nadie argumentara desde Catalunya que la independencia no sólo no es ninguna panacea sino, al contrario, un viaje lleno de obstáculos y tormentas hacia un destino, cuanto menos, problemático.

A los que son independentistas por nacionalistas, o antiindependentistas por lo mismo, los argumentos les importan poco. Son partidarios de la España o la Catalunya una, grande y libre, sea cual sea el precio que haya que pagar. A estos ciudadanos no les importan los argumentos, su posición está tomada a priori.

Pero otros muchos ciudadanos, de forma igualmente legítima, no tienen una postura tan apriorística. Escuchan los argumentos de unos y otros. Somos a los que nos irritan las salidas de tono y el partidismo más desvergonzado de Telemadrid o TV3. Los que elegimos en función de priorizar al individuo, sus libertades y su bienestar presente y futura –en lo que sea posible de prever– sobre las patrias. Y, como no podría ser de otra manera, como ocurre en Quebec o en Escocia, el lado oscuro de la independencia empieza a aflorar. Ni Europa nos espera con los brazos abiertos, ni los catalanes ataremos los perros con longanizas.

Las razones prácticas contrarias a iniciar un viaje lleno de riesgos para llegar no sabemos donde se van abriendo paso entre los ciudadanos. Por eso los opinadores de la buena nueva independentista empiezan a cambiar de discurso. Como muestra, el significativo artículo de Salvador Cardús este viernes en ‘La Vanguardia’ titulado “Contraargumentos”, prueba inequívoca de que los argumentos de los otros, hasta ahora ignorados, empiezan a doler.

Cardús intenta cubrir tres de los principales puntos débiles del independentismo. El primero es crear un líder carismático. Mas es un Mesías, no un político preocupado por su supervivencia. Las elecciones anticipadas fueron una decisión patriótica, no una decisión táctica de CiU. Se trata de salvar a un Mesías en horas bajas incluso entre sus filas.

El segundo frente, en palabras de Cardús, es el económico. Lo despacha con una afirmación llena de fe: “Todo el mundo medianamente bien informado sabe que una Catalunya independiente seria un país mucho más próspero”. Quizás los medianamente informados piensan así, pero los bien informados piensan exactamente lo contrario. El impacto económico de la independencia empobrece a Catalunya notablemente, al menos durante un periodo de tiempo indeterminado pero largo.

El tercer argumento que Cardús trata de invalidar es el de que Europa no espera a Catalunya, ni a ningún proceso independentista, con los brazos abiertos. Los europeos, dice Cardús, todavía no se han dado cuenta de lo que les interesa. Cuando lo hagan, sus intereses convergerán con los de una Catalunya independiente. Hombre, no sea usted voluntarista. No trate usted de tontos a los demás. Hasta Mas lo ha reconocido, y Junqueras ya habla de que quizás es mejor estar fuera de Europa y del euro.

Lo que quiero destacar –el artículo comentado no es más que un ejemplo– es que, a medida que aparecen argumentos contrarios a la independencia no basados en el españolismo de castañuela, se aprecia un cambio de discurso significativo entre los partidarios de la independencia express. Ya no pueden ignorar los argumentos de los que no creemos que esa sea la prioridad de Catalunya. Buena noticia.

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