Jesús Royo: Euzkadi nos roba

[el Concierto] está en la Constitución (adicional 1), pero como una excepción: es un baldón vergonzoso que un día habrá que retirar. Para mí, y para otros muchos, fue una transacción con el nacionalismo vasco enrocado en votar no a la Constitución, contando con el oscuro apoyo de ETA. Apoyo silencioso y atronador a la vez.  

No debiera haber puesto este título. Sé que no se debe jugar con las metonimias, especialmente las que afectan a los terruños, que una cosa es el país y otra muy diferente sus políticos. Sé que queda feo. Pero que sepan los de “Espanya ens roba” o los padanos de “Roma ladrona” que lo suyo también está feo. Eso, aparte de que hablar de impuestos como “robo” es impresentable, es no entender ni papa de lo que es el Estado, ni de la virtud cívica elemental que es tributar para el bien común. Corrijo, pues, el título: este artículo debería llamarse “La insultante desigualdad de los conciertos económicos de Navarra y el País Vasco”.

Los Fueros no casan con el Estado moderno. Es una herencia del Antiguo Régimen, de antes de la Revolución francesa, en que la contribución era diferente para cada estamento, cada territorio y cada actividad. El rey había concedido a los vascongados el privilegio de hidalguía para todos ellos, lo que comportaba exención de impuestos, excepto los que voluntariamente quisiesen ofrecer a Su Majestad, en señal de (lógica) gratitud. (Hay quien dice que de ahí viene el prurito de la “pureza de sangre” en el Siglo de Oro español. Y la misma bárbara -y cutre- obsesión por los siete apellidos vascos). Ese privilegio, entre otras cosas, originó las guerras carlistas, al final de las cuales -1876- se pactó el Concierto, que ha sobrevivido desde entonces. Pero no deja de ser una antigualla, una afrenta a la democracia y un oprobio a la ciudadanía. Está en la Constitución (adicional 1), pero como una excepción: es un baldón vergonzoso que un día habrá que retirar. Para mí, y para otros muchos, fue una transacción con el nacionalismo vasco enrocado en votar no a la Constitución, contando con el oscuro apoyo de ETA. Apoyo silencioso y atronador a la vez.

O sea que no se puede impugnar el Concierto porque está en la Constitución. Pero el Concierto es la excepción, en disposición adicional. No puede contradecir el cuerpo de la Constitución, que es taxativo y explícito prohibiendo que haya privilegio alguno entre españoles: lo dice genéricamente (el valor superior de la igualdad, artículo 1.1, la igualdad ante la ley, art.14, iguales derechos y obligaciones de todos los españoles, art.139.1) y específicamente respecto a los impuestos (sistema tributario inspirado en la igualdad y la progresividad, art.31.1) y a los territorios (los Estatutos no podrán implicar privilegios económicos o sociales, art. 138.2). Sin embargo, contra lo dispuesto en la Constitución, el cálculo del Cupo siempre ha significado una rebaja y una ventaja: según Ángel de la Fuente, un total de 4.500 millones de euros el año 2007, solo para el País Vasco (intervención ante el Parlamento de Cataluña, 7.10.2011). Los vascos hoy disfrutan de una financiación un 60% superior al del resto de españoles, y pagada por los españoles, claro. Y los navarros, lo mismo.

Es claramente inconstitucional, y sin embargo la primera vez que lo leí así, “inconstitucional”, fue hace un mes, a Francesc de Carreras, catedrático de Constitucional en Barcelona. No son inconstitucionales los conciertos, pero sí sus consecuencias, los Cupos tal como se han ido calculando: siempre a la baja. Como si se hubieran hecho bajo amenaza, la amenaza sorda y pringosa de ETA, y la cicatera de los votos necesarios para sacar un presupuesto en el Congreso. Eso es cargarse la convivencia, reírse de la democracia y mandar al carajo la Constitución. Se merecería una bronca generalizada, una pitada abrumadora. ¿Y nadie lo ha denunciado, nadie ha recurrido los Cupos al Constitucional? ¿Y qué es eso de que los vascos y navarros no contribuyan al Fondo de Compensación Interterritorial? ¿Es que los vascos están fuera del “principio de solidaridad” del art. 158.2? Doctor de Carreras, ¿esto tiene alguna explicación?

ETA se ha acabado, aleluya. Pues que se acabe también el sarcasmo y la vergüenza de la desigualdad entre españoles. Los conciertos, vale, como un sistema formal de recuento: como si los quieren cobrar en vales de Eroski. Pero sin contenido: a la hora de pagar, todos por igual, y a la de recibir, lo mismo. Si los conciertos no significaran ninguna ventaja, hasta podrían tenerlos otras Comunidades, como Cataluña. Pero entonces dirían que para qué. Claro: para qué.