Visto desde Bruselas. Alfons Quintà en El Debat

“Ni pensar en ninguna secesión en Europa”… una situación peligrosa para nuestra convivencia pacífica que todos los padres del catalanismo habían manifestado querer proteger prioritariamente. Pero no impidió la patología del 6 de octubre del 1934, clave en el ida hacia las guerra civil, ni después ha evitado que Jordi Pujol i Soley decidiera ir hacia el maximalismo instrumental.

La primera regla de un abogado en un procedimiento civil es atenerse al contenido de la demanda. En un proceso penal hay que hacer lo mismo respecto de la querella, del escrito de acusación del fiscal y del auto de procesamiento. El resto, como dice un aforismo jurídico, no está en el mundo.

Si obráramos así respecto al galimatías independentista casero no podría haber ningún debate contradictorio. En efecto, las posiciones de CDC –que no llega a convencer ni a UDC– y de ERC, no tienen ninguna de las precisiones que, a la fuerza y por operatividad mínima, tiene que tener toda demanda o querella judicial.

Este inmenso defecto ridiculiza las aspiraciones independentistas. Muchos partidos y muchas personas sensatas se preguntan: “¿Pero que dicen que quieren?”. O, todavía mejor: “¿De qué van, de pacto fiscal, de independencia o de lo que puedan, siempre para intentar rehacer un prestigio que, como indican las encuestas, han perdido a puñados?”. Esta última pregunta es la buena: quieren el control social y el resto les da igual.

Nadie se tiene que extrañar. Hace poco vimos transcripciones de escuchas telefónicas donde se habla de una posible nueva reglamentación a partir del hecho de que generaría nuevos ingresos, oscuros y presuntamente (para decirlo angelicalmente) ilícitos.

Uso mediático inmediato

A corto plazo, la imprecisión, sobre un sujeto, ay las, delicado y grave, como es la independencia, es un buen instrumento de uso mediático inmediato. Todo el mundo lo puede exponer como quiera, metiendo cucharadas contradictorias que tienen el común denominador del griterío, el insulto, el apriorismo. Los alocados de guardia descubren traidores, “españolistas”, “unionistas” y enemigos del pueblo catalán con la misma y cruel velocidad que los jacobinos del 1789 y los comunistas del 1917 encontraban (o inventaban) “contrarerevolucionarios”.

En esto estamos: en una situación peligrosa para nuestra convivencia pacífica que todos los padres del catalanismo habían manifestado querer proteger prioritariamente. Pero no impidió la patología del 6 de octubre del 1934, clave en el ida hacia las guerra civil, ni después ha evitado que Jordi Pujol i Soley decidiera ir hacia el maximalismo instrumental. Lo hace en el marco de una operación deliberada para crear una dinastía, es decir entronizar el viejo nepotismo en nuestro presente, teóricamente democrático.

La digamos demanda o querella independentista, en oposición a lo que había sido el catalanismo democrático, es un desastre. No se aguanta, no vale, no es seria. Para evitar la ida hacia el vacío, hay que sustituir aquellos exabruptos imprecisos desde fuera. No se tiene que responder a sus insultos con otros insultos. Hay que dejarlos de lado e introducir elementos objetivos de realismo y racionalidad. De lo contrario, estamos perdidos. Está en juego algo más importante que la independencia o no. Nos jugamos que unos aventureros se apoderen de un país que es de todos.

Europa, ¿qué hace?

No hay que ser estatista, a nivel catalán ni español, para ver que el estatismo –hijo directo de la Revolución Francesa, muy preparado antes para la siniestra Paz de Westfalia– no es “in”. En España se ha constatado con monumental claridad, por suerte nuestra.

Pero hacen falta matices, aunque sólo sea para distinguirnos de la tontería simplificadora que nos inunda. En efecto, precisamente por culpa de Grecia, de España y otros Estados situados al sur del continente, Europa tendrá que evolucionar. Lo hará de varias maneras que, simplificando, incrementarán la fuerza de las instituciones europeas.

