‘La sisa de la criada’

 BLOGOLE                           

                                     Cuando vemos que otras sociedades son muy poco permisivas con la moral de sus dirigentes, que les pasan cuentas, que les obligan a dimitir, etc., deberíamos sentir envidia y tomar nota de ello. Necesitamos más años de democracia, pero necesitamos comprometernos más con lo público

Olegario Ortega en La Voz de Bcn> 12/3/2013  

38 millones de euros son una pasta. Para los que calculamos por comparación, son más de 6.322 millones de pesetas, lo que se dice una fortuna. Para una persona corriente suponen una cifra que ronda los límites de lo valorable mentalmente; son asimilables en lo concreto, pero sobrepasan la aspiración de los que buscan desesperadamente el gordo de Navidad. En efecto, permitirían un piso que nunca tendrán, una segunda residencia superior a la que sueñan, cambiarse de coche antes de los 100.000 kilómetros, y sobre todo, vivir de rentas con lo que sobra, además, holgadamente, si uno se sabe administrar.

Como decía un antiguo amigo, se tiene dinero de verdad cuando uno puede vivir con los intereses de los intereses, es decir, sin tocar el principal. Ese se deja a salvo para impuestos y para compensar la inflación. Pues bien, de los 38 kilos, uno para el piso, otro para el chalet y otro más para el primer año, ajuar nuevo y un viajecillo guapo. Los 35 restantes pueden rendir un 5% al año, o sea 3,5 kilos. Esos 3 kilos y medio rendirán, a su vez, 175.000 euros al año. Bueno, no está mal, al fin y al cabo un trabajador corriente se las apaña con menos de 20.000 euros al año, un parado con menos de 10.000 y un desahuciado con menos de 4.000. Y si las cosas se ponen feas, siempre puede uno acercarse a la parroquia o a Cáritas, que para eso están.

Abandonemos el sarcasmo y entremos en otras consideraciones. ¿Por qué pasan estas cosas? Ya que disponemos de muy escasa información, tenemos derecho a hacer conjeturas. Si a alguien del los potenciales implicados le molesta que especulemos, lo tiene muy fácil: que aporte información veraz y completa, y nos ahorre el trabajo; mientras tanto, habrá que suponer que el que se pica, ajos come.

Para que pase desapercibido a los responsables de supervisar que alguien distraiga 38 millones de euros es preciso que se haga en pequeñas cantidades y durante bastante tiempo acumulado, lo que se llamaba la sisa de la criada, es decir cantidades que no son significativas y que, incluso cuando se sospecha que desaparecen, se aplica una cierta indulgencia. Claro que, aunque concedamos diez años de permisividad, sale un promedio de casi cuatro millones por año. Sigue siendo mucha pasta; parece difícil sostener que mucha habilidad y algo de indulgencia no bastan para comprender lo que tenemos delante.

Pero resulta que no es difícil aumentar la indulgencia del supervisor, si este obtiene un cierto beneficio de su laxitud. Por ello podemos suponer que el pillo que sisa reiteradamente sabe que camelarse al supervisor mediante atenciones y gratificaciones dignas y oportunas resulta muy útil a la larga; con ello ya tenemos un cómplice y un segundo pillo. Sigamos. A lo largo del tiempo considerado se producen relevos en la supervisión; como el sistema ha funcionado, se repite. Así vamos incrementado más cómplices y más pillos.

Como ven, las cosas se pueden ir comprendiendo. Sigamos. Como bien se sabe, un secreto entre varios se convierte en un secreto a voces. Se impone entonces dar un nuevo paso que evite vivir en el filo de la navaja. Lo más práctico es institucionalizar el sistema; es decir, legalizarlo, obviamente intramuros de la institución, pero en círculos limitados. ¿Cómo? El buen tesorero que hace la propuesta de ayudar a los de casa que estén en apuros por servir al partido, y de paso, propone premiar regularmente a los de la cúpula, ya que son los que soportan el peso de la responsabilidad. ¿A quién le amarga un dulce? Además, los regalos en fechas señaladas y demás atenciones a las familias, añaden un plus de proximidad, un aumento de simpatía y una reserva de indulgencias para administrar de forma inteligente. El sistema se extiende, funciona, los responsables acallan sus remilgos aceptando sobres más efectivos que cualquier otro ungüento. ¡Es tan fácil recrearse con el sentimiento de que uno es importante y merece ser retribuido!

Pero claro, ¿de dónde sale la pasta? ¡Vaya pregunta! Es sabido que está permitido recibir ayudas y donaciones para el funcionamiento de un partido. Un partido tiene muchos gastos, pero es la herramienta política que defiende los intereses de los que se identifican con su ideario. También se sabe que la gente con posibles tiende más a simpatizar con los partidos conservadores, partidos de orden, ya que, a la larga, favorecen sus intereses. Así pues, los partidos de derechas reciben muchas donaciones, pero claro, hay que registrarlas, llevar contabilidad, presentarla a las auditorías… así que esta vía no da para tanto. Recuerden que los de 38 kilos son la sisa de la criada, una cantidad que, al parecer, ha dejado estupefactos a los vigilantes, y acumular esa cantidad distrayendo no más de un dos o un tres por ciento, parece difícil.

Claro que a los partidos llega dinero por otras vías; es un secreto a voces, ¿recuerdan a Pasqual Maragall y su famoso 3%? De eso saben casi todos los partidos, en proporción a su permanencia en el poder, a su responsabilidad de adjudicación de obras, vías de comunicación, aeropuertos, polígonos residenciales, ordenaciones urbanísticas, recalificaciones, compras, equipamientos y otras concesiones de servicios, suministros, formación de parados y tantos, tantos, etcéteras como sean capaces de recordar.

Además, cuando los del partido, los que toman decisiones vinculadas con los presupuestos y los que proveen los bienes y servicios son de la misma familia, las cosas se facilitan en extremo: las cantidades son astronómicas y el rastro tiende a permanecer invisible. Estas reflexiones explican bastante bien el desasosiego, el desconcierto y el espectáculo que embarga al PP.

En Cataluña, somos maestros en el asunto: solo en dinero proveniente de donaciones, es decir, el que se contabiliza, proporciona a CiU el dudoso honor de alcanzar cifras récord. En cuanto a pertenecer a la familia, aquí tampoco nos podemos quejar; el parentesco familiar y la afinidad de intereses alcanzan una amalgama sin parangón (ja se sap, som de casa). El caso Palacio, la fortuna de los Pujol y los innumerables casos conocidos, publicados, habidos y en curso lo muestran claramente.

¿Por qué permanecen los partidos tanto en el poder? ¿Por qué la gente les vota aún sabiendo que están pringados en tantos y tantos asuntos? ¿Por qué los que cobran por fiscalizar, enjuiciar, investigar, perseguir, castigar… hacer un Estado creíble hacen su trabajo de manera tan deficiente y con tanta laxitud? Eso es más duro de digerir.

Me comentaba un amigo, viejo y sabio, que la corrupción moral de los que mandan se sustenta en la corrupción moral de los de abajo y que una y otra se retroalimentan. Hay bastante de verdad en ello. Cuando vemos que otras sociedades son muy poco permisivas con la moral de sus dirigentes, que les pasan cuentas, que les obligan a dimitir, etc., deberíamos sentir envidia y tomar nota de ello. Necesitamos más años de democracia, pero necesitamos comprometernos más con lo público y aumentar nuestro nivel de exigencia con nuestra conducta y con la de los que nos piden el voto. Estamos entre Suecia y Marruecos, ¿hacia dónde queremos caminar?

Olegario Ortega es socio de Ágora Socialista