Los errores de Rajoy

es muy duro con los que menos tiene y condescendiente con los poderosos. No ha tocado ni uno solo de los privilegios de la Iglesia católica (algo que tampoco hizo el PSOE de Zapatero). No ha elevado la presión fiscal a los que más tienen… Ni ha demostrado una verdadera voluntad de luchar contra el fraude en el pago de impuestos. De hecho, ha sido el impulsor de una fracasada e inmoral amnistía fiscal que legaliza a los que han robado a Hacienda’.

Roberto Augusto en La Voz de Bcn> 24/8/2012

No hay ningún presidente en la historia de la democracia española que haya traicionado su programa electoral de una manera tan brutal y en tan poco tiempo como Mariano Rajoy. Las hemerotecas son uno de los peores enemigos del presidente español. Ha incumplido casi todo lo que prometió en su campaña electoral en pocos meses. Su credibilidad está por los suelos. Un ejemplo es la subida del IVA. Prometió que no lo subiría y ha acabado haciéndolo. La lista de sus promesas incumplidas consumiría varios artículos.

Uno de sus errores más notables es su reforma laboral. Lo único que ha conseguido es empeorar la situación de los trabajadores abaratando el despido y haciéndolo más fácil. El objetivo que perseguía esa medida era crear empleo y de mayor duración. El aumento del número de parados demuestra el fracaso de esa reforma. Lo único que ha conseguido Rajoy es fomentar el despido haciéndolo más atractivo. La crisis ha servido como la excusa perfecta para hacernos retroceder en derechos laborales y favorecer a los grandes empresarios, la mayoría de ellos simpatizantes del PP.

Igualmente equivocado me parece el recorte de derechos y de sueldo de los funcionarios. Solo ha servido para favorecer el desplome del consumo. Esto ha significado, además, un notable empeoramiento de los servicios públicos. Por ejemplo, con el aumento del número de alumnos por clase, algo que contribuirá a degradar la escuela pública.

Mariano Rajoy es muy duro con los que menos tiene y condescendiente con los poderosos. No ha tocado ni uno solo de los privilegios de la Iglesia católica (algo que tampoco hizo el PSOE de Zapatero). No ha elevado la presión fiscal a los que más tienen (a diferencia de lo que ha hecho Hollande en Francia). Ni ha demostrado una verdadera voluntad de luchar contra el fraude en el pago de impuestos. De hecho, ha sido el impulsor de una fracasada e inmoral amnistía fiscal que legaliza a los que han robado a Hacienda.

El Gobierno del PP nos quiere convencer de que sus medidas son “inevitables”, cuando en realidad están impulsadas por una ideología que contribuye a la desigualdad social, al empobrecimiento de las clases medias y a la exclusión de los más desfavorecidos. Esto lo hemos visto en los recortes a la Ley de Dependencia. Por desgracia las Diputaciones tienen la vida asegurada con este presidente. Prefiere recortar en dependencia y dejar intactos los privilegios de la casta política a la que él pertenece.

Rajoy se ha convertido en el alumno más aventajado de una suicida política de austeridad que nos arrastra al abismo. Sigue ciegamente los dictámenes de una canciller que piensa primero en Alemania antes que en los intereses generales de Europa. ¿Para qué quiere Rajoy 600 asesores en Moncloa cuando al final acaba acatando las órdenes que le llegan de Berlín? Porque en el fondo ya le va bien tener la excusa de la crisis para recortar unos derechos sociales en los que nunca creyó. La privatización total de la sanidad y de la educación es un sueño inconfesable del PP. Y la crisis económica les permite avanzar en ese modelo que perjudica a los más desfavorecidos.

El problema económico de España no está en el sector público que el PP machaca día tras día, sino en la caída de la recaudación de impuestos procedentes del ámbito privado. Es una locura reducir el déficit público en tan poco tiempo. La austeridad es necesaria pero nunca suficiente. Se necesita reactivar la economía con medidas de estímulo que este Gobierno no está realizando. Ese es uno de los principales errores de Mariano Rajoy.

Roberto Augusto es doctor en Filosofía

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