Los consellers de la Generalitat actores propagandísticos

Teatro en Pedralbes: Actuación de Artur Mas, La Vanguardia y Jordi Barbeta… Conjuntamente, convinieron el método que efectivamente se llevó a cabo. Por lo tanto, toda la reunión del gobierno fue un mero teatro, una escenificación que hiciera posible el artículo de Jordi Barbeta a La Vanguardia, única finalidad real de todo.

Alfons Quintà en El Debat 25/3/2013 

La reunión extraordinaria y confidencial del gobierno de la Generalitat en el Palacio de Pedralbes de Barcelona, el sábado 17 de marzo, tuvo como único motivo y única finalidad la publicación de una información al diario “La Vanguardia” el día siguiente con un artículo de Jordi Barbeta anunciando que Mas quería establecer un diálogo con el gobierno central, según he sabido en tres altas fuentes de la Generalitat y de CDC.

No tenías que ser ningún genio para intuirlo, en algún grado. Muchos periodistas lo hicieron, dándolo a entender en sus análisis. Personalmente, pronto tuve un cierto convencimiento. Pero me ha costado una semana encontrar fuentes que tuvieran conocimiento directo y quisieran confirmármelo. Ahora es cosa hecha.

Teatro en vez de “filtraciones” a la prensa: Dos días antes, el presidente Mas y su principal colaborador, el conseller Francesc Homs, consideraron como mostrar que les hacía falta un cambio de rumbo, sin decirlo expresamente y usando un camino que no fuera el lío habitual de declaraciones y filtraciones, tan agotados y a menudo ridículos. Es lo sudado “yo digo que tú decías que yo no he dicho, porque decía que diré”. Se quiso mostrar de forma original y lo máximo de confusa.

Conjuntamente, convinieron el método que efectivamente se llevó a cabo. Por lo tanto, toda la reunión del gobierno fue un mero teatro, una escenificación que hiciera posible el artículo de Jordi Barbeta a La Vanguardia, única finalidad real de todo.

Hay antecedentes. Hace pocas semanas, Artur Mas convocó una inefable reunión con autoridades judiciales, afirmando que quería tratar el tema de la corrupción. Para contribuir a encarar un tema muy grave, muy conocido dentro de CDC, hubiera sido mejor dejar tranquilo a aquel poder, independiente en todos los Estados democráticos. Estaba claro que sólo quería hacerse una foto. Así fue. Fue hecha por fotógrafos profesionales, no Homs.

Como un “pueblo Potemkin”: La reunión del máximo órgano ejecutivo del autogobierno fue un decorado utilitario. Aconteció un “pueblo Potemkin” (en ruso Potyomskinskiye derevni”). Los ideó el ministro y amante de la zarina Caterina II de Rusia, Grigory Potemkin, el 1787, con ocasión de una visita de esta autócrata a la península de Crimea. Potemkin dio su nombre al acorazado de la famosa película homónima de Sergei Eisenstein.

Se creaban pueblos artificiales, mejores que los reales, con decorados y apariencias de edificios. Ahora diríamos de cartón piedra. Yo mismo vi un de estos monstruos propagandísticos desde Pan Mun Jon, en la línea de demarcación (el paralelo 38 Norte ) entre las dos Coreas, a menos de un kilómetro dentro del territorio de Corea del Norte. Unas casas impecables, con cristales esmerilados, mostraban falsas escenas de personas aparentemente felices.

Sombras chinas nordcoreanes: Mirando el reloj, el guía me decía “ahora verás pasar a un niño jugando”, “ahora una mujer”, etcétera. Eran meras sombras chinas, movidas por mecanismos automáticos precisos, creados por aquel Estado comunista, para dar una falsa apariencia de bienestar.

En Pedralbes no pasó lo mismo. Pero se pareció. Con la nota de color que el conseller Homs hizo de fotógrafo ocasional para La Vanguardia. Por cierto no se pudo mostrar a Felip Puig haciendo buena cara. Quizás no le gusta hacer de actor o quizás no le gustaba estar sentado junto al inefable Germà Gordó, a quien no quiere nada, bien justificadamente.

La reunión fue una pantomima. La finalidad era la información hagiográfica (¿Hay que precisarlo? del periodista del mismo diario, Jordi Barbeta, lanzador habitual de incienso a Mas y a la CDC oficial.

