Este viejo y nuevo partido

Hoy, muchos socialistas están inquietos  y desanimados. Lo expresan en privado, en las charlas de las Casas del Pueblo, en las redes sociales y, algunos, los que pueden, en los medios de comunicación. Es decir, hacen lo mismo que cualquier ciudadano. Los socialistas no viven en guetos aislados de la sociedad.

Eduardo Sotillos en Diario Progresista> 27/10/2012  

  En 1979 la Editorial Pablo Iglesias, bajo la dirección de Alfonso Guerra publicó un grueso libro con el título de este comentario. Debiera ser de lectura obligatoria en las Agrupaciones como recordatorio de un momento decisivo pero, también, como guía para perplejos que intentan buscar soluciones inéditas a problemas ya vividos y en circunstancias bien difíciles en la historia del socialismo español.

Ese libro, por ejemplo,  enfatiza que “La organización interna del Partido Socialista se fundamenta sobre el principio de la democracia. Para los socialistas es una contradicción insalvable pretender ofrecer al pueblo un modelo democrático de sociedad si se mantiene una estructura orgánica, no democrática”. Con todas las imperfecciones que puedan denunciarse, objetivamente es cierto que ese sentido democrático es una seña de identidad en el PSOE. También es cierto que no han faltado ocasiones en las que el grito de “cerrar filas” se ha impuesto al deseo de expresar discrepancias, sobre todo en periodos de debilidad, pero miles de hombres y mujeres, comprometidos voluntariamente con un proyecto político del que aspiran a ser protagonistas activos y por el que sacrifican horas de ocio, que pagan cuotas, y se identifican como militantes en las campañas electorales incluso cuando el ambiente no es favorable, tienen el legítimo derecho a expresar su preocupación y su disgusto si entienden que el rumbo de “su” barco no es el adecuado.

Hoy, muchos socialistas están inquietos  y desanimados. Lo expresan en privado, en las charlas de las Casas del Pueblo, en las redes sociales y, algunos, los que pueden, en los medios de comunicación. Es decir, hacen lo mismo que cualquier ciudadano. Los socialistas no viven en guetos aislados de la sociedad. Sufren cada vez que un amigo o un familiar les amenazan con que ya no van a escoger sus papeletas y sufren, todavía más, cuando comprueban que han cumplido la amenaza. Lo confesaba Pérez Rubalcaba, Secretario General del PSOE,  en su comparecencia para analizar los resultados de Galicia: “No nos han visto como alternativa de gobierno” Además, podríamos añadir, tampoco nos han visto como gobierno en Euskadi, a pesar de la innegable buena labor de Patxi López. Ni nos vieron como gobierno en las generales, que nos condenaron a soportar la mayoría absolutísima de Mariano Rajoy.

Ha pasado un año desde entonces y es lógico que parezca urgente arbitrar soluciones. Se dirá que ahora tampoco es el momento, en vísperas de la convocatoria electoral de Cataluña. Pues disiento: las cartas en Cataluña ya están echadas y sólo un mensaje distinto al actual, una clara señal de cambio, podría recuperar parte de la ilusión perdida. Una derrota significativa en Cataluña ahondará la crisis en el socialismo español, y ya no serán creíbles los mensajes de prudencia ni las apelaciones a la reflexión. Cuando se produce un accidente se acude a Urgencias y no se pide hora a unos especialistas para el año que viene.

Ha dicho Rubalcaba que espera que en la próxima reunión del Comité Federal se le digan todas las objeciones cara a cara, y que será a puerta cerrada para que los miembros puedan expresarse con libertad. Quiero pensar que esa reserva está pensada para impedir que los argumentos expuestos en la reunión no puedan ser utilizados por los adversarios políticos del PSOE como munición, pero dudo mucho de que los discursos no trasciendan y, aún más, no me parece mal que la militancia, de la que son representantes los miembros del Comité, tenga acceso a ese debate y pueda así valorar las distintas intervenciones, ayudando a conformar su juicio sobre los dirigentes electos. Más vale la transparencia que la filtración interesada. Que se produce. Defendí-y perdí- la propuesta de que los Comités Regionales del PSM fueran abiertos, así que poco espero de esta sugerencia.

Me felicito porque Rubalcaba ofrezca sus puertas abiertas a todos y cada uno de los militantes para escuchar sus propuestas. Técnicamente no es posible, claro, aunque pido hora. No habría tiempo para otra cosa. Y tampoco hace falta. Las ideas de los militantes tienen su cauce orgánico. De abajo a arriba. Colectivamente. Y en el siglo XXI, inexorablemente, a través de las redes sociales o en los medios de comunicación donde a diario seguimos las declaraciones de personajes y personajillos políticos. Ya no se pueden poner puertas al campo, ya no es posible monopolizar el discurso gracias al control amistoso de algún medio de comunicación. Aquel diseño es un sueño. Para algunos, una pesadilla.

Produce risa la hipócrita preocupación de la derecha política y mediática por la debilidad del PSOE. Descalifican constantemente el liderazgo de Rubalcaba, pero con la misma contundencia desprecian cualquier nombre que pudiera apuntarse como alternativa de futuro. Es un juego demasiado burdo para entrar en él, cayendo en la tentación de buscar alianzas contra natura. El liderazgo en el socialismo debe surgir desde las bases, en abierta competición de ideas. Es el momento de fomentar ese camino. Así surgieron quienes en 1979 consolidaron este “viejo y nuevo partido”…aquellos chicos desconocidos, sin experiencia, que aterrizaron en Suresnes. Hoy es más fácil: no tienen que salir de la clandestinidad. Formalmente.

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