LA BUTIFARRA, por Joaquin Leguina

El PSC fue liderado en sus orígenes por los hijos ilustrados de la pequeña -y no tan pequeña- burguesía… que luego se vieron desplazados por los mozárabes (hijos “integrados” de inmigrantes)… Estos dirigentes, mal que bien, fueron capaces de atraer a buena parte del voto charnego haciendo como los teros, que “en un lao pegan los gritos y en otro ponen los huevos”.

No sé por qué, pero siempre que Artur Mas habla de independencia me viene a la cabeza el nombre de Félix Millet. Millet, el “ciudadano que nos honra” (en 2008 Montilla le dio este título). También se le otorgó la “Creu de Sant Jordi” (Pujol) y la llave de Barcelona (Maragall); era la quintaesencia de la cultura oficial catalana. Una persona de bien. Empero, Millet, aparte de sueldos y dietas millonarias y de bodorrios de hijas, puso en la calle Verdaguer i Callí un nidito de amor mercenario, y todo por cuenta del Palau de la Música.

Millet se lo llevó crudo (se calcula que entre  20 y 30 millones de euros) y aún le sobró para darle su “parte del negocio” al CDC de Artur Mas. En esto Millet era un digno representante de la Cataluña que no responde ante los ciudadanos ni ante Dios ni ante la Historia. Sólo responde ante sí misma.

Millet sostenía que en Cataluña “siempre han mandado cuatrocientas familias”, cuyos miembros fueron franquistas leales (y prácticos) para pasarse luego, sin cambiarse de desodorante, a servir al nacionalismo con “alma, corazón y vida” (convicciones firmes, pero cambiantes). Ésa es la Cataluña a la cual los charnegos del PSC (Montilla y compañía) siempre quisieron pertenecer.

El PSC fue liderado en sus orígenes por los hijos ilustrados de la pequeña -y no tan pequeña- burguesía: los Raventós, Serra, Maragall, Obiols… que luego se vieron desplazados por los mozárabes (hijos “integrados” de inmigrantes): los Montilla, Manuela de Madre, Zaragoza, Carme Chacón… Estos dirigentes, mal que bien, fueron capaces de atraer a buena parte del voto charnego haciendo como los teros, que “en un lao pegan los gritos y en otro ponen los huevos”. Es decir, con una mano recogiendo los votos de las zonas industriales y con la otra haciéndole el juego al nacionalismo.

Uno de estos “socialistas”, Bartomeu Muñoz, alcalde de Santa Coloma de Gramenet, hizo colla con Maciá Alavedra y Lluís Prenafeta (íntimos amigos de Pujol) y juntos se levantaron un chorro de millones. Es lo que tiene el “hecho diferencial”: mientras que en otros lugares de España los corruptos de un partido no roban junto a los de otro partido, en Cataluña “afanan” todos juntos.

No sé si fue a causa de ese y otros escándalos o fue el desastre del Tripartito, el PSC no quiere ya a Montilla y Cía. Ahora, en plena crisis de identidad y liderazgo, los socialistas catalanes tendrán que escoger entre “la independencia” y sus votantes. Duro dilema.

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