DIADA VII – La “diada” colmo. Arturo Moreno

… el concepto “patria” era casi el único con capacidad de sobreponerse al concepto “clase”. Y ya en la Asamblea de Catalunya la expresión “excluir a las formaciones de obediencia de Madrid” se aceptó, primero a regañadientes y después con progresivo acuerdo y beneplácito, por los partidos y organizaciones que allí tenían que haber representado los intereses de clase…

 “Creemos en la suprema realidad de España. Fortalecerla, elevarla y engrandecerla es la apremiante tarea colectiva de todos los españoles. A la realización de esa tarea habrán de plegarse inexorablemente los intereses de los individuos, de los grupos y de las clases.” (Punto 1 de Falange Española)

 “Dulce et decorum est pro patria mori”  “Dulce y honorable es morir por la patria” (de un poema de Horacio, usado por el aparato de propaganda de la Roma republicana e imperial)

“Dulce et decorum est pro patria mori, sed dulcius pro patria vivere, et dulcissimum pro patria bibere. Ergo, bibamus pro salute patriae” que en español dice, más o menos: “Dulce y honorable es morir por la patria, pero es mucho más dulce vivir por ella y más aún beber por ella. Por lo tanto, brindemos a la salud de la patria”

(brindis estudiantil del S. XIX)

Que se me perdonen el exabrupto de la primera cita y los latines de las otras dos. Pero es que hablar de la “diada” lleva inevitablemente a hablar de la patria, de las patrias. Y los de Falange Española, cuando en 1933 hablaban de España en esos términos, sin duda estaban hablando de la patria, a cuyo engrandecimiento habían de “plegarse inexorablemente los intereses de los individuos, de los grupos y ” -lo que es más importante- “de las clases”. En algún otro momento, a lo de “suprema realidad de España” añadieron lo de “España es una unidad de destino en lo universal”, que vaya frase más bonita y más vacía. Con una u otra frase, no se estaba apelando a la inteligencia del lector o escuchante, sino, por el contrario, a despertar emociones y sentimientos.

Si nos fuera dado disponer de un completísimo programa que se ejecutara en un potentísimo ordenador siendo capaz de extraer de uno o de varios textos largos las ideas esenciales contenidas en los mismos, no me cabe la menor duda de que a partir de unos o varios textos, escogidos al azar, producidos por las cabezas pensantes de Convergència o Esquerra Republicana, podría llegarse a algo muy semejante al Punto 1 de Falange Española. Sin tener un ordenador en mi cerebro ni un programa semejante, llegué, hace años a esa conclusión tras leer un texto relativamente largo del Muy Honorable Jordi Pujol.

Y si, en el colmo de la ficción científica, dispusiéramos de un programa mucho más completo y de un ordenador muchísimo más potente y ambos con capacidad de analizar los circuitos cerebrales de unos cuantos de los nacionalistas que han hecho suyo el PSC, también se obtendría un resultado semejante.

Y es que eso de las patrias es igual en todas partes. Y, en honor a la verdad, hay que decir que el concepto “patria” ha sido el gran hallazgo (la gran “troballa” para los de aquí) de los detentadores del poder político o de los que aspiraban a detentarlo. Y eso, al menos desde la Roma antigua. Tiene un par de mecanismos internos de enorme eficacia: uno es la apelación a la emoción, a los sentimientos, que hace que cualquier indocumentado pueda sentirse, además de importante, un gran patriota; el otro es su capacidad de establecerse frente a otra “realidad patriótica” o de generarla, en caso necesario.

Esos dos mecanismos han permitido la implantación de las ideologías patrióticas y el desarrollo, en la historia de la humanidad, de un sinnúmero de graves conflictos responsables, en su conjunto, de cientos o miles de millones de muertes. El patriotismo, los nacionalismos, compiten con las religiones para hacerse con el nada honroso título de epidemia más mortífera para los humanos.

