Socialistillas y socialistillos

No me resisto a referir algunas de las curiosidades que he visto en el manifiesto: en sus 9 páginas se menciona la palabra “poble” 9 veces y la palabra “nació” 31 veces (3,4 veces por página); todas las palabras que empiezan por Catal- o catal suman 79 veces (8,8 veces por página. Todo un récord); todas las palabras que empiezan por social- o sociald- suman la friolera de 3 veces).

Artículo de Arturo Moreno (*)

No sé en qué Congreso del PSC se cayó del texto de los Estatutos la palabra “classe” (sin adjetivos o con los habituales “obrera”. “treballadora”, “burgesa”, etc.). Lo cierto es que en los Estatutos que se aprobaron en 2011 ya no aparece, con ese sentido o con cualquiera de los adjetivos aplicables, ni una sola vez. Pero es que buscas cualquier palabra que comience con “treball” encuentras algunas pero ninguna que tenga relación ni cercana ni lejana  con los conceptos “trabajadores” o “clase trabajadora”.

Bueno, remontándome al inicio, el manifiesto de los 140, el último -por ahora- trompazo que me han dado en este tiempo convulso, me ha llevado a querer revisar los Estatutos del PSC para intentar ver hasta qué punto los firmantes del manifiesto continúan dentro del partido, o no. La primera sorpresa es que no existe una traducción al castellano de los Estatutos. Presentan las portadas de ambas opciones  pero cuando pulsas sobre la opción castellana te sale la catalana. Debe ser que no hay dinero para hacer la traducción…

La segunda sorpresa es la que anunciaba al inicio: la desaparición de cualquier uso de palabras relacionadas con “clase trabajadora”. Con gran preocupación busqué los Estatutos del PSOE y, aunque no hay demasiadas referencias a eso de la “clase” y de la “lucha de clases”, sí hay, al menos, una definición clara y precisa en su Art. 2: “El Partido Socialista Obrero Español es una organización política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos.”.

Volviendo al PSC, viendo aquello empecé a explicarme unas cuantas discusiones con compañeros de agrupación sobre si el concepto de “clase” tiene aún vigencia o no la tiene. Varios de ellos, más o menos “aparato” o cercanos al aparato, sostenían que ya no existe ese concepto o, al menos, que ya no hay gente que se sienta como perteneciendo a la clase obrera o trabajadora. En aquellos momentos las colas en las Oficinas de Empleo ya se iban alargando y los “indignados” ocupaban ya las plazas. Yo les preguntaba a mis compañeros que qué buscaban los parados en las colas del paro o los jóvenes indignados que aún no tuvieron su primer empleo, es decir, su primer trabajo. Claramente eran trabajadores, con más o menos conciencia de serlo pero en vísperas de adquirir esa conciencia por vía dolorosa. Pero también era y es claro que hay una doctrina oficial en el seno del PSC en el sentido de la desaparición de las clases. Puede que porque vaya en contra de las tendencias “modernas” hacia la transversalidad nacionalista o no.

Me pregunté entonces por el sustituto del concepto de “clase trabajadora” y me dí de bruces con la Revolución Francesa con unos toques de modernidad: “El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE) és una organització democràtica d’homes i dones que comparteixen els valors de la llibertat, la igualtat, la justícia social, la sostenibilitat, la solidaritat, l’internacionalisme i la pau, així com els objectius de la defensa de l’estat del benestar i la protecció del medi ambient.”  Para lo que ahora me interesa, me quedo con los conceptos de “libertad” (supongo que en democracia), “igualdad”, “justicia social”, “solidaridad” e “internacionalismo”. Hay que suponer que los que estamos en el PSC, compartimos esos principios. Y también hay que suponer que mientras más arraigados y explícitos tengamos esos valores los militantes individuales más socialistas seremos y mientras más militantes compartan esos valores en sus grados más altos, más socialista será el partido. Y todo eso también puede funcionar a la inversa, como veremos enseguida.

Si sustituimos -con cierto rechazo- el concepto “clase obrera” por el concepto “organización democrática de hombres y mujeres que comparten los valores de tal y cual”, podemos intentar ver cómo encaja el Manifiesto de los 140 en los Estatutos del Partido. Empecemos por la “libertad” (en democracia). A mi modo de ver, mientras mayor es la población humana para la que deseamos ese valor de la libertad en democracia, mayor será el grado de esa libertad en democracia: si traspasamos capacidad de gobierno, por ejemplo, a la Unión Europea y ésta no funciona con libertad en democracia y no hacemos nada para evitarlo, nuestro valor de libertad en democracia se resentirá. Igual puede pasar si unas decisiones políticas que en su día se tomaron con libertad en democracia por los votantes de una población de 40 millones de personas, ahora no podemos, sin pérdida de libertad en democracia, aceptar que esas decisiones políticas se modifiquen ahora por los votantes de una fracción relativamente pequeña de aquellos 40 millones. Y ello con independencia de todos los conceptos sentimentales de “pueblo”, “nación”, etc. Y quienes sostienen esa última posibilidad y la propugnan, incluso a riesgo de fractura social y de fractura del partido, son, sin duda, menos socialistas de lo que eran antes.

