Texto de Gustavo Vidal en Dario Progresista

Culpar de la crisis a la política y los políticos es un discurso fascista

gracias a la política y a políticos abnegados se logró todo lo que tenemos: el sufragio universal, los Derechos Humanos, las vacaciones pagadas, la jornada de ocho horas, la supresión del trabajo infantil, el derecho a la sanidad y educación pública, gratuita y universal, el acceso a la cultura y el conocimiento, los derechos de mujeres, ancianos y niños…

Intuyo que desde siniestros disparaderos se ha disparado la siguiente consigna: la culpa de la crisis corresponde a los políticos y a la política, “los políticos nos han metido en esto”, etc, así como otros tópicos, pues bien sabemos que los tópicos constituyen el recurso más fácil para quien desea eludir la angustia inherente a la reflexión.

LOS VERDADEROS RESPONSABLES

Lamentablemente estos lugares comunes comienzan a calar. Y eso me resulta muy sospechoso toda vez que nos encontramos inmersos en una crisis de origen financiero (hasta el presidente de EEUU lo ha reconocido) donde la fuga de capitales alcanza, en España, la cifra de 163.185 millones de euros, tan solo hasta mayo.

Además, el fraude fiscal se eleva a 90.000 millones de euros al año, equivalente a más de 60 veces el presupuesto total del Ministerio de Justicia, y a más de mil veces el supuesto ahorro que la condesa Esperanza Aguirre pretendía “vender” con el despido de miles de profesores interinos de la enseñanza pública.

Pues bien, este robo a las arcas públicas es perpetrado, en casi un 75%, por empresas agrupadas en torno a la CEOE. Conviene resaltar que el 25% de nuestro Producto Interior Bruto no se declara a Hacienda, se pierde en los pudrideros del dinero negro. Y los reyes de esas fosas sépticas son de nuevo las grandes fortunas y empresas las cuales, por cierto, apenas generan empleo.

Mientras tanto se distrae a la opinión pública con las dietas de los diputados, coches oficiales, etc. Asuntos que bien podría revisarse, pero que constituyen el chocolate del loro frente a lo anterior y que sirven para ocultar a los verdaderos causantes de la actual situación.

COMO DECÍA MANUEL FRAGA IRIBARNE…

Tras lo anterior he de añadir—por más que moleste a amigos con responsabilidades políticas—que el nivel medio de los políticos españoles parece decrecer vertiginosamente desde hace años.

Sin embargo, como enseñaba Manuel Fraga, “la política es y debe ser la más noble de las ocupaciones”.

Y cito a este político conservador por tres motivos: 1. No deseo ser tachado de sectario, 2. También opino que la política es y debe ser la más noble de las ocupaciones.

Y el tercer motivo es el que me parece más importante: la mayoría de las voces que claman por la reducción de la política y los políticos entonan, sin saberlo, un discurso simplemente fascista, esto es el desprestigio de la política en la toma de decisiones. De ahí al surgimiento de un duce, führer o caudillo distan pocos centímetros…

¡Pero si lo que necesitamos, como el cuerpo a la sangre, es más política y políticos (de calidad, obviamente) para embridar a las finanzas, la banca, el fraude, el capital especulativo…!

NO NOS DEJEMOS MANIPULAR

Difícilmente va a conseguirse meter en cintura a quienes nos arruinan (bancos, especuladores, grandes empresas defraudadoras, fortunas que evaden capitales, etc.) si se desprestigia la política. Sobre todo cuando la denigración se basa en medias verdades. Por ejemplo: “En España hay más de 400.000 políticos, mientras que bomberos, médicos, profesores…”.

Sí, puede que lo anterior sea cierto, pero ¿por qué no se cuenta toda la verdad? A saber: “En España hay más de 400.000 políticos… ¡de los cuales más del 80% no solo no cobra ni un céntimo, sino que la actividad política les cuesta tiempo, dinero y energías!

Ciertamente, arribistas, trepas, pillos, corruptos y profesionales del chupoptorio han desprestigiado la política. Cabe, pues, preguntarse: ¿debe mejorarse el nivel de los políticos? Sin duda; ¿deben restringirse los gastos y eliminar los superfluos? Por supuesto; ¿deberían los políticos—especialmente los de izquierda—haber frenado la codicia de “los mercados”? La única respuesta es sí.

Ahora bien, ¿por qué los cañonazos apuntan hacia la política y los políticos cuando nos encontramos ante una crisis económica, especulativa y financiera?

Entiendo que por dos motivos. El primero es palmario: las fuerzas políticas, especialmente las de izquierda, no han podido, no han sabido o no se han atrevido a plantar cara al capital (llamado ahora “los mercados”) y han transitado por un pastiche de socialismo-liberalismo abocado al fracaso a medio plazo. Bien, ya hemos entrado en el medio plazo.

El segundo motivo, lamentablemente, permanece maliciosamente eclipsado tras el marasmo de voces y opiniones contrapuestas: a los poderes financieros especulativos les estorba la democracia. Odian la transparencia y la ley que impide o limita sus abusos a los débiles. Abominan de la participación ciudadana en ayuntamientos, comunidades autónomas, Estados, y desean reducir esta participación a un tamaño fetal.

LA POLÍTICA ES EL INSTRUMENTO PARA CAMBIAR Y MEJORAR LA SOCIEDAD

El desprestigio a la política, con la coartada de las actitudes indeseables de algunos políticos, forma parte de la hoja de ruta de banqueros, especuladores, defraudadores, grandes empresarios sin alma y, por desgracia, este itinerario infame es secundado por enormes e ingenuas masas de ciudadanos.

Pues bien, desde aquí quiero proclamar que a muchos jamás lograrán engañarnos y que desde nuestras modernas trincheras mediáticas intentaremos desenmascararlos. Nunca nos doblegarán y no hay suficiente oro en el mundo que pueda comprarnos.

Y esto es así porque gracias a la política y a políticos abnegados se logró todo lo que tenemos: el sufragio universal, los Derechos Humanos, las vacaciones pagadas, la jornada de ocho horas, la supresión del trabajo infantil, el derecho a la sanidad y educación pública, gratuita y universal, el acceso a la cultura y el conocimiento, los derechos de mujeres, ancianos y niños…

Gracias a la política y a políticos valientes se ha conseguido todo lo que permite que la vida sea vivida. Hoy, la codicia de unos pocos y la ingenuidad de muchos puede demoler las piedras del sagrado edificio del bienestar construido con la sangre, la angustia y el sudor de políticos de fuego y de una política como la más noble de las actividades.

Pero, ¿sabéis una cosa? Parafraseando al premio Nobel masón, Rudyard Kipling: “Si ves que las cosas por las que diste tu vida se han deshecho, agáchate y comienza a construirlas de nuevo”.

Y, ¿sabéis otra cosa? Eso, justamente eso, es lo que vamos a hacer.

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