Y eso para no hablar de lo que, de paso, han arrasado. Empezando por las luchas de emancipación y terminando por la lucha de clases. Solamente un par de ejemplos.

La Primera Guerra Mundial ha sido vestida de muchas formas, se han dado muchas causas para la misma. Pero si se mira desde el punto de vista de sus efectos políticos, el más importante fue la desaparición de la Segunda Internacional (las “internacionales” no han vuelto a levantar cabeza desde entonces) y la eliminación del peligro -para el capitalismo- revolucionario. Los partidos socialistas europeos tenían implantación nacional con un internacionalismo poco desarrollado e implantado. Sometidos a la “tensión patriótica”, por un lado, y a la represión policial/militar por el otro, sucumbieron al nacionalismo y apoyaron, cada uno, la guerra de su país, es decir, la guerra contra los socialistas de otros países.

El segundo ejemplo es mucho más cercano y sus escaramuzas llegan hasta nuestros días: discusión y votación en el reciente congreso del PSC de la cuestión del grupo parlamentario propio en el Parlamento estatal, votación en el Parlament con relación al pacto fiscal, participación o no del PSC y/o de sus militantes en los actos de la “diada” de este año (esta escaramuza se repite y agrava de año en año).

Para ver este  mismo ejemplo con perspectiva casi histórica tenemos que centrarnos en los años inmediatamente anteriores a la transición democrática, a la propia transición y a los años inmediatamente posteriores. El elemento esencial de cualquier análisis es que en la Catalunya de los años setenta y ochenta, se daba la mayor concentración obrera de todas las zonas o regiones de España. Había que controlar y eliminar las consecuencias políticas de esa concentración. Y, sin duda alguna, los que establecieron la estrategia inicial -que dura hasta nuestros días-, vieron que el concepto “patria” era casi el único con capacidad de sobreponerse al concepto “clase”. Y ya en la Asamblea de Catalunya la expresión “excluir a las formaciones de obediencia de Madrid” se aceptó, primero a regañadientes y después con progresivo acuerdo y beneplácito, por los partidos y organizaciones que allí tenían que haber representado los intereses de clase (socialistas y comunistas para simplificar y no perdernos en los recovecos que en un caso han terminado con una C mayor que una S, y el otro con la palabra “Iniciativa” (por Catalunya) para indicar la prevalencia de la patria sobre la clase, en el caso de los comunistas).

Hay que pensar, en el caso de estas dos formaciones políticas, que junto con infiltrados nacionalistas que en vez de emigrar a CiU o ERC se quedaron a dar su batalla desde dentro, hubieron, sin duda alguna, muchos militantes de buena fe pero un poco cegatos (me cuento entre ellos) que tardaron algo en ver hacia dónde se iba, que el destino a que llevaba tanto dar prevalencia a patria sobre clase, conducía inevitablemente a quedarnos huérfanos de apoyo de militancia y votantes y a dejar huérfanos a millones de votantes que hoy no saben a dónde mirar y que, tal vez, van a meter con algo de asco las papeletas del PP en las urnas. Y en el otro lado, ha producido el que la “diada” de este año se caracterice por haber llevado la patria hasta su extremo y a pedir/exigir la independencia. A ver qué somos capaces de hacer ahora los partidos que teóricamente aún somos de izquierdas.

Tengo que confesar que mi posición personal con relación a las “diadas” se ha ido entibiando con el paso de los años y con el aumento de la conciencia de lo que estaba pasando. Y en realidad, primero dejé de presentarme ante Don Rafael Casanova y su Archiduque. Y que desde hace algunos años no me manifiesto en esta señalada fecha. Creo que ya está bien y que por la patria es mejor vivir y sobre todo, beber algo. Este año brindaré para que se disipen los negros nubarrones que unos y otros nos ponen en el cielo.

Arturo Moreno es militante del PSC y miembro de la dirección de Ágora Socialista

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