Unionistas o secesionistas

Artículo de Carmen Leal en La Voz de Bcn

CiU con el agua al cuello, al borde de la quiebra, con su sede embargada y sin poder pagar nóminas y mantener sus múltiples fundaciones, asociaciones, paniaguados varios, publicaciones, subvenciones y aledaños, porque no hay dinero, dada la mala gestión, el despilfarro y la obsesión identitaria amén del latrocinio encubierto, se ha dado un salto cualitativo hacia no se sabe dónde. Cada día nos enteramos de un nuevo caso de corrupción…

Las elecciones autonómicas de Cataluña del día 25 de noviembre añaden al eje tradicional izquierda/derecha de los partidos otro más importante y trascendente para todos los españoles: el de los partidarios de la independencia de Cataluña, los secesionistas, y los que quieren seguir en la Cataluña de España, los unionistas. ¿Qué razones ha tenido esta clase política para plantear a los votantes catalanes esta última disyuntiva? Nada más y nada menos que la economía.

Viéndose CiU con el agua al cuello, al borde de la quiebra, con su sede embargada y sin poder pagar nóminas y mantener sus múltiples fundaciones, asociaciones, paniaguados varios, publicaciones, subvenciones y aledaños, porque no hay dinero, dada la mala gestión, el despilfarro y la obsesión identitaria amén del latrocinio encubierto, se ha dado un salto cualitativo hacia no se sabe dónde. Cada día nos enteramos de un nuevo caso de corrupción: las cuentas en Suiza de la saga Pujol, Mas y sus cuentas en Liechtenstein de dudosa procedencia.

Todo esto ha conducido a una bancarrota sin precedentes y el señor Mas ha pedido más dinero al Gobierno de España: ‘pacto fiscal’, lo llama. Contestación de Rajoy: ni hay dinero, ni aunque lo hubiese lo permite la Constitución. Solución de CiU con el señor Mas a la cabeza: compartir la bandera independentista con ERC y envolverse en ella a partir de la Diada de septiembre pasado. Con los votos de CiU y los votos que “me presta” ERC se alcanza una mayoría y a seguir mandando y mangoneando.

Se abre la vía de la independencia mediante referendo (¡sea legal o ilegal!). Hay tiempo hasta 2014, fecha señalada por la Historia, y mientras tanto ¡a ver que pasa!, si salimos o no de esta y, ante la coyuntura de una España inmersa en una crisis económica e institucional sin precedentes, se aprovecha la ocasión. Estrategia irresponsable . Así que los ciudadanos catalanes nos encontramos con las siguientes opciones:

Independentistas: ERC, que siempre ha sido independentista declarada; CiU, independentista sobrevenido y ahora abanderado mesiánico del independentismo, y un PSC (ausente el PSOE) dividido en al menos tres grupos. A saber: los independentistas declarados, los secesionistas de Maragall y los federalistas minoritarios que no saben a qué federación miran. Estos grupos nos llevan irremediable e irresponsablemente hacia una declaración unilateral de independencia mediante un referendo a todas luces ilegal. Un pasaje a no se sabe dónde y sin vuelta atrás.

En el otro extremo de la línea de votación tenemos los partidos unionistas: PP, Ciudadanos y UPyD (¿e Izquierda Unida?). El PP, siempre partidario de la permanencia de Cataluña en España, tiene que hacerse perdonar las innumerables veleidades en torno a los derechos de los hispanohablantes y las amistades peligrosas con CiU, apoyando presupuestos o absteniéndose en ocasiones y poniéndose de perfil en otras por mor de la gobernabilidad. Ciudadanos, siempre constitucionalista, y defendiendo los derechos de todos los catalanes, sean de la lengua que sean, en el Parlamento autonómico con eficacia y valor. UPyD, partido de ámbito nacional, sin hipotecas ni pactos previos, con Rosa Díez a la cabeza, que tiene una línea de actuación clara, coherente e igual en todas las CCAA. ¡Fuera privilegios! Ni de clase ni territoriales. Su lema de esta campaña, ‘contra la independencia’, no puede ser más claro y contundente.

