DIADA IX – Los héroes del Onze de Setembre. Jesús Royo

       … me quedo en cama y si puede ser con mi amiga. Cada Onze de Setembre digo lo mismo: que desfilen ellos, que se inflamen ellos, que señalen airados a los traidores, que los empalen (metafóricamente, claro), allá ellos, yo me quedo en mi camita. Si tuviera que conmemorar algo, preferiría celebrar  a los héroes reales, los que me rodean a diario. Y hacerles la ola… 

Si lo escribiéramos “9-11 heroes” nos estaríamos refiriendo a los bomberos de NY, el año 2001, con las Torres Gemelas derrumbándose en medio de la Gran Nube de polvo y  fragmentos de papel. Para los chilenos el héroe del once de septiembre siempre será Allende (año 1973), que metralleta -y micrófono- en mano defendió la dignidad del poder democrático frente al traidor. Lean sus discursos en La Moneda, bajo la lluvia de fuego de los golpistas en http://www.ciudadseva.com/textos/otros/ultimodi.htm . Los catalanes llamamos héroes del Onze de Setembre a los defensores de la Barcelona sitiada por las tropas borbónicas, más allá de toda lógica (el Archiduque ya había renunciado al trono de España) y más allá de toda prudencia (el jefe militar Vilarroel manifestó al Consell que la defensa a ultranza no tenía ninguna posibilidad de éxito). Esa derrota, bajo un prisma romántico, lo transformó en un día de gloria: “Al fossar de les moreres no s’hi enterra cap traidor…”, que cantó el divertido poeta Serafí Pitarra.

Fueron héroes, sí, hicieron historia, de acuerdo, y como tal debemos honrarlos. Vale. Pero a un servidor, las soflamas encendidas, los desfiles y el himno con la mano en el pecho y los ojos entornados o directamente en blanco, me aburren soberanamente, Y como Georges Brassens, soberanamente no asisto a la fiesta: “le jour du 14 juillet je reste dans mon lit douillet”, me quedo en cama y si puede ser con mi amiga. Cada Onze de Setembre digo lo mismo: que desfilen ellos, que se inflamen ellos, que señalen airados a los traidores, que los empalen (metafóricamente, claro), allá ellos, yo me quedo en mi camita. Si tuviera que conmemorar algo, preferiría celebrar  a los héroes reales, los que me rodean a diario. Y hacerles la ola. No lucirían demasiado en piedra, pero son nuestros verdaderos héroes. Y ellos ni lo sospechan. Son, por ejemplo:

Amadou, salido hace un año de Mali con el sueño de Euopa en el cogote, sobreviviente al Estrecho en patera y vendedor del topmanta. A menudo tiene que huir de la policía: lo salvan sus piernas. Y su miedo.

Ahmed, alumno de ESO, hace seis años entró en la escuela catalana y no ha habido un solo día en que alguien no le haya recordado que es moro, o sea que su sitio está en la cola de la cola.

Jordi, enfermo de párkinson, con quien la Naturaleza ha tenido el sadismo de arruinarle el cuerpo y dejarle íntegra el alma: la inteligencia, la memoria, el deseo. Con su sonrisa parece pedirnos perdón por su deterioro.

Sergio, cinco años, al que la política lingïística nacional le ha privado de su derecho a educación en lengua materna: aunque él ni se imagina que tiene ese derecho.

José, que con el dinero que no tenía compró un piso que ahora vale la mitad: cada mañana se levanta sabiendo que la mitad de su jornada trabajará para saciar la voracidad de la trampa. Y eso para el resto de sus días.

Laia, anciana que confió los ahorros de su vida al prestigio de su cajabanco, y firmó no sé qué productos financieros que ahora resulta que no valen nada.

Iliana, que en Bulgaria se fió de una agencia que le prometía de trabajo fijo en Barcelona: y tan fijo, que está obligada a entregar todo el salario para pagar la deuda contraída. Encima, los ediles de la ciudad la consideran un peligro, un escándalo, por lo que le prohíben plantarse -eso significa prostituere- en la vía pública.

Martina, huida de la bancarrota del Ecuador hace quince años, ha cuidado a tres ancianos sucesivamente, llenando su vejez provecta de risas y bondad.

Li, con un crédito puso una frutería donde trabaja y vive (las dos cosas son para él lo mismo) con su familia: la gente del barrio le miran mal, porque arruina el comercio tradicional, dicen.

Marc, treinta años, con título universitario: en los últimos tres años ha trabajado  un total de seis meses como interino en la Administración. El resto hace lo que puede, que muchas veces es nada.

 Y así tantos y tantos héroes cotidianos, que sacan al país adelante con su afán. su orgullo, su tenacidad y su pundonor. O sin nada de ello: pero es igual, ahí están. Ellos son el país: un hurra por ellos. Si al menos los citaran el próximo Onze de Setembre, a lo mejor me sacudiría la pereza y acudiría. Aunque me conozo: tampoco lo prometo.

 Jesús Royo Arpón. Lingüista y Presidente de Ágora Socialista.

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