Con la igualdad, la solidaridad y la justicia social, podemos decir casi lo mismo, En las condiciones actuales, esos conceptos se están aplicando sobre una población de más de 40 millones de personas (en España), más lo que se refiere a una población más reducida a la que se alcanza vía las iniciativas de cooperación al desarrollo en los diferentes niveles de la administración. Pero es evidente que a los firmantes del Manifiesto de los 140, lo mismo que a los representantes de las clases o capas sociales representadas por CiU, ERC e IC, eso les parece excesivo. Quieren arreglar las cosas de forma que el efecto redistributivo de la fiscalidad (por ley) se convierta en aportaciones voluntarias de mucha menor cuantía -si es que de alguna-, para el caso en que Cataluña sea independiente. Ahora no estoy hablando de balanzas fiscales y cosas similares, sino de lo que dicen nuestros Estatutos. Y de acuerdo con esto, los firmantes del Manifiesto son menos socialistas de lo que eran que antes de haberlo firmado.

El internacionalismo no quiere decir que hay que aumentar el número de naciones para tener más con quien cooperar, luchar en el mismo frente, ayudar, etc. Aumentar el número de naciones cuando este aumento no procede de la eliminación de situaciones de colonialismo, no puede hacer más que poner dificultades al internacionalismo que ahora nos interesa: el que desplaza hacia arriba la toma de decisiones en libertad y en democracia para cuestiones que afectan a más de una nación-estado, que son muchas en un mundo altamente globalizado. Los problemas, que los hay, por diferencias en el seno de una nación-estado por motivos de raza, lengua, religión, historia,  nivel de desarrollo, etc., es mejor intentar resolverlos dentro de cada nación-estado. Casi todos esos problemas tienen solución sin necesidad de dibujar nuevas fronteras aunque solo sea porque la historia nos enseña que frecuentemente, al dibujar una nueva línea en un mapa, acostumbra a manar sangre. Y por supuesto, porque si agrupamos las poblaciones de las naciones-estado según diferencias de lengua, raza, religión, etc. y a cada grupo puro o de mezcla de dos o más características, le creamos a cada grupo o grupúsculo conciencia de “pueblo” y de “nación” y suponemos que consiguen la independencia, el mundo global será prácticamente ingobernable y el internacionalismo habrá pasado a ser un concepto más de la historia. O sea, que a menos internacionalismo, menos socialismo y los firmantes del Manifiesto son menos socialistas de lo que eran antes de firmarlo.

¿Y cómo habría que llamar a los firmantes del Manifiesto? De forma no demasiado ortodoxa desde el punto de vista gramatical, yo les llamaría, cariñosamente, con las palabras que encabezan este artículo: socialistillos y socialistillas, para ellos y para ellas, ya que son algo menos socialistas de lo que exigen nuestros Estatutos. Casi sin quererlo el diminutivo de “socialista” se ha convertido en la unión de dos semipalabras: social- y listillo/a (que no aparece en el Diccionario de la Academia, pero sí en el Seco Serrano como diminutivo  algo despectivo de “listo”, que sí está en Diccionario de la Academia con una acepción de “sagaz” o “avisado”).

Entiendo que cuando el pueblo llega a detectar a un “listo” en el último sentido mencionado, lo bautiza como “listillo”. Muchas veces los listillos son tan sagaces que no son descubiertos en muchas de sus “actuaciones”. También muy frecuentemente los listillos llegan a creerse con derecho y mérito para conseguir los resultados de esas actuaciones y en los casos más extremos llegan hasta a despreciar a los que sufren las actuaciones de que se trate. En el caso de la lista que nos ocupa, tengo para mí que sí, que puede descubrirse algún listillo o listilla. Son especialmente algunos de quienes han tenido un cargo representativo y no han parado mientes en el hecho de que ese cargo lo han obtenido gracias a las cuotas y el esfuerzo militante de muchos afiliados a los que ahora dan de lado y que puede que no comulguen en absoluto con sus delirios nacionalistas; y a los votos de muchísimos inmigrantes (los ya famosos NRE “nacidos en el resto de España”) a los que ahora se ningunea sin tener en cuenta para nada sus sentimientos respecto al separación de Cataluña y a las dificultades y problemas que eso les puede acarrear.

¿Y el resto, no son listillos? Pues la verdad es que no lo sé. Pero si en transcurso de dos o tres años los vemos “mascarelleando”, pues resultará que sí, que también lo eran.

Me he quedado adrede en los primeros artículos de los Estatutos. No me resisto a referir algunas de las curiosidades que he visto en el manifiesto: en sus 9 páginas se menciona la palabra “poble” 9 veces y la palabra “nació” 31 veces (3,4 veces por página); todas las palabras que empiezan por Catal- o catal suman 79 veces (8,8 veces por página. Todo un récord); todas las palabras que empiezan por social- o sociald- suman la friolera de 3 veces). Sin embargo no he querido entrar en las contradicciones políticas que encierra el Manifiesto ni en su choque frontal contra más de un artículo de los mismos Estatutos. Nuestro primer secretario con un eclecticismo que no me atrevo a calificar, dice que en el PSC cabe todo. Si cabe todo, la realidad es como si no cupiera nada: o todo queda confundido en un magma en el que nada es identificable, o todo salta por los aires.

(*) Arturo Moreno. Militante socialista en la Agrupación de l’Eixample de Barcelona

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