Costa imaginar que en ninguna parte pudiera pasar nada parecido. Ningún gobierno lo haría. Ni tampoco ningún diario. Pero aquí se lleva a cabo y cómo si nada. Excepto el día en que derrame el vaso de la manipulación descarnada y prepotente.

Objetivo: evitar el debate y esconder la verdad… Las operaciones propagandísticas nunca son una manera de generar un debate, sino de evitarlo y de tapar la verdad. Una verdad que consiste en recordar que hace tres meses Mariano Rajoy vino a Catalunya, por la inauguración de un tramo del AVE, con una propuesta concreta de reducción gradual, en muy pocos años, del déficit catalán y con un proyecto de amparar, con legislación estatal, el modelo de inmersión lingüístico.

Lo escribí mantas veces, siempre en solitario. Entonces no solamente no hubo ninguna escenificación – así se actúa en las democracias – mientras que Mas no quiso ni escuchar a Rajoy, cosa que si expusieron otros medios, los no independentistas. Desde entonces he tenido la posibilidad de reconfirmar lo que escribí.

La pretendida “inhibición de los partidos”: También hay que destacar que la información hagiográfica de Barbeta destacaba que el gobierno Mas “concertará sus políticas con la sociedad civil ante la inhibición de los partidos”. Vaya, que CDC no es un partido. Seria aquello del “pueblo todo entero”, fórmula efímera encuentro por Nikita Kruschov, respecto, ay las, ¿el desaparecido Partido Comunista de la también desaparecida Unión Soviética?

Cómo siempre pasa con la propaganda sectaria, no venía de un palmo. Será la “sociedad civil” (para Mas los montajes subvencionados por él mismo) los que ¿elaborarán el vergonzosamente inexistente presupuesto de la Generalitat? En cuanto a la “inhibición de los partidos”, ay caramba, ¿como es que ahora quiere incluirlos en su gobierno?

Artur Mas, la base de todos los problemas: Nada de todo esto da risa. Ni permite la demasiada existente burla sobre temas que son muy graves. Hay que volver a la normalidad de, como mínimo, la nuestra siempre coja democracia. Tiene mucho sentido que para lograrlo incluso dentro de CDC hayan clamores en contra de Mas. Con él nada de bueno es posible. No puede formar parte de ninguna solución sino que es la base misma de todos los problemas.

En cuanto a La Vanguardia, por ella hará. Parece más confusa que no Jordi Barbeta, de quien no osaría decir que no haga por él, más que por el equilibrio y el distanciamiento informativo respecto de las partes implicadas en la cosa pública.

En todo caso hemos llegado a vivir un constante vodevil. Mas nos ha querido meter en un símil barato de la caberna de Platón desde donde no podamos ver la realidad sino sus sombras falsificadas, como me pasó a mí en Pan Mun Jon.

Una vez echado del panorama político a Artur Mas tendremos que efectuar un proceso de adaptación a la realidad. Tendremos que llevar a cabo lo mismo que se hace con los animalitos enjaulados cuando se los pone en libertad. Tendría que ser lo más pronto posible.

La Vanguardia aún puede optar a ser un contribuyente a este necesario proceso de liberación. En cuanto a Barbeta (como la actual TV3, o ‘Ara’ o ‘El Punt-Avui’) ya no hay posibilidades de recuperación. Son lo que muestran los hechos.

De momento en la orden teatral puede ser bueno leer la gran obra “Los secuestradores de Altona” de Jean-Paul Sartre, donde el protagonista se vuelve loco al ver como su admirable país, Alemania, pasa de ser un referente de progreso para ser sometido a la tiranía nazi. A pesar de esta evidencia Alemania ha sabido volver a un camino respetable.

Nos debe dar esperanza el hecho de que el respetado periodista de TVE de Sant Cugat, Lluís Falgàs, tuviera el coraje de denunciar los hechos en público recibiendo sentidos aplausos por parte de los periodistas que estaban presentes. Hay que tener este valor, y más. Con unos cuantos Falgàs, se producirá un lógico rechazo masivo que ya hoy se puede percibir. Entonces estaremos en el fin de una pesadilla. Los militantes honestos y lúcidos de CDC tienen un papel histórico a jugar, como ya lo están haciendo los dirigentes y militantes de UDC. Todos ellos deben ser fraternalmente bienvenidos en la auténtica Casa Grande de una Catalunya de todos, la del sentido común.