Refundación Socialista en Cataluña (II)

Refundando el socialismo (II)

La deuda de Alfonso Guerra con los trabajadores y ciudadanos de Cataluña. ‘El ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra ha pedido esta tarde al PSOE que rompa sus relaciones con el PSC y que se presente con su marca en Cataluña, en respuesta a la decisión de la dirección de los socialistas catalanes de apoyar el derecho a decidir en contra de la postura oficial del grupo parlamentario’… (Público> 26/2/2013).

Federico Llosa Marsé en el Blog La Ira de Bcn> 8/3/2013 

Tras la reinstauración en España del régimen democrático, en 1977, el socialismo catalán se hallaba escindido en varios partidos. Por un lado, había varios grupos de carácter nacionalista y progresista, como el Partit Socialista de Catalunya-Congrés y el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament. Por otro, el PSOE contaba en Cataluña con una Federación Catalana que basaba su fuerza, sobre todo, en los trabajadores metropolitanos, la mayoría de origen inmigrante.

Año 1978: las distintas fuerzas socialistas llegaron a un acuerdo que cristalizó en el Congreso de la Unidad Socialista. En este Congreso se fundó el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE), resultado de la fusión entre los grupos catalanistas PSC-C, PSC-R y la Federación Catalana del PSOE. El nuevo partido aglutinaba a todo el espectro socialista catalán, y tenía una relación federal con el PSOE, a pesar de que formalmente era un partido diferente y autónomo al fundado por Pablo Iglesias (fuente: Wikipedia).

A propósito de lo anterior, Alfonso Guerra, a la sazón Secretario de Organización del PSOE, escribiría en 2004 en sus memorias Cuando el tiempo nos alcanza:

 ‘En Barcelona, en Montjuich, también nos reunimos públicamente para celebrar la fusión entre los socialistas de Raventós, Pallach y la Federación Catalana del PSOE. Pero los prolegómenos de la fiesta me amargaron las horas previas al acto público. A última hora los socialistas del PSOE se encontraron con nuevas peticiones o imposiciones de los demás. Intervine para mediar, pero los dirigentes me remitían a un militante llamado Rocha, notario, rostro con rasgos filipinos, al que nunca había visto y que en una actitud de cerrazón total se negaba a cualquier discusión o análisis de las cuestiones en litigio. Fue una triste jornada para mí. Los socialistas del PSOE se negaban a aceptar las nuevas propuestas y los otros las exigían si queríamos acabar el proceso. Mientras tanto, el público iba llegando al acto abierto de proclamación de la unión.

Convoqué una reunión con los socialistas del PSOE. El salón, repleto de militantes, rezumaba espíritu patriótico de partido. Todos protestaban porque consideraban que se relegaba a los socialistas de la Federación, en beneficio del grupo de intelectuales cercanos a las tesis nacionalistas que ellos no compartían. Tuve que tragarme el corazón y con un discurso que no lograba dominar por completo intenté mostrarles la importancia que para la conexión de los ciudadanos de Cataluña y el socialismo tenía el presentarnos ante el pueblo como un solo grupo socialista. Fue una intervención capciosa, pues yo mismo no estaba convencido plenamente de lo que decía. Se votó, y aceptaron mis argumentos. Muchos expresaron que lo hacían porque los defendía yo, no porque creyeran en ellos. Me sentí mal. Tenía la angustiosa sensación de estar equivocándoles, de engañarles. Mucho tiempo después, y a tenor de la evolución de los hechos, un sabor salado me sube a los labios: es el gusto de la incertidumbre acerca de mis actos. ¿Debí negarme a un acuerdo que efectivamente ha ido de forma paulatina imponiendo unas tesis que la Federación Socialista del PSOE no aceptaba? Estas son las marcas que deja la responsabilidad. Tomar decisiones no es tan difícil; salvar tu conciencia de los efectos morales de las decisiones es un pago inevitable’.

Año 2013: los acontecimientos precipitan la revisión de aquel pacto suscrito en falso que ha supuesto, en definitiva y como era de prever, la anteposición de los postulados nacionalistas a los genuinamente socialistas en esta Comunidad autónoma. A Alfonso Guerra se le brinda un interlocutor válido en la Coordinadora de Agrupaciones Socialistas Autónomas (CASA) para reconocer aquel error e intentar ayudar a solucionar, o al menos paliar, de forma visible sus efectos.

Ha llegado el momento, 35 años después, de que el socialismo español salde su deuda con los trabajadores y ciudadanos de Cataluña.

Anuncios