Quizás Navarro controle el PSC…

El camino de la traición ha empezado acicalado como catalanismo perseguido, pero es simplemente un camino de supervivencia política personal y de egocentrismo desmesurado. Pero el Blogger dice que la traición hace años que está present…, como poco, desde el primer tripartito, o quizás antes.

Daniel Tercero en El Plural> 5/8/2012 

Una semana más, el PSC aparece en los medios de comunicación por su división interna (al menos en apariencia) en lugar de por sus propuestas y posible alternativa a CiU. Los sectores nacionalistas insisten en acercarse a las posiciones de Artur Mas y los suyos, mientras otros piden a Navarro ‘la cabeza’ de Ernest Maragall, por indisciplina, y para dar ejemplo de fortaleza como líder del partido.

Alejados de los gobiernos, el prieta las filas siempre es más difícil que cuando hay cargos a repartir. En 2010, el PSC gobernaba en Barcelona en los dos lados de la Plaza de San Jaime (y en la Diputación), y tenía peso específico influyente (cada vez menos, eso sí) en Madrid, en la Moncloa y el Congreso. Solo dos años después no queda nada de todo eso y los augurios son todavía peores.

La tarea que tiene sobre la mesa Pere Navarro, primer secretario del PSC, no es solo la de convertirse en alternativa a Artur Mas (CiU), presidente autonómico, sino la de pacificar y reconstruir un partido roto y destrozado a fuerza de perder electores y credibilidad. ¿Recuerdan el programa electoral de José Montilla reconociendo que, tras siete años de multas lingüísticas por usar solo una de los lenguas oficiales, quizás esta no había sido una buen política de izquierdas?

El último desaire de Ernest Maragall -votando en el Parlamento autonómico con CiU tanto la propuesta de concierto económico para la Generalidad como la defensa de Eurovegas- no será el último de un dirigente del PSC. De hecho, tras unas primeras horas de contracción en las filas socialistas, el sector nacionalista del partido ha ido sacando pecho poco a poco en defensa del hermano del primer presidente socialista de la Generalidad.

La división del PSC: muchas palabras que pocos hechos, de momento

El presidente del PSC en el Parlamento autonómico, es decir, una voz autorizada, respetada y tenida en cuenta, Joaquim Nadal, reveló a las pocas horas de conocerse el intercambio de cartas entre Maragall y Daniel Fernández, congresista y secretario de Organización del PSC, que otros diez diputados autonómicos de los 28 escaños del PSC en la Cámara autonómica hubieran votado con CiU y el díscolo Maragall.

Estas palabras de Nadal no han sido desmentidas por parte de la dirección del partido, si bien es cierto que al final -ya sea por mayoría o por imposición de la calle Nicaragua- no se produjo una escisión en la votación que hubiera supuesto un duro golpe para la autoridad de Navarro.

 “Todos los diputados [autonómicos] que piensan que sería necesario votar como Maragall votaron lo que la dirección proponía, no solo por disciplina, sino por cohesión interna”, aseguró Nadal, que intentando situarse en un centro estratégico ha invitado a “la reflexión y el diálogo” a las dos partes. Sin embargo, como responsable del grupo parlamentario, no piensa sancionar a Maragall más allá de una multa de unos 300 euros.

Como suele ocurrir en estos casos, Monstserrat Tura se ha sumado a la crítica contra la dirección del PSC. En un artículo publicado esta misma semana en El Periódico, la ex consejera de Justicia ha cargado contra Fernández por su ‘desafortunada reacción’ y defendió la independencia de Maragall, ya que, según esta, votó ‘lo que le dictó su conciencia y conociendo el reglamento del grupo parlamentario’.

Curiosa forma de discrepar. ¿Acaso Nadal y Tura no eran dos de los once diputados autonómicos del PSC que estaban a favor de votar con CiU? ¿Votaron en contra de su conciencia, entonces? ¿Votaron lo que les mandó el partido solo para evitar una posible sanción? No son dos dirigentes socialistas cualquiera. Nadal es el número uno del PSC en el Parlamento autonómico y Tura, miembro de la mesa de la Cámara autonómica.

Pactando con CiU, ‘transversal’ y defendiendo un Estado para Cataluña

Este domingo, se ha sumado a la fiesta de la herida interna Marina Geli. En un artículo publicado en El Punt Avui, la ex consejera de Salud, tras reconocerse del ‘denominado sector catalanista’, ha defendido que el PSC debe apostar por un pacto con CiU ya que, a su modo de ver, Cataluña esta en unos momentos de ‘emergencia social’. Es una forma de apoyar a Maragall.

En este contexto, Geli, además, ha indicado que no puede entender un PSC que no reclame un Estado propio para Cataluña dentro de España y Europa. Y lo explica al estilo y manera de una corriente cada vez más extendida en las filas socialistas de la Comunidad y que no deja de sorprender a sus simpatizantes por lo vacuo que significan las palabras:

 ‘Cataluña no es una isla ni puede asilarse del contexto internacional, europeo y español. El nuevo relato, el proyecto del PSC, ha de defender una Cataluña nación-ciudad, con un Estado con soberanía compartida, frente a una idea romántica de nación-Estado propio dentro de la Europa de los nacionalistas-independentistas catalanes o de los nacionalistas españoles, igual para España, nación y estados únicos’.

