Isidro Carpio: El país de los engaños

  ISIDRO                       Repugna que el que no ha tenido una pizca de comprensión para con los médicos, los enseñantes, los funcionarios, los discapacitados, los jubilados, los mineros, los parados, los estudiantes, los universitarios, en definitiva para con los ciudadanos que no son ni millonarios, ni estafadores, ni evasores de capital, ni delincuentes, ni banqueros, ni amigos de sus amigos…

 

Todavía rezumban en los oídos las palabras del ínclito Mariano en su discurso de despedida del año, y hay que ver, con que “gracia torera” se mofa una y otra vez de los ciudadanos, insulta con todo descaro a los habitantes de este País y parece que se regocije de sus actuaciones al frente de este Gobierno, que ha empobrecido a miles de españoles, hasta el punto de que algunos no han aguantado más y se han tirado por la venta, poniendo así fin a su vida y a la humillación y la desesperación.

Repugna que el que no ha tenido una pizca de comprensión para con los médicos, los enseñantes, los funcionarios, los discapacitados, los jubilados, los mineros, los parados, los estudiantes, los universitarios, en definitiva para con los ciudadanos que no son ni millonarios, ni estafadores, ni evasores de capital, ni delincuentes, ni banqueros, ni amigos de sus amigos, les pida Comprensión para acometer, aún más, medidas  antisociales que llevará a cabo en los próximos meses. De vergüenza, de vergüenza ajena.

¿Que hace que este tipo se siga manteniendo en el poder? Cuando la mayoría del País está en pie de guerra  cuando entre las tumultuosas manifestaciones realizadas, también están los que le votaron, seguramente engañados, pero están.

Hacía mucho tiempo que no sentía la vergüenza de ser español, esta solo se ha producido en contadas ocasiones, la tuve en la época de la dictadura, y fundamentalmente por la impotencia de no tener capacidad para derrocar un régimen absolutista y llevar al dictador ante los tribunales de justicia por los crímenes cometidos.

No hace mucho tiempo, también sentí esta sensación, fue  durante el Gobierno de Aznar,  cuando éste haciendo oídos sordos  a la Unión Europea y a sus propios ciudadanos, que se manifestaban masivamente por los pueblos y ciudades de España, con el slogan no a la guerra, nos metió  una vez más con mentiras, en una  guerra ilegal.

Hoy, se vuelve a repetir, siento esa misma sensación de impotencia y si se quiere agravada, pues el hecho de estar en una democracia debería por sí sola tener la capacidad de cambiar al gobierno cuando su actuación es nociva para la gran mayoría de sus ciudadanos.

Se supone que la mayoría de los grupos de la oposición, aunque en minoría en el conjunto de la Cámara, están  en contra de las políticas del Gobierno, posiblemente a excepción de los nacionalistas catalanes, que van por libre  y como fenicios de la política están esperando su momento para, sí pueden hacer su agosto particular, echando más gasolina al fuego. Bueno, sin que me distraigan en estos momentos los nacionalismos, prosigo con mi argumentación. Si eso es así, que todos están en contra y que la calle un día sí y otro también, está ocupada por manifestaciones antigubernamentales, ¿Qué elemento falta, o que escusa necesitamos los ciudadanos para que tengamos nuestra primavera a la Egipcia?

Posiblemente, la debilidad está en la falta de una política de oposición radical, lo cual aumenta el desespero de los ciudadanos, posiblemente esta debilidad también está en la tardanza en tener resoluciones  o sentencias por parte de la Administración de Justicia, que hagan ver al ciudadano que están protegidos ante los abusos, las injusticias y los casos de corrupción.

Nos estamos acostumbrando mal, y no por nadar en la abundancia, precisamente, sino por todo lo contrario, empezamos a percibir nuestras desgracias, las acciones de gobierno, como una situación  natural, donde no cabe alternativa. Damos por hecho que aún pueden ir peor las cosas, y eso no es así, eso es lo que algunos nos quieren transmitir, así, ante el miedo, nos tienen paralizados.

¿Alguien piensa de verdad que nuestros dirigentes gubernamentales se sienten incómodos en esta situación?  ¿De Verdad?

Si es así, verdaderamente estamos peor de lo que cualquier analista podría imaginar. Y entonces podríamos concluir con aquel nefasto dicho” tenemos el Gobierno que nos merecemos”.

 (*) Isidro Carpio, socio de ÁGORA SOCIALISTA,  ha sido Primer Secretario de la Federación Socialista del Vallés Oriental y de la Agrupación de Mollet así como Primer Tte. de Alcalde de dicha localidad, Diputado Provincial y miembro de la Mesa del Consell Nacional del PSC-PSOE.

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