Habrá lo que se dice más federalismo (europeo) con lo cual el hecho de que Catalunya esté, o no, dentro del Estado español no tendrá, ni de lejos, la importancia que tuvo en el pasado. O bien, muy improbablemente, se dará más fuerza a los viejos Estados-nación que creó Europa. Estos continuarían siendo los elementos clave y pasarían a ser, todavía más, el instrumento de aplicación de la política de la Unión Europea (UE). Se elija un cambio u otro, Catalunya hay de jugar. Pero si quiere aportar su actual y ridículo maximalismo quedará justamente marginada. Esto lo ve un ciego.

Si, a efectos expositivos, consideramos a la UE como un Estado, podríamos decir que, en el primero y más probable caso, se iría hacia más federalismo o confederalismo y en el otro verso más desconcentración. En ambos casos, todo será complicado y complejo. No es ni siquiera imaginable, me dicen dos eurodiputados, uno británico y otro irlandés, que se pueda añadir un proceso de secesión dentro de un Estado ya existente. Cualquier persona que tenga cualquier fuente europea seria lo puede comprobar con extrema facilidad. “Esto no toca” en absoluto, ni ahora ni en un futuro previsible para decirlo usando una expresión pujolista. Tanto con federalismo como con desconcentración, no hay lugar para experimentos.

Bruselas lo tiene muy claro

En Bruselas tienen más que asumido –habría que ser muy asno para que no fuera así– que el actual drama europeo ha surgido en una gran parte de abajo arriba y que en todo el sur de Europa los poderes subestatals tienen una responsabilidad inmensa. En el caso de España, de Francia y de Italia se trata de hechos documentados y obvios, a pesar de los orígenes unitaristas, hoy corregidos, de los tres Estados. La corrección descentralizadora o desconcentradora, o regionalista, o autonomista ha ido mal. Los medios subvencionados y cortesanos de Catalunya pueden decir misa, pero el hecho ya está dictaminado. Lo expondré con datos pronto. Los hay para aburrir y, en los tres Estados, son de un paralelismo que hace caer de espaldas.

Lo comento con los dos eurodiputados mencionados. Uno de ellos me dice: “Había que descentralizar Francia, España e Italia. Se creyó que sería un camino para reformar el mal funcionamiento tradicional de aquellos Estados, pero no ha sido así. Los mismos males se han multiplicado. Las regiones italianas, en particular las de Estatuto especial, son un pozo de corrupción, de clientelismo y de gasto inútil. En las regiones francesas y las comunidades españolas les pasa lo mismo. No tiene que haber más reformas territoriales y sobre todo ninguna secesión. Creo que cerca del cien por cien del Parlamento Europeo lo ve así. No se puede pensar en ninguna secesión a la actual UE. Tiene que haber otras reformas, que tendrán que ser impuestas desde la UE. En sí mismas, ya serán bastante delicadas y de difícil implementación. Lo que dicen los independentistas catalanes no tiene ningún sentido. Ahora lo ven incluso los antiguos independentistas corsos, en cuanto a Escocia confío en la prudencia de Alex Salmond, no es Mas”.

La solución no es el unitarismo jacobino

La solución no es un regreso a un unitarismo jacobino, cosa que, por cierto, se daría a nivel espectacular en el seno de Catalunya, si hubiera una secesión. ¿Alguien duda? ¿Que alguien todavía no sabe que en la Generalitat sólo mandan tres personas: Mas, Gordó y Homs? ¿Qué alguien les ha escuchado proponer nunca alguna mejora democrática? Ni siquiera dicen que tenemos una ley electoral vomitiva. En la práctica, los griteríos independentistas justifican su inmovilismo, su destrucción deliberada de la sanidad y su incapacidad personal.

El abuso de la retórica maximalista también contribuye a hacer pasar inadvertido un hecho tan insólito. Aludo a que nadie diga donde está de vacaciones Artur Mas. He intentado averiguarlo sin demasiado éxito. Sólo una fuente de la Generalitat, que tendría que saberlo, me ha dicho que hace semanas que oyó, en Presidencia, que Mas tenía la intención de ir a Alaska. Primero me lo tomé a broma. Pero la fuente me ha asegurado que lo oyó con toda seriedad, cosa que no acredita que el proyecto fuera realidad. No pasa nada, esté donde esté, Mas siempre podrá decir que cuando Catalunya sea independiente ya se dirá donde va de vacaciones su President. Pero de momento, silencio y secreto. ¿Será culpa de “Madrid”?

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