Por si quedan dudas, que es lo más probable, ha añadido: ‘Defiendo  una Cataluña con la máxima libertad dentro de un mundo interdependiente. […] País Vasco y Cataluña, y en menor medida Galicia y Andalucía, tienen interiorizado que son una nación y que quieren ejercer de Estado. Esta nueva Europa ha de hacer que esto se resuelva’.

En esta línea, el PSC de Geli debe ‘liderar una regeneración democrática’, siendo ‘un partido abierto’ y, sorprendentemente, ‘transversal’. Es, en mayor o menor medida, lo mismo que defiende Maragall y un sector nacionalista del PSC.

Dejar que las discrepancias se enfríen… o se enquisten

Ante este fregado cíclico, cuyos únicos vencedores a priori y a corto y medio plazos, son CiU y ERC en el plano electoral, Navarro y su equipo enfrían el debate que, más tarde o temprano, tendrán que afrontar. O bien dejárselo enquistado a sus sucesores, como hizo Montilla.

El viernes pasado, el primer secretario del PSC, en El Vendrell (Barcelona) criticó moderadamente la actitud de Maragall. Sin citarlo y queriendo quitar importancia al asunto, Navarro defendió que los dirigentes del partido apuesten por lo que se aprueba en sus congresos. Así, entre otros asuntos, recordó: “Hacer un nuevo PSC sin complejos que sea coherente con aquello que dice y aquello que hace, que sea especialmente democrático en sus decisiones” y que “todo el mundo pueda participar libremente”.

Y dejó el recado para los que le plantean un pulso: “Pero que el partido camine unido, que tenga un discurso plural, pero con la máxima sintonía”.

Sin embargo, no todo van a ser divisiones por el ala nacionalista. Algunos dirigentes e influyentes socialistas han empezado a levantar la voz advirtiendo de que el PSC debe apostar por enfrentarse ideológicamente a CiU, al nacionalismo, en lugar de juguetear con él. Así fue como -tras un cansancio social evidente de 23 años- se llegó al Palacio de la Generalidad.

No fue, aunque ahora se olvidé por la gestión que se llevó a cabo una vez se obtuvo el asiento, por ser más nacionalistas que CiU como Pasqual Maragall (PSC) llegó a suceder a Jordi Pujol (CiU). Fue precisamente la opción socialdemócrata, el recuerdo de la gestión del Maragall alcalde y su contrapeso al poder nacionalista de más de dos décadas lo que le llevó a la Generalidad.

De lastres, piedras, expulsiones, amputaciones…

Pero los maragall ya no mandan en plaza y Ernest ha de reubircarse (ahí está Plaça 21). Toni Bolaño, que fuera mano derecha de Montilla en los temas de comunicación tanto en la Generalidad como en el Ministerio de Fomento, ha cargado contra este y los que le apoyan por sus desmarques en un artículo en El Plural:

 ‘Todos enfrentados con la actual dirección y todos con un denominador común: son los grandes perdedores del último congreso [del PSC]. […] El camino de la traición ha empezado acicalado como catalanismo perseguido, pero es simplemente un camino de supervivencia política personal y de egocentrismo desmesurado. Harían bien los socialistas catalanes en soltar lastre y pronto. Atravesar el desierto después de las debacles electorales es un reto duro. Llevar piedras en la mochila lo hace más difícil. Quitarlas con rapidez y desenmascarar la pseudodiscrepancia un buen remedio. Ya lo dice el dicho “más vale solos que mal acompañados”‘.

No es el único que ha pedido firmeza a la dirección del PSC. Francesc Xavier Marín, director de la escuela de formación del PSC, Escola Formació Xavier Soto, ha enviado una carta a Fernández (publicada luego en su blog) respaldando su decisión de advertir a Maragall y animándole a que tome las medidas necesarias que crea conveniente, incluso la expulsión del partido:

 ‘Aplazar una operación de amputación, a todas luces necesaria desde hace mucho tiempo, puede gangrenar el conjunto del cuerpo. No tomar la decisión disciplinaria adecuada, cuando toca, puede generalizar la indisciplina de todos aquellos de los que sabemos su escaso compromiso con el socialismo español en general y con el PSC en particular. Liderazgos fuertes implican saber cortar por lo sano cuando toca. Y ara, sí toca‘.

Así está el PSC. Voces del partido aseguran que estos asuntos no se tratan en las reuniones de las agrupaciones. No es un tema que importe a las bases. Y menos aún a los cargos intermedios que no quieren molestar a la dirección. Puede ser.

Igual que CiU deberá decidirse, entre apostar por la Cataluña real y posible o un camino de confrontación a la legalidad y frustración (entre nacionalistas); el PSC deberá definir su posición, tanto interna, de manera disciplinaria (o todo vale o hay límites), como externa, ya que es difícil explicar que se pueda defender el soberanismo con el carné del PSC. Quizás Navarro controle el PSC pero no lo parece.

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