El trilema energético

   Olegario Ortega en La Voz de Bcn> 23/11/2011

La posesión de la energía, y más aún, del control de la misma, significa poder; pero el poder tiende a reproducirse y a concentrarse cada vez en menos detentadores, obviamente en detrimento de los que se excluye.  (Más información en ACTIVIDADES)

A pesar de las elecciones y de sus consecuencias, que tendremos ocasión de ir valorando, la vida sigue. Quiero centrar mi llamada de atención en la energía y su necesidad para que el mundo en que vivimos siga funcionando. Esto, que es absolutamente necesario, resulta que no es tan fácil, ni tan técnico, ni tan neutro en términos sociales o políticos. La posesión de la energía, y más aún, del control de la misma, significa poder; pero el poder tiende a reproducirse y a concentrarse cada vez en menos detentadores, obviamente en detrimento de los que se excluye.

Tendremos ocasión de conocer mucho más sobre el contenido de estos enunciados. Lo haremos de la mano de Mariano Marzo, Catedrático de Estratigrafía y profesor de Recursos Energéticos y Geología del Petróleo en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona, quién este mismo miércoles impartirá una conferencia, en La Sedeta de Barcelona, titulada: El trilema energético.

Hemos construido un mundo en el que la disponibilidad de energía es una demanda que no deja de crecer. Ni las políticas de ahorro, ni la utilización de energías renovables detienen ese crecimiento. La producción de esa energía, hoy por hoy, descansa en su mayor parte en combustibles fósiles, carbón, petróleo y gas. La energía de las centrales nucleares, al provenir de minerales radiactivos, aparte de otras limitaciones, también depende de recursos naturales finitos.

Es el petróleo el que proporciona la mayor parte de la energía que se consume. Ello se debe a su abundancia, economía y versatilidad. Pero ocurre que los países consumidores, los más industrializados, no disponen del petróleo ni del gas que exige su demanda, solo algunos logran abastecerse en parte.

Por esa razón, garantizarse la disponibilidad de petróleo en condiciones asequibles y seguras es una de las prioridades indeclinables de esas sociedades. La demanda creciente en los países industrializados y su necesidad de abastecerse del exterior implican dependencia energética, que crece y crece sin parar.

Por otra parte, la finitud de estas materias y la dificultad creciente en la extracción, acarrean pérdidas en la producción; pérdidas que se tienen que compensar con la búsqueda de nuevos yacimientos y con la mejora en las técnicas de extracción, transporte, destilación y distribución.

Sin embargo, las acciones encaminadas a aumentar la producción en proporción al aumento de la demanda tropiezan con una realidad que dice “no”. No hay perspectivas de nuevos yacimientos, ni de mejoras tecnológicas suficientes para saciar lo que la sociedad vigente exige. De este modo, abastecerse de petróleo se convierte en asunto clave de la política exterior. Estas condiciones generan, inevitablemente, alianzas, imposiciones y guerras.

Son bastantes los interrogantes que presenta la actualidad del mundo:

    ¿Las energías renovables permitirán sustituir el decrecimiento de las clásicas?

    ¿Es realmente una alternativa expandir la energía nuclear?

    ¿Cumplirá la fusión las expectativas de viabilidad, tiempo y suficiencia?

     ¿Seguirán los países productores haciendo posible un mundo industrializado sin freno en su voracidad?

     ¿Se acentuará el conflicto entre producir alimentos o biocombustibles?

    ¿Evitará el mundo industrializado el colapso medioambiental?

Demasiados interrogantes para mirar hacia delante sin preocupación. Parece que los conflictos están servidos.

Olegario Ortega es vicepresidente de Ágora Socialista y militante de UPyD

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