Rajoy en la diana. Artículo de Francesc de Carreras (*)

                                FdeC¿No les sorprendía a sus jefes en el partido que el tesorero, precisamente el tesorero, viviera tan alegremente, aunque no tuvieran noticia de que sus ahorros estaban depositados en Suiza? Es chocante, no me lo nieguen. No parece creíble.

Publicado en La Vanguardia y en el Blog de Ciutadans.

Luis Bárcenas no es un caso más, tantos hay ya, sino que desde hace dos días es un caso muy especial porque puede afectar, en caso de probarse, al presidente del Gobierno.

 Llevo una hora ante la pantalla del ordenador sin saber que escribir. En el periodismo manda la actualidad y más actualidad que hablar de la corrupción política es imposible, está en todas las conversaciones, hasta en las bromas ocasionales al cruzarte con el vecino o el portero. Hay que hablar de ella, me digo. ¿Pero qué decir? ¿Que no soy partidario? La mente en blanco y la página también. Hagamos un esfuerzo, no pretendamos ser muy originales, repitamos ideas ya sabidas y que el lector nos perdone.

Hay que hablar de Bárcenas, otra vez. Este señor trabajó desde jovencito en la administración del PP, llegó a ser tesorero y acumuló una fortuna de la cual 22 millones estaban ocultos en Suiza. Si esto es lo ahorrado, imaginen lo que ha llegado a ganar en estos años, no tiene pinta de ser un avaro, supongo que habrá gastado lo suyo. En total, ¿se habrá embolsado el doble? Pongamos que más o menos. Pues bien, esto no lo ha obtenido de su sueldo en el PP, su única ocupación conocida, tiene que haber otras fuentes.

¿No les sorprendía a sus jefes en el partido que el tesorero, precisamente el tesorero, viviera tan alegremente, aunque no tuvieran noticia de que sus ahorros estaban depositados en Suiza? Es chocante, no me lo nieguen. No parece creíble. Pero hasta el año 2009, tras el caso Gürtel, a nadie le preocupó el asunto. Ya es rara la cosa. Pero Luis Bárcenas no es un caso más, tantos hay ya, sino que desde hace dos días es un caso muy especial porque puede afectar, en caso de probarse, al presidente del Gobierno.

El problema no está en que un partido pague a sus dirigentes políticos, esto sería lo más natural, es ahí donde trabajan. El problema está en que estos cobros se lleven a efecto sin la correspondiente declaración fiscal, lo cual presupone, primero, que su origen no es legal, con lo cual se pone de manifiesto una irregular financiación del partido y, segundo, que el que lo recibe no lo declara como ingreso y, por tanto, comete una irregularidad fiscal. ¿Quien designa al ministro de Hacienda se ha pasado unos años cobrando una cantidades que no ha declarado? Si así fuera le imposibilitaría seguir en el cargo.

Porque, además, se añade otra cuestión: tanto el presidente como toda la cúpula del PP afectada, declararon hace días que estas acusaciones no eran ciertas. Pero si lo fueran, que aún no lo sabemos -no cometamos la ingenuidad de fiarnos de un tipo como Bárcenas-, al fraude se añadiría la mentira. Nixon no tuvo que dimitir por haber espiado al partido demócrata sino por haber mentido. Y aunque no dimitió, porque pidió perdón en público, a Clinton no le reprocharon tanto sus adolescentes devaneos en la Sala Oval sino haberlos negado. Claro que aquí no somos ni anglosajones ni, por suerte, puritanos. Pero Rajoy está en la diana.

(*) Francesc de Carreras es Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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