Un psiquiatra para el PSC

                       

                      Jesús Royo en La Voz de Bcn> 2/9/2012

‘Un partido en el que el 80% de la militancia es castellanohablante, ¿por qué tiene que avergonzarse de hablar castellano, tratarlo como lengua extraña -extranjera-, considerarlo como un defecto, una anomalía, como si fuera una tara, algo sucio, o simplemente inferior? ¿Es menos catalán hablar en castellano? ¿Ah, sí?’.

Si quieren darse un panxot de riure, y a la vez disfrutar de la ironía liviana de un intelectual de calado, lean la polémica entre el doctor Ángel de la Fuente y Rocío Martínez-Sempere en El País (De la Fuente, Los partidos catalanes y el pacto fiscal, y Martínez Sempere, La izquierda y el pacto fiscal en Cataluña), y rematada con una respuesta de De la Fuente en la web de Impulso Ciudadano (Una izquierda muy rara).

Ángel de la Fuente es profesor de Análisis Económico del CSIC, y Rocío Martínez-Sempere, diputada autonómica y secretaria de Economía del PSC. Es la portavoz oficial del PSC en esta materia. Las posiciones de ambos están muy claras, y al original les remito por si quieren pasar un buen rato.

Yo voy a resaltar un pequeño detalle sin importancia, que pudiera pasar desapercibido. Perepunyetes que es uno. Observen la primera frase de la respuesta de Rocío: ‘Mientras algunos cuestionan el patriotismo del PSC por no aceptar de salida la posición de CiU para un concierto a la catalana […]‘. Es maravilloso. Podía haber empezado airosamente de mil maneras, pero ha escogido -si no ella, su subconsciente- la más reveladora, la que le sale del alma. La herida sangrante del costado izquierdo del PSC: su patriotismo dudoso. Ese complejo de ser poco catalán, ese tener que demostrar -ara veureu- que somos más catalanes que nadie, o al menos tanto como el que más.

Wifredo el Velloso hoy se hubiera llamado Guifre el Sociata. Ahí le duele al PSC. Se sienten como culpables de algo, como que arrastran algún defecto de fábrica, como que tienen algo que esconder, algo que demostrar, alguna culpa que expiar. Botiflers, por nada del mundo. Españolistas, jamás. Charnegos, vale, pero con el nivel C de catalán, ¿eh? Nos llamamos Pérez, nos criamos en las barriadas castellanas, pero sacamos cada año la senyera por San Jordi, y apoyamos la inmersión, en casa a los niños les hablamos catalán, para que nadie les margine cuando sean mayores.

Dios mío, cuánta mezquindad. El psiquiatra del PSC, si existiera, tendría que ser un fenómeno, un Freud redivivo, el superstar del frenopático. Un partido en el que el 80% de la militancia es castellanohablante, ¿por qué tiene que avergonzarse de hablar castellano, tratarlo como lengua extraña -extranjera-, considerarlo como un defecto, una anomalía, como si fuera una tara, algo sucio, o simplemente inferior? ¿Es menos catalán hablar en castellano? ¿Ah, sí?

Pero ese complejo, si solo fuera étnico, se trataría de un síndrome muy común, que afecta a muchos de nuestros congéneres, desde los judíos a los alemanes, los rusos o los indios, los españoles y los gitanos, todos los que se enorgullecen o se avergüenzan -variantes de lo mismo- de ser lo que son. Pero lo que es ya de manicomio es la dimensión social del complejo del PSC. Resulta que el castellano, la primera lengua catalana, es la de las capas sociales más pobres, en la jerga sociata, desfavorecidos. La opción catalanista del PSC, aparte de antisocialista (porque el nacionalismo es la antítesis del socialismo), es un insulto a toda la clase obrera catalana: nos están diciendo que somos extraños, ajenos a la realidad, que nos falta algo, casta, apellidos, estirpe, en fin, todo eso que tanto aprecian los reaccionarios y que despreciábamos la gente de izquierda.

Nos están diciendo que en una sociedad tradicionalmente estamental como la catalana, si nos portamos bien y abandonamos el castellano y nos sacamos el nivel C podríamos llegar a tener un digno puesto de masover de la masía: alcalde metropolitano, o incluso president amontillado. Nos dicen que España no es una nación de ciudadanos todos iguales, sino el lugar apestoso de donde nos expulsó el hambre, y Cataluña, terra d’acollida, es donde pudimos comer caliente y donde podemos aspirar a un futuro esplendoroso: y si no nosotros, quizá nuestros hijos…

De verdad, gente del PSC: feu-vos-ho mirar. A lo mejor os convendría una psicoterapia como la que Els Joglars impusieron a Jordi Pujol en el memorable Ubú President. Torna, torna, Boadella!

Jesús Royo es catedrático de Instituto de Lengua catalana y licenciado en Filosofía. Actualmente es Presidente de ÁGORA SOCIALISTA.

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