La hora final: Artículo de José Luís Ruiz (*)

El gobierno de Rajoy ha estado a la deriva desde el primer día de su toma de posesión pero en estos momentos sería apropiado añadir que ha perdido totalmente el norte y se encuentra paralizado sin saber que hacer o decir, tanto en materia económica como política interna del país, especialmente en el tema de Cataluña. Así, de toda la gama de opciones posibles, legales y políticas, de que dispone el gobierno central para intentar diluir la ofensiva separatista de Mas y demás socios, el empecinamiento absurdo de Rajoy de “dejar hacer” como si no pasara nada y “a ver qué pasa con el tiempo” es la peor, más irracional y más peligrosa que podía haber seleccionado.

Esperar, no se sabe qué y a que, solo beneficia la estrategia nacionalista que, ciertamente, va cubriendo etapas tranquilamente ante la pasividad increíble y desconcertante de esta nulidad de gobierno de la nación. Un plus que le ha servido al nacionalismo para llegar victorioso al estado actual de prepotencia que ostenta.

En esta situación de parálisis, cada día de inacción estatal equivale irremediablemente a un grado más en el avance del nacional catalanismo hacia su patológico objetivo.

A que, exactamente, espera Rajoy? Este presidente es evidente que aun no se ha enterado de que el problema al que asistimos en Cataluña no tiene ningún punto de convergencia con el Plan Ibarretxe y, por lo tanto, no se pueden seguir los pasos de Zapatero para su resolución satisfactoria.

Igualmente, acaso no le basta a este presidente la experiencia sufrida por todos los gobiernos españoles desde González hasta hoy que, irresponsablemente, practicaron la misma política de dejar hacer que Rajoy patroniza ahora?

 De que sirvió al final esa política alienante, claudicante, ilegal en ciertos aspectos por su contenido discriminatorio y absolutamente inefectivo ante el martilleo constante e insaciable del nacional catalanismo fascistoide?

 Acaso está esperando Rajoy y la banda de miopes que le rodean a que el sátrapa-corrupto de Duran convenza a Mas para que no se lleve a cabo el referéndum independentista?

 Quizá confía y espera que el PSC adjure y abandone su conversión nacionalista y decida movilizar a ese 50-70% de ciudadanos catalanes representantes del “no sabe, no contesta” de las encuestas contra la barbarie nacionalista.

Si es esto lo que desea Rajoy podría asegurarse que lo tiene harto difícil. Navarro y su equipo están atrapados en la red nacionalista desde hace 30 anos y, lo que es peor, no tienen ninguna intención de liberarse de ella. Al contrario, cada día se reafirman más en su nueva fe patriotera-catalanista al mismo tiempo que confirman el fin de la inteligencia en su propio partido y su condición definitiva de palanganeros del nacionalismo. Un patético final para un partido que aún conserva la S en su logo…..

No le preocupa a este presidente del gobierno la extremadamente peligrosa pérdida de autoridad del Estado que se constata en Cataluña a todos los niveles político-administrativo? De verdad no se siente concernido con la actitud sedicionista que abiertamente mantiene la Generalidad, el Parlament y el 99% de los ayuntamientos de la comunidad que se declaran públicamente inmunes a las leyes y ordenamiento jurídico estatal?

 Tampoco le preocupa a Rajoy la permanente negativa del gobierno catalán de acabar con la atrocidad cultural del sistema de inmersión lingüística en catalán en la escuela y la administración que solo es comparable con las leyes de discriminación racial norteamericanas contra los negros hasta los años 60, la legislación racial discriminatoria australiana hasta los 80, o la política de apartheid de Sudáfrica hasta los 90?

Si Rajoy prefiere seguir sentado y esperar ver pasar el cadáver de su enemigo, entonces la catástrofe está servida.

En mi opinión, no existe ninguna posibilidad real a estas alturas para encauzar el “problema catalán” por la vía de los milagros de Fátima, la paciencia de Job o los proverbios árabes.

Es demasiado tarde para tender manos, intentar diálogos apaciguadores o esperar un rayo de luz racional en las mentes nacionalistas cuando estos expresamente rechazan todas esas medidas de antemano.

Y lo rechazan, fundamentalmente, porque la hoja de ruta está firmada y en marcha y sería sumamente infantil pensar que con el “momentum” que disfrutan ahora estuvieran dispuestos a pactar con el Gobierno otra cosa que no sea la facilitación de sus aspiraciones elitistas.

En estos tiempos difíciles que atravesamos, aparte de la incompetencia manifiesta de Rajoy y su partido, lo que más preocupa es la actitud cobarde y miserable de los innumerables dirigentes políticos de izquierda, antiguos y modernos, a la hora de tomar posiciones públicas, claras y contundentes respecto al independentismo catalán.

Todos permanecen agazapados en su rincón sin pronunciar palabra, asustados, deprimidos y avergonzados de que les confundan o señalen como “españolistas”. Ahora se puede ver con claridad la talla, valía y honradez de toda esa pléyade que han vivido, y viven, a costa del erario público sin haber hecho nada para merecerlo.

Algunos incluso hubieran estado mejor callados. Como tantas veces a lo largo de su perenne carrera política ostentando cargos de responsabilidad estatal, Guerra se equivoca de nuevo al contender que la Autonomía de Cataluña no se puede suspender de acuerdo a las disposiciones legales enunciadas en la Constitución española.

Guerra no es ningún jurista, ciertamente, pero no es necesario serlo para argumentar seriamente en favor de la posibilidad de suspensión de la autonomía catalana, y de cualquier otra, ante un riesgo cierto de desintegración territorial.

Un mero repaso a los ordenamientos jurídicos y constitucionales de cualquier país europeo, USA o Australia, por citar solo a las “democracias” más representativas, sería suficiente para atestiguar el poder del Estado sobre la integridad de su territorio. O acaso fue ilegal que la Republica suspendiera la autonomía catalana y encarcelara a Companys y su gobierno? O que Inglaterra suspendiera durante 20 años la autonomía de Irlanda del Norte?

En este contexto sorprende que un político, siempre obsesionado con su pedigree de izquierdista, pueda lanzar este tipo de mensaje confusionista para el ciudadano de a pie y contraproducente en el caso presente.

Felipe, al menos, ha sido más honesto en el tema independentista al defender públicamente que cualquier modificación del status territorial actual debe y tiene que contar con la opinión de todos los españoles en referéndum.

En fin, como ya he escrito en otras ocasiones, al nacionalismo pseudofascista hay que tratarlo como lo que es: un movimiento creado y alimentado por la burguesía local para la defensa especifica de sus intereses financieros y de clase, que se basa en la mas adjecta manipulación de la ciudadanía mediante la apelación y explotación de los sentimientos primarios de las clases populares para conseguir sus fines de poder absoluto.

Por tanto, basta ya de dialécticas bizantinas, diálogos de sordos y posiciones dubitativas, posibilistas e inútiles.

El cumplimiento taxativo de las leyes del Estado por parte de la Generalidad de Cataluña es imperativo, ineludible e inexcusable durante más tiempo.

Hacer cumplir la ley con todas sus consecuencias o abandonar el barco. No hay más alternativa válida y eficaz en esta hora crítica.

Todo lo demás será aumentar el dolor y prolongar la agonía de un enfermo terminal.

(*) Jose Luis Ruiz es miembro de Ágora Socialista