La Europa federal o el caos

Somos acaso soberanos los españoles? Preguntemos a Berlusconi y a Zapatero si ellos, elegidos democráticamente por sus respectivos pueblos, fueron soberanos o tuvieron que doblegarse. Si tenemos que decir esto de los gobiernos nacionales, que se lo piensen muy mucho los gobiernos autonómicos’.

Félix de la Fuente en La Voz de Bcn> 13/6/2012 

En los medios de comunicación se agolpan estos días las noticias sobre Europa, sin que nos dé tiempo a digerirlas. La pasividad o el pasotismo que ha reinado durante años en la mente de los políticos europeos parece haber dado paso a un desarrollo febril de propuestas de lo más variopintas. No sé si todas son acertadas o positivas, pero al menos podemos decir que por fin algo se mueve.

Hace muy pocas semanas dije, en LA VOZ DE BARCELONA, que ‘lo que no hemos hecho por convicción, quizás lo tengamos que hacer por necesidad’. Ese momento ha llegado ya. El préstamo, rescate, o como lo quieran llamar, que el eurogrupo acaba de otorgar a la banca española probablemente sea la valla que nos proteja ante el precipicio, pero no creo que por sí misma sea la solución definitiva, pues, en primer lugar, dudo que ese dinero llegue a las empresas y a los ciudadanos que lo necesiten y, en segundo lugar, ese dinero habrá que devolverlo. Y una economía en muchos campos tan anquilosada y poco competitiva como la española se las va a ver muy negras para poderlo hacer.

Pero no es mi intención hablar hoy de finanzas y de créditos. Ese problema se solucionará de forma más o menos dolorosa para los españoles -aunque siempre dolorosa-, pero Europa, en cuanto unidad, seguirá siendo un grave problema, y este problema conviene afrontarlo cuanto antes. Voy a fijarme en dos ideas que la canciller alemana, Angela Merkel, acaba de lanzar estos días y que la tormenta financiera puede dejar en segundo plano. Frente a todos los problemas de la Unión Europea “la solución es más Europa”, dice, pero añade, además, otra cosa no menos importante: “Se impone la Europa de dos velocidades”.

No es que me convenza lo más mínimo la política europea seguida hasta ahora por la señora Merkel, pero sería capaz de conciliarme con ella, si lograra sacar adelante de forma democrática y transparente estas dos iniciativas, que yo vengo defendiendo desde hace más de catorce años. La reacción que estas ideas de la canciller alemana han provocado en algunos medios de comunicación, que hacen alusión al imperialismo y al predominio alemanes en las instituciones europeas, no me parece objetiva ni tampoco desinteresada. Por eso, creo que se impone una reflexión serena. Es mucho lo que está en juego.

¿Más Europa? ¿Más poder para Bruselas? ¿Más pérdida de soberanía nacional? Ante todo, yo empezaría diciendo que eso de la soberanía nacional es un mito, y mucho más en la era de la globalización. Hace mucho tiempo que hemos perdido la soberanía nacional en muchos campos: en el campo monetario, en el económico, en el militar, en el medioambiental, en el comercial, en el agrícola, etc. Incluso frente a la gran banca española -no hablemos de la gran banca internacional-, ¿somos acaso soberanos los españoles? Preguntemos a Berlusconi y a Zapatero si ellos, elegidos democráticamente por sus respectivos pueblos, fueron soberanos o tuvieron que doblegarse. Si tenemos que decir esto de los gobiernos nacionales, que se lo piensen muy mucho los gobiernos autonómicos.

¿Qué soberanía se puede perder, cuando en este mundo globalizado de hecho la mayoría de los gobiernos nacionales no poseen ya esta soberanía? Conviene, además, que nos preguntemos quién posee la soberanía: ¿los gobiernos o el pueblo? ‘La soberanía nacional reside en el pueblo español’, dice el artículo 1 de nuestra Constitución. Claro que, en un país donde cualquier político de tercera división -no hablemos ya de los políticos de segunda o de primera- puede saltarse alegremente a la torera los sacrosantos deberes de la Constitución, eso de pueblo soberano suena muy extraño. Si no fuera porque alguien lo puede interpretar como una ofensa, que no es mi intención, yo diría que suena a chino. Por desgracia, en España es soberano el que controla las finanzas y los medios de comunicación.

Los políticos y los gobiernos son delegados o apoderados del pueblo, que les ha otorgado la soberanía. Y se la ha otorgado para que lo gobiernen debidamente. Si por razón de la globalización o de su propia incompetencia los políticos nacionales no son capaces de gobernar su propio país, deben devolver al pueblo esta soberanía o estos poderes, para que el pueblo se la entregue a quien esté en condiciones de poderlo gobernar. Y esta es la situación en que se encuentra no sólo España sino muchos países de la Unión Europea.

