Francesc de Carreras en La Vanguardia 4/8/2012

El plan Mas. CiU y su Govern están tan desconcertados que no sólo desconciertan a los demás: también a ellos mismos… Todos saben que el concierto es inalcanzable, no sólo por no tener cabida en la Constitución sino porque carece de justificación razonable. Más que el Estatut bis, como se ha dicho, el concierto será el plan Ibarretxe bis, en este caso el plan Mas.

La impresión es que CiU y su Govern están tan desconcertados que no sólo desconciertan a los demás sino también a ellos mismos y a sus votantes. Uno pensaba que igual que en otras ocasiones los mensajes patrióticos de grueso calibre se irían modulando en contraste con la realidad. El president Jordi Pujol fue en ello un maestro. Artur Mas parecía un buen discípulo, incluso aventajado: con menos carisma y liderazgo pero con mejor preparación técnica y capacidad de gestión.

Todo indica que estábamos equivocados: el camino hacia el concierto fiscal al modo vasco se ha emprendido en el Parlament con el único apoyo de los partidos nacionalistas y con el significativo rechazo del PSC, partido que Mas consideraba fundamental para llegar a un buen fin. Todos saben que el concierto es inalcanzable, no sólo por no tener cabida en la Constitución sino porque carece de justificación razonable. Más que el Estatut bis, como se ha dicho, el concierto será el plan Ibarretxe bis, en este caso el plan Mas.

Se ha dado un gran salto al vacío. Con toda seguridad, en el Congreso la propuesta del Parlament será rechazada. A Artur Mas sólo le quedará seguir con la segunda etapa de su plan: la independencia. Qué hará: ¿la proclamará en el Parlament, convocará un referéndum ilegal, pedirá al Gobierno que convoque uno legal? Artur Mas ha entrado en el terreno de lo desconocido, según decía él mismo. Ibarretxe creo que está dando clases en Estados Unidos y ya nadie se acuerda de él. ¿O quiere ser Mas el Companys del 6 de octubre de 1934? De momento convoca a sus altos cargos tratándoles de “generales de un ejército” que debe “cambiar la historia”, vivir “los momentos más difíciles”, enfrentarse a “los peores obstáculos para gobernar que se ha encontrado nunca ningún gobierno”.

Pero tras la poesía viene la prosa: el panorama en el partido y en el Govern es desolador. El caso Millet apunta a que CiU estaba detrás de todo el asunto; unas ilegales concesiones a empresas de ITV parece que están salpicando judicialmente a Oriol Pujol; las cuentas que no cuadran en la gestión de varios hospitales también implican a altos cargos convergentes. En cuanto al Govern, la situación financiera es crítica: el impago de nóminas en centros sanitarios y asistenciales desmiente que se hayan hecho bien los deberes. ¿Alguien, excepto los irreductibles, cree todavía que toda la culpa debe atribuirse a Madrit?

Porque, encima, se saca pecho en Madrid. La no asistencia del conseller Andreu Mas-Colell al Consejo de Política Fiscal y Financiera es un gesto inútil y desleal cuando en Europa se está pendiente de la capacidad de España (que, por ahora, incluye a Catalunya) para tomar medidas que la hagan acreedora de confianza.

Artur Mas parecía un político serio y competente. Parecía. Se está convirtiendo en un político populista, no sé si a pesar suyo.

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