DIADA V – José Luís Ruiz: NADA QUE CELEBRAR

Presenciar organizaciones y personas que se autodefinen de izquierda y demócratas asistiendo a un acto de exaltación ultranacionalista, propio de skinheads, neonazis y demás troupe kafkiana, resulta incomprensible para la mente humana y lo dice todo de la moral e ideales de los asistentes. 

Casi todos los pueblos irredentos del mundo tienen sus ídolos, fetiches y legendas, la mayoría de ellos inventados interesadamente, como referencia o mito para enorgullecerse de un pasado imaginario, de sus ensueños históricos, de su pertenencia a una clase privilegiada de la que afirman descender y, sobre todo, para fortalecer el sentimiento de patriotismo de sus ciudadanos.

Para su mera existencia, el nacionalismo necesita héroes, mártires, algo que mantenga vívo el sentimiento/imaginación popular, que sirva de catársis a sus adeptos para salir de sus propias miserias.

En Cataluña, para no ser menos, tenemos la Diada como fiesta de afirmación “nacional”… y un tal Rafael de Casanova, sin mucho pedigrí histórico que digamos, como máxima divinidad independentista de la región.

Resulta cuando menos sorprendente, que el ídolo escogido por el nacionalismo catalán haya recaido precisamente en uno de los personajes más irrelevantes de la história de Cataluña. En efecto, se venera y asciende a los altares a una persona casi anónima en su tiempo y sin ningún hecho histórico, militar o político, ni influencia decisiva alguna en los destinos del pueblo catalán que justifique su conversión en legenda.

Pero la irracionalidad del nacionalismo, y la falta de otro personaje más adecuado del que echar mano, le lleva a cometer barbaridades y estupideces más allá de los límites de comprensión humana.

Por eso es especialmente cierto aquéllo de que “el nacionalismo es el último refugio de los cobardes e ignorantes”. Pero también lo es de los desalmados, psicópatas, racistas, autoritarios, corruptos y chorizos de varios calíbres, como estamos presenciándo en la actualidad. Todos en comunión bajo la bandera que les guía hacia la “liberación”.

Sin embargo, el nacionalcatalanismo ha conseguido, en pocos años y contra natura, un hito histórico de consecuencia trascendental para el futuro político de esta comunidad autónoma: convertir en auto de fé la fiesta del 11 de Septiembre y la “perigrinación” al monumento de Casanova.

La ofrenda/homenaje a éste personaje que salió huyéndo de la batalla disfrazado de fraile y abandonándo sus seguidores a su suerte, se ha convertido en la máxima expresión de fidelidad y obediencia al nacionalismo local.

Pero lo que realmente tiene más mérito es la conversión cuasi religiosa al nacionalismo de todas las diferentes tendencias y fuerzas poíticas de la comunidad catalana. Este hecho es aún más importante teniendo en cuenta que el voto natural del nacionalismo en Cataluña no vá más allá de 30% del electorado y del arco parlamentario actual.

Esta situacíon anómala es, sin embargo, comprensible y justificable por el abandono y traición generalizada de las fuerzas de “izquierda” , y especialmente  el PSC, a sus postulados ideológicos, bases de votantes y abrazo sin reservas del nacionalcatalanismo.

Hasta qué extremos el nacionalismo ha conseguido absorber y aglutinar a las demás organizaciones políticas en torno al “hecho nacional” lo demuestra perfectamente el acto de avasallamiento anual de todos los partidos políticos, excepto Ciudadanos, ante la estátua de Casanova, ahora elevado a la categoría de profeta catalán.

Presenciar organizaciones y personas que se autodefinen de izquierda y demócratas asistiendo a un acto de exaltación ultranacionalista, propio de skinheads, neonazis y demás troupe kafkiana, resulta incomprensible para la mente humana y lo dice todo de la moral e ideales de los asistentes.

De todas formas, la capacidad de sorpresa ha desaparecido completamente del panorama político catalán hace bastante tiempo. Sino, cómo explicar que hasta  el  PP, enemigos acérrimos del nacionalismo separatista, se hayan avenido a participar en este esperpéntico ritual patriotero/catalanista.

En retrospectiva, al autor de este artículo siempre le extrañó que el PSC pusiera tanto énfasis en participar actívamente en las “Diadas”. Aún participàndo personalmente hasta 1977, siempre tuve la sensación, de que los socialistas estábamos siendo burdamente manipulados por el nacionalismo de nuevo cuño que empezaba a ganar fuerza en esos últimos años del franquismo y primeros de la democracia.

Al transcurrir de los tiempos mis sospechas fueron cristalizando en irrefutables verdades sobre la utilización de las fuerzas de izquierda en la vertebración y sustento del nacionalismo catalán.

Por patético que parezca, el PSC se prestó desde el principio para hacer de sublíme palanganero del nacionalismo, escribiendo así el primer capítulo de su largo recorrido en su apostasía socialista.

¡Y pensar que muchos “socialistas” cometieron semejante despropósito solo para que les dejaran salir en la foto!

 El colmo del absurdo…..

 José Luís Ruiz es miembro de Ágora Socialista.

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