Francesc Moreno en El Debat: El PSC en su laberinto

El PSC debe plantearse como primera medida recoger savia nueva y volver a conectar con los sectores sociales que históricamente le han dado su apoyo, así como con aquellos que, en palabras de Duran, han quedado huérfanos por la deriva independentista de CDC… debe abandonar definitivamente sus dudas metafísicas, sus dos almas, y ponerse al frente de aquellos catalanes que apuestan por una catalanidad que sume y no divida, que reivindique un pasaporte comunitario en vez de un pasaporte catalán.

Analizar la crisis de los socialistas en Catalunya exige hacer, aunque sea brevemente, un poco de historia. Desde el fracaso de Joan Reventós en 1980, originado en la, para mí, inexplicable cesión a Tarradellas de la Presidencia de la Generalitat provisional, el PSC ha tenido malos resultados en las autonómicas, aun en los momentos de máximo esplendor del PSOE. Derrotas producidas cuando el PSC estaba dirigido por el denominado sector catalanista. Reventós, Obiols y Nadal fracasaron estrepitosamente en tiempos mucho más dulces que los actuales para el socialismo. Sólo el desgaste de veinte años de gobierno de Pujol y la figura carismática de Pasqual Maragall consiguieron que, por fin, los socialistas catalanes accedieran a la Presidencia de la Generalitat. Pero tras tantos esfuerzos la gestión no estuvo a la altura de las expectativas. En parte, por un pacto con ERC que cedió a esta formación la orientación general del gobierno. En parte porque el nuevo Estatut fue un error estratégico que sólo generó frustración. La Presidencia de Montilla fue directamente un desastre. Continuó la dependencia y subordinación a ERC sin el contrapeso de la figura de Pasqual Maragall. Montilla perdió la oportunidad de visualizar una catalanidad distinta a la catalanidad-nacionalista dominante en Catalunya.

Con estos antecedentes, y con un partido burocratizado en que los lìderes más conocidos llevaban toda la vida al mando, se produce el último Congreso del PSC y la aparición de Pere Navarro como nuevo líder del socialismo catalán. La solución Pere Navarro es la expresión más clara de que el partido estaba esclerotizado, sin líderes sociales y políticos. Sólo viejos dinosaurios de la política y alcaldes con liderazgo local pero no nacional. En estas circunstancias, con un PSOE en horas bajas y sin ni tan siquiera ser parlamentario, las posibilidades de Pere Navarro eran casi nulas antes de empezar el partido. Sólo faltaba el trabajo de zapa del denominado sector catalanista y la propia incapacidad de Navarro para romper el seguidismo de CiU en temas como el pacto Fiscal, para completar un panorama sombrío que no lo ha sido más por la radicalización convergente. La decantación en favor de CiU y del soberanismo de los principales medios de comunicación catalanes, en especial los de la CCMA y el grupo Godó, han hecho el resto.

Este papel de voceros del poder de los medios catalanes llega a extremos de república bananera. El periodismo de investigación o de denuncia ha desaparecido de la prensa catalana. Hay que leer ‘El País’ para conocer los fraudes sanitarios o ‘El Mundo’ para tener acceso a documentos y comparecencias relacionadas con presuntos casos de corrupción. A falta de levantar noticias, los medios catalanes ni tan siquiera se hacen eco de hechos noticiables publicados en otros medios. Que De la Rosa o una excompañera de Jordi Pujol Ferrusola declaren voluntariamente ante la policía es una noticia al margen de que la investigación judicial ratifique o no la veracidad de sus denuncias. Si lo hubieran hecho acusando a Zapatero o Rajoy, incluso a la familia Real, la prensa de Madrid se hubiera hecho eco como ha pasado con los casos Gürtel, Campeón o Urdangarin. Aquí, silencio total, salvo en algunos digitales modestos como El Debat, que gracias a ello, eso sí, ha multiplicado por tres la audiencia en los últimos tres meses.

Pero volvamos a la crisis socialista. He relatado que todo ha confluido para que las elecciones hayan sido un rotundo fracaso para el PSC. Pero ampararse en las culpas de otros o en los malos resultados de CiU sirve como mucho para parapetarse en el poder, pero no para afrontar los retos de futuro.

¿Y ahora qué? Desde luego, la solución no pasa por la vuelta atrás. Por recuperar en primera línea a los que han fracasado durante décadas y que desaprovecharon la oportunidad histórica del Tripartito. Pero tampoco sirve el resistencialismo a la espera que escampe. El PSC debe plantearse como primera medida recoger savia nueva y volver a conectar con los sectores sociales que históricamente le han dado su apoyo, así como con aquellos que, en palabras de Duran, han quedado huérfanos por la deriva independentista de CDC.

El PSC debe abandonar definitivamente sus dudas metafísicas, sus dos almas, y ponerse al frente de aquellos catalanes que apuestan por una catalanidad que sume y no divida, que reivindique un pasaporte comunitario en vez de un pasaporte catalán. Que apueste sin reservas por una Unión Federal Europea que supere los estados-nación actuales. Nada de aislamiento, ni aventuras insumisas. Nada de crear microestados incapaces de afrontar los retos de la globalización.

El PSC debe, paralelamente, implicarse de verdad en afrontar la crisis económica al lado de los más débiles. Eliminando organismos inútiles y gastos no prioritarios, pero no cargándose el estado del bienestar. Proponiendo planes de choque contra el paro. Apoyando a los empresarios, los únicos que, en estos momentos, pueden crear empleo. El PSC debe dejarse de discursos genéricos y defender medidas concretas.

Sin duda Navarro tiene mucho trabajo y poco tiempo. A nivel español, el PSOE lo tiene más fácil, porque a pesar de sus carencias no se ha roto todavía el bipartidismo. Pero en Catalunya, sí. Remontar es mucho más complejo, y ya no depende de que el PSC lo haga bien, sino de que otros partidos emergentes sepan o no ampliar sus fronteras. El PSC, en palabras de Puigvert, ha hecho de airbag en la sociedad catalana. Esto ya no sirve. Ahora hay que ver quien lidera una sociedad que apuesta por una identidad única pero plural, por un país democrático sin clanes, ni clientelismo ni monopolios de poder. Capaz de apostar por una Europa unida y que deje de recrearse en el victimismo como coartada para la inacción de sus gobernantes. Quizás demasiado para las fuerzas que parecen tener los socialistas catalanes.

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