Así que la ciudadanía optará con su voto en las urnas del día 25 de noviembre por la permanencia de Cataluña en España o por la secesión. Unionistas o secesionistas. Lo curioso es que los secesionistas no explican las consecuencias de su proposición. Solo indican las imaginarias e innumerables ventajas económicas y hasta físicas, porque viviremos más, no tendremos cáncer, mejorarán las pensiones y ataremos los perros con longanizas. Se niegan a aceptar las declaraciones de las distintas autoridades europeas, que repiten una y otra vez la salida inmediata de la UE de la utópica Cataluña independiente, de la pérdida del mercado español, de la huida de empresas y empresarios, de la imposibilidad de jugar en la Liga española de fútbol, etc.

Pero los ciudadanos catalanes sabemos que quienes votan secesionismo son aquellos que esperan, si no medrar fraudulentamente, que hay de todo, al menos mantener ‘el puesto de trabajo autonómico’ tan bien remunerado y/o seguir con los trapicheos de siempre (Banca Catalana, caso Millet, el 3%…) porque son ‘de los nuestros’, de las familias ‘de toda la vida’.

Los otros, los unionistas, los que quieren la permanencia de Cataluña en España por historia, afecto y cultura, que los nacionalistas llaman ‘fascistas’, ‘españolistas de mierda’, ‘enemigos de Cataluña’, hispanohablantes y asimilados, estos no pueden votar la opción independentista. Sospechan que si hay una mayoría parlamentaria secesionista, se iniciará una fase de exaltación patriótica independentista que llevará aparejada la inseguridad jurídica y personal para los unionistas. ¿Les negarán sus derechos, y no solo los lingüísticos? ¿Les colocarán una estrella amarilla en la espalda? ¿Sus bienes serán respetados? ¿Asistiremos a la reacción ‘espontánea y jubilosa’ de las juventudes independentistas en una segunda ‘noche de cristales rotos’ en el cinturón industrial de Barcelona? ¿Se extenderá la sospecha y el recelo entre los ciudadanos? Este panorama puede parecer exagerado para el día después. Los nacionalismos exacerbados son capaces de estas y otras desmesuras, la Historia de Europa lo demuestra. Lo cierto es que se agudizará la separación, el desencuentro entre la población catalana: unionistas contra secesionistas.

Cuentan que a Jordi Pujol le preguntaron hasta cuándo iba a seguir la ‘normalización lingüística’ y la presión por el uso del idioma catalán a la población castellanohablante. La contestación fue la siguiente. “Mientras la cohesión social se mantenga”. Pues mire usted por dónde, la cohesión social ya se ha roto. Los unionistas, esos fascistas, enemigos de Cataluña, que hablan español, cantan jotas y bailan sevillanas, muñeiras o sardanas, no van a huir de Cataluña carretera adelante hacia Valencia o Aragón con el hatillo de las pertenencias sobre la cabeza. Nos quedamos en nuestra tierra, porque Cataluña también es nuestra y de todos los españoles, y vamos a luchar por nuestros derechos con todas las armas legales que tenemos. Y si estas no bastan pasaremos a mayores. No es una amenaza, es una realidad histórica.

No nos van a hacer elegir entre pasaporte español o catalán, vamos a hablar en una u otra lengua oficial cuando queramos y con quien queramos. Ondeará la bandera rojigualda en las fiestas de la nación española y se cantará el himno de España en cualquier evento que los ciudadanos deseen y hasta con letra ¡que ya circula por la redes sociales! Porque si ustedes, los secesionistas, van a emprender el camino de la independencia vulnerando las actuales leyes, no esperen que los unionistas acaten las suyas. Ciudadanos de Cataluña, mediten bien su voto. Nada está decidido. Hoy, ahora, las cartas están sobre el tablero. ¡Hagan juego, señores!

Carmen Leal es profesora de Lengua y Literatura españolas

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