Es hora de que nos bajemos del ensueño nacional y nacionalista y decidamos si queremos depender de un gobierno de la Unión Europea que sea elegido democráticamente, con las imperfecciones que pueda conllevar toda democracia, y que sea capaz de enfrentarse a los retos de la globalización o, por el contrario, de un gobierno nacional que en la mayoría de los campos se encuentra ya con las manos atadas. ¿Más poder para Bruselas? Si se lo otorgamos democráticamente, ¿por qué no? Si elegimos democrática y directamente al presidente de la Comisión Europea y al presidente de Europa, ¿por qué no vamos a otorgar más soberanía a Europa? ¿Qué soberanía vamos a otorgar a unos políticos nacionales y autonómicos que no han sabido o no han podido resolver los problemas más elementales de España y que probablemente nunca más van a poder resolverlos por sí solos?

Se impone, por tanto, una Europa federal. Evidentemente, no todos los 27 países que están dentro de la Unión Europea quieren una Europa federal. Es lógico, algunos de ellos nunca lo han querido. Pero no sería lógico que los países contarios a la Europa federal pudieran impedir a los otros avanzar más deprisa. Los que quieran quedarse en un mercado común (common market), pues que sigan ahí, pero no pueden imponer su voluntad a los que quieren avanzar hacia la Europa federal. Es curioso que en este campo volvamos a oír las mismas voces que gritan “la Unión Europea se rompe”. Pues, no señor, la Unión Europea no se rompe, porque ya está rota en multitud de pequeños grupos. Una Europa llena de excepciones en la que cada Estado miembro puede elegir o rechazar lo que le parece, esta es la Unión Europa que tenemos actualmente, una Europa a la carta, y es necesario poner un poco de orden y de unidad, si la Unión Europea quiere enfrentarse con las mínimas garantías de éxito frente a los retos de la globalización. Una Europa de excepciones y de privilegios no es una Europa democrática, como tampoco es democrático un país lleno de privilegios, como España.

Europa a dos velocidades: La idea de Europa a dos o a varias velocidades no es nueva. Lanzada por Willy Brandt en el discurso que pronunció en París en 1974, y desarrollada después por Leo Tindemans en su informe sobre la Unión Europea (1975), fue defendida en su día con todo ahínco por el antiguo presidente de la Comisión Jacques Delors, como salida al atolladero en que se iba metiendo Europa.

 “No puede ser que cualquier Estado pueda detener a los demás estados en esa marcha hacia una unión cada vez más estrecha entre los europeos”, decía, más o menos en estos términos, Delors. No puede ser que la marcha la impongan los estados menos europeístas. Tiene que haber un núcleo duro que constituya el corazón de la Europa federal. Las palabras de Delors no fueron recogidas por ningún político, quizás porque desde entonces no hemos tenido en Europa ningún político de altos vuelos. Europa no avanzaba hacia la integración sino hacia la desunión. Así, dentro de este conglomerado amorfo de 27 países hay una multitud de pequeñas europas, de las que se han excluido voluntariamente casi siempre los mismos países y de todas ellas el Reino Unido. Tenemos la Europa de Schengen (el nombre viene de un pequeñito pueblo luxemburgués a las orillas del Mosela), es decir la Europa de la libre circulación de las personas, la Europa del euro, la Europa de lo social, la Europa del Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia, la Europa de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión… Cada día que pasa se va constituyendo un grupo diferente dentro de lo que con mayor propiedad deberíamos llamar Desunión Europea.

Willy Brandt se expresó más o menos en estos términos: la Comunidad Europea no saldrá debilitada sino más fortalecida porque haya unos estados que, dadas sus condiciones económicas, van tirando del carro de la integración, mientras que otros van siguiendo e integrándose en la medida de sus posibilidades.

¿Qué estados formarán el núcleo duro de la Unión, es decir, la Europa federal? Aunque todavía no está diseñado el mapa de esta Europa federal, parece ser que formarían parte de ella los países del euro, o casi todos los países del euro. Todos los demás países formarían la otra Europa, la Europa del mercado simplemente. Naturalmente los dos grupos quedarían abiertos para poder cambiar de uno a otro. Una Europa a dos o varias velocidades, siempre será más gobernable que una Europa a 27 velocidades. Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, en principio debemos saludar cualquier propuesta que busque sinceramente una solución a la crisis europea.

Aunque se solucione la crisis financiera, la Unión Europea tendrá que afrontar la crisis de la competitividad, la crisis de su modelo social, la crisis del paro, la crisis de su identidad. Serán necesarios cambios profundos en el ámbito político, como acaba de decir la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. Y para esto es necesario una Europa federal, que arroje el lastre de los países que actualmente son un freno a su marcha hacia la unidad. El camino, en el mejor de los casos, no ha hecho más que comenzar. La otra alternativa es el caos.

Félix de la Fuente es autor del libro Glosario jurídico-político de la Unión Europea