Web de Ciutadans:PSC, cerrado por derribo(Javier Montilla)

Web de Ciutadans: PSC, cerrado por derribo (Javier Montilla)

Cuando se gobierna con los separatistas, se pastorea con el nacionalismo, se machaca todo lo que huela a español y se multa a los comerciantes que osen rotular en una de las dos lenguas constitucionalmente oficiales en Cataluña, se pierde el oremus y se naufraga en la nada.

OPINION publicada por Diálogo Libre el 30/10/2012  

Cuando el socialismo convierte a la nación catalana como sujeto político principal y el discurso y la hegemonía política se fundamentan en la primacía de la identidad, se pierde el norte

No se sabe qué resulta más ofensivo. Que el PSC ande envuelto en una esquizofrenia ideológica de difícil salida o que el cadáver socialista se pasee por los micrófonos y los platós sin reconocer su fracaso. La magnitud de la tragedia así lo requiere. Menos mal que Rubalcaba siempre está ahí para aclarar la situación y sólo ha necesitado, como Sabina, un par de días y tres noches para salir de su escondrijo y decir que no ha pasado nada por haber perdido el 40% de los votos en Galicia y el 30% en el País Vasco. La poltrona es demasiado suculenta para que algunos se planteen abandonarla. Acaso el entierro definitivo venga cuando en la noche del 25-N se empiecen a abrir las urnas catalanas y se cuenten los votos socialistas. No hará falta un gran esfuerzo intelectual y una concentración supina. Los votos no brillarán por exceso.

Sin embargo, parece que a algunos les repele oír hablar de soluciones o no quieren reconocer sus errores. Está claro que la capacidad de la política para inducir a la amnesia es sorprendente y en boca de un miembro del PSC una costumbre. Pero la clave de semejante desastre no es otra que, el otrora partido fundamental en la política española, no sólo ha llevado a la ruina a este país –para que Rajoy la remate- sino que ha dejado de ser, o al menos parecer, un partido nacional sin complejos. En realidad, en su eterno viaje para intentar acabar con el PP -pinzas electorales y Pactos del Tinell de por medio-, el PSC ha perdido su identidad por el camino y, por añadidura, el apoyo en las urnas.

Curiosa opinión que tienen de un electorado al que han ninguneado para ser la comparsa del separatismo y el nacionalismo en Cataluña y el gran valedor de la legalización del brazo político de ETA. No sólo no tiene nada que decir sobre la España constitucional, sino que contribuye a su liquidación. Ya se sabe que España es un concepto discutible y discutido, que dijo el filósofo Zapatero. Y ello puede que le haya reportado algún voto de algún socialista revoltoso, pero lo ha alejado de lo que siempre defendió su electorado: una izquierda y una socialdemocracia furibundamente nacional.

Cuando el socialismo convierte a la nación catalana como sujeto político principal y el discurso y la hegemonía política se fundamentan en la primacía de la identidad, se pierde el norte y se pierden los principios. Cuando se gobierna con los separatistas, se pastorea con el nacionalismo, se machaca todo lo que huela a español y se multa a los comerciantes que osen rotular en una de las dos lenguas constitucionalmente oficiales en Cataluña, se pierde el oremus y se naufraga en la nada.

Poco puede extrañar, pues, que en su lenta agonía, el PSC ande por Bruselas firmando cartas, jugando al federalismo asimétrico, simétrico o al derecho a decidir. O que vean fantasmas bélicos donde no los hay y creyendo que a la Armada Española le quedan dos telediarios para invadir Barcelona. Semejante desvarío hará sin duda que las conversaciones de los círculos privados de los Obiols, Serra, Raventós, Maragall y cía. -ese exclusivo grupo de familias catalanas que han vivido muy bien a costa del voto charnego del cinturón rojo-, estarán tomando café en algún bar de la Bonanova, pensando que la Legión y su cabra están ya a las puertas de Fraga, listas para salvaguardar la unidad nacional. Eso sí, nada de dedicar ni un minuto de por qué el cadáver socialista aún está caliente. Será bueno recordarle, pues, los versos de César Vallejo,  “Pero el cadáver, ay, siguió muriendo.” Y el PSC sin enterarse, oiga.

 

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