Francesc de Carreras. Blog de Ciutadans: Las victorias de ERC

 … un nuevo Estatut que, según los ingenuos socialistas, acabaría con las reivindicaciones catalanas durante mucho tiempo sin calcular que sucedería todo lo contrario: el proceso estatutario, que duró hasta el 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional, en realidad lo que hizo fue aumentar el techo de las reivindicaciones nacionalistas. En efecto, tras la previsible sentencia, el independentismo cobró nueva fuerza…

OPINION publicada por La Vanguardia el 19/12/2012  

En definitiva, ERC ha ganado la partida mediante una estrategia basada en el efecto emulación con CiU y con la complicidad de la miopía política de los socialistas

Desde la perspectiva actual, si analizamos los doce últimos años de la vida política catalana, la estrategia llevada a cabo por ERC es la que ha resultado triunfante, a pesar de tratarse de un partido con una representación parlamentaria relativamente modesta. Estas son las razones que me llevan a esta conclusión.

Si nos situamos en las elecciones catalanas de 1999, las últimas que ganó Jordi Pujol, ERC era el único partido que en su programa proponía la independencia de Catalunya. CiU sólo pretendía oficialmente una mayor autonomía, el PSC un vago e inconcreto federalismo e IC se centraba en problemas sociales. Tras estas elecciones, los socialistas cambiaron de estrategia y dieron el paso más equivocado de su trayectoria política: reformar el Estatut para intentar atraerse a ERC y así, junto a IC, alcanzar una mayoría suficiente con el objetivo de que Maragall llegara a ser presidente de la Generalitat.

En este periodo 1999 -2003 tuvieron lugar dos hechos clave cara al futuro. En primer lugar, CiU y ERC comienzan una carrera sobre quién es más nacionalista. A medida que trascurría este periodo, los sondeos iban dando un trasvase de votos de CiU a ERC, como en 2003 confirmaron las urnas. Este efecto emulación será uno de los motores de la política catalana que ha conducido a la situación actual. En segundo lugar, con el primer tripartito, ERC ocupó un importante número de conselleries, pasó ser un partido respetable y, además, decisivo para formar Govern. De estar en los márgenes del sistema, ERC pasaba a ser un componente de una nueva centralidad: el nacionalismo comenzaba a desplazarse hacia el independentismo.

El periodo siguiente, 2003-2010, tiene dos rasgos básicos. En primer lugar, un extraño Govern tripartito con un objetivo principal: aprobar un nuevo Estatut que, según los ingenuos socialistas, acabaría con las reivindicaciones catalanas durante mucho tiempo sin calcular que sucedería todo lo contrario: el proceso estatutario, que duró hasta el 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional, en realidad lo que hizo fue aumentar el techo de las reivindicaciones nacionalistas. En efecto, tras la previsible sentencia, el independentismo cobró nueva fuerza.

En segundo lugar, en cuanto a obra de gobierno, el tripartito quiso dar un giro a la izquierda con el aumento del gasto en políticas sociales. Con la crisis económica desatada en 2007-2008, la deuda pública aumentó exponencialmente y, en conjunto, los dos gobiernos tripartitos dejaron en la sociedad catalana una imagen de incompetencia y mal gobierno. En las elecciones del 2010, buena parte del voto nacionalista que se había desplazado en el 2003 de CiU a ERC volvió a su origen. Los republicanos alcanzaron un pésimo resultado electoral pero para que ello sucediera CiU tuvo que asumir muchos de los postulados de ERC, sobre todo, con denominaciones variadas y no de inmediato, la independencia de Catalunya.

El planteamiento de CiU para el periodo 2010-1014 fue claro desde el principio. Primero, el llamado pacto fiscal en la línea del concierto económico, una opción que sabían que no era posible, ni constitucionalmente ni en el plano de la realidad, pero que le serviría al Govern para encubrir durante cuatro años, mediante el victimismo, dolorosas e impopulares reformas económicas y sociales.

La excusa de la mala financiación de Catalunya -el tan repetido y demagógico “España nos roba”, que tanto ha calado- serviría también para otra finalidad: retrasar en lo posible tomar decisiones sobre la independencia de Catalunya que, si bien era deseada por las bases del partido y buena parte de la dirección, era rechazada por muchos de sus habituales votantes. Todavía había que dejar que pasara un tiempo para convencer de la independencia a los indecisos. La disputa con el Gobierno del Partido Popular sobre el pacto fiscal estaba programada que se alargara, por lo menos, hasta fines del 2013.

Sin embargo, el 11 de septiembre pasado, la gran manifestación a favor de la independencia irrumpe en la escena política catalana. Surgen dudas en CiU: ¿la encabezamos o sólo intentamos controlar sus efectos? Se inclinan por lo primero, liquidan el pacto fiscal y convocan elecciones. Olvida CiU que la manifestación, con una componente social muy variada, es un triunfo de ERC, los independentistas de verdad, de toda la vida. Los oscilantes votos nacionalistas que pasaron de CiU a ERC en el 2003 y fueron retornando progresivamente al redil de CiU en el 2006 y, sobre todo, en el 2010; ahora han vuelto a desplazarse hacia ERC.

En definitiva, ERC ha ganado la partida mediante una estrategia basada en el efecto emulación con CiU y con la complicidad de la miopía política de los socialistas, los auténticos perdedores de estos últimos doce años. Ahora CiU se encuentra literalmente atada, a ERC, sin posibilidad de escape. El PSC se abrazó a ERC en el 2003 voluntariamente; mediante las elecciones pasadas, CiU quería escapar a este abrazo del oso pero el mal resultado no le deja otra opción. Enredada en sus errores, la formación de Artur Mas puede correr con el tiempo la misma suerte que los socialistas. Estratégicamente es una victoria